Epílogo

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TYLER

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TYLER

El sonido de las maletas siendo arrastradas por las baldosas, las voces amortiguadas en los altavoces y el repiqueteo contante de los pasos me dieron la bienvenida al llegar al aeropuerto. El cuerpo me pesaba y no se debía solo a la mochila que cargaba ni a la maleta que rodaba a mis espaldas. El peso de mis decisiones era inmenso y no estaba del todo seguro de haber elegido bien.

Detuve mi andar al llegar a la fila para el check-in y giré sobre mis pies para observar a mis acompañantes. Ethan llevaba unas gafas de sol cubriendo sus ojos y Elle estaba sujeta contra su pecho en un arnés que lucía incómodo.

—Gracias por traerme.

—Ha sido un placer, Ty. ¿Tienes todo lo necesario para el viaje?

Asentí con la cabeza y le dediqué una sonrisa que se quedó a medio camino, convirtiéndose en una mueca.

—No seas tan duro contigo —me aconsejóꟷ
—. Has hecho lo que crees correcto y eso es lo importante.

—¿Y si lo que creo está mal?

—En ese caso todavía tienes muchos años para arreglar tus errores. Tienes diecinueve años, si no metes la pata ahora, ¿cuándo lo harás?

—Es un buen consejo viniendo del hermano mayor de la chica que no me habla.

Ethan suspiró y se quitó los lentes para colocarlos en la cima de su cabeza. Sus ojos portaban unas profundas ojeras y se veía cansado, pero también feliz. No sabía si el cansancio se debía a su bebé de cinco meses o a Emma que se había refugiado en su piso y se negaba a salir hasta viajar a Chicago.

—Dale su tiempo y también date un tiempo a ti. Ella habría hecho lo mismo de estar en tu lugar y creo que eso es lo que más le pesa.

Despeiné mi cabello en un intento de calmar mi nerviosismo y frustración.

—Ella no habría tomado una decisión sin consultarla conmigo primero.

—Yo no estaría tan seguro de eso, Tyler. Si yo la hubiese llamado y pedido que corra a mi encuentro, no habrías podido verla partir.

Tragué con fuerza y me quité mis propios anteojos de sol. Sentía la mirada cansada, había dormido poco en los últimos días intentando solucionar todo. Había tenido que tramitar un pasaporte de manera exprés, realizar una mudanza hacia la casa de Robert para tener un lugar donde guardar mis cajas, rechazar una beca para un curso de verano a último momento y enviar un manuscrito a la editorial. Sin mencionar tratar con mi estúpido corazón que se sentía como una bomba a punto de explotar. Decir que había dormido más de unas pocas horas al día sería mucho, hubo noches que con suerte pude pegar un ojo.

—¿Cuánto crees que tardará en contestar mis llamadas?

—No lo sé, pero estaré trabajando a tu favor.

Posó una mano sobre mi hombro y le dio un ligero apretón que buscó reconfortarme.

—No te rindas con ella, por favor.

—Espero que decida que después de tres meses alejados, vale la pena tener una relación conmigo.

—Sí, ella te quiere y para Emma es difícil querer a alguien. No dejará de hacerlo en el corto plazo, tan solo no la escuches cuando te pida que dejes de molestarla. No lo dirá en serio, será su dolor hablando.

Me dedicó una sonrisa y en verdad sentí que no la merecía. No merecía su compañía ni entendimiento, cualquier otro hermano hubiese pateado mi trasero, en cambio, Ethan estaba abogando por mí.

—¿Me llamarás si le sucede algo?

—Por supuesto.

—¿Y le entregarás lo que te pedí? —pregunté casi con súplica.

—Claro.

—Gracias, Ethan.

—Eres casi de la familia y esto es lo que se hace por la familia.

Mi turno para entregar la maleta estaba cerca y supe que era el momento de despedirme de él y de la pequeña y dormilona Elle. Decirles adiós era volver real todo lo que había sucedido, era confirmar mis decisiones y no arrepentirme de ellas.

—Nos vemos en tres meses —dije como despedida.

—Nos vemos en tres meses o cuando desees volver.

—Tres meses —repetí—. Ella me pidió tres meses.

Me dio un corto abrazo de costado, intentando no aplastar a su hija y sentí unas ganas inexplicables de gritar cuando lo observé dar un paso atrás. Mantuve mi mirada posada en él mientras se alejaba hacia la entrada del aeropuerto, se perdía entre la marea de personas y finalmente desaparecía cerca de la puerta.

—¿Señor?

Volví mi mirada hacia la amable mujer que esperaba por mi maleta y tomé una bocanada de aire antes de dar un paso hacia delante.

Podía darle un tiempo a Emma. Podía brindarle un verano lejos de mí si eso era lo que ella quería.

Mi tarea era no flaquear, no presionarla de más y seguir el plan que había trazado.

Le aseguraría que estar conmigo no era una locura, que era capaz de quererla hasta que la respiración se me dificultara y que la elegiría primero si tenía que volver a decidir.

Yo quería a Emma. No, yo amaba a Emma. Y no planeaba dejar de hacerlo.

 Y no planeaba dejar de hacerlo

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Uno y medioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora