El inicio de todo...

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Mediados de 1940, nuevamente la codicia del ser humano ha guiado al mundo a una guerra sin sentido donde todos intentan justificar sus pecados. Debido a esta codicia y egoísmo, el mundo de las parcas nuevamente trabaja a marchas forzadas para mantener bajo control el número de almas a recolectar, no era la primera vez que lo hacían, la primera guerra mundial ya los había curtido para esta segunda guerra pero no los había curtido para lo que que se aproximaba. 

Los demonios habían hecho de las suyas en las primera guerra mundial, una que otra alma había caído en sus garras y desgraciadamente las parcas no pudieron hacer nada pero al menos se podría decir que esto era "natural", si un humano hacía un pacto con alguno de estos seres los shinigamis no tenían derecho a quitarle su comida. El problema era que en esta segunda guerra mundial los demonios estaban acechando todavía más a la humanidad no solo formando más contratos sino también empezando a arremeter contra los mismos dioses de la muerte para poder comer algo. Hubo un atentado muy fuerte en la sede shinigami de Polonia en la cual varias parcas terminaron muriendo por defender el almacén de récords, fue a partir de ese atentado que los shinigamis declararon formalmente la guerra a sus opuestos. 

Ya era 1944 y desde entonces todo se resumía en una frase : Mata o muere. 

-- P-Permiso, permiso, déjenme pasar -- Decía mientras empujaba con ligereza a cuanto shinigami se le atravesaba en el camino. La verdad no era por ser inoportuno pero la verdad es que ellos eran los invasores. 

Las parcas heridas en combate habían sido llevadas al sótano de la sede que antes funcionaba como la división forense, ahora era prácticamente como un pequeño hospital lleno de otros forenses haciendo de médicos y secretarias siendo enfermeras. Othello ya no tenía la misma privacidad ni espacio que antes para sus experimentos, a veces ni siquiera tenía tiempo, si acaso lo único que se conservaba en paz era el pequeño laboratorio que él usaba a veces como casa. 

Entró en el laboratorio y no puedo evitar suspirar un poco cansado antes de caer derrotado en su cama, había sido una jornada muy larga de casi 72 horas seguidas sin dormir y lo único que quería ahora dormir un poco en su pequeño colchón antes de que más heridos vengan.

-- ¿Puedo pasar? -- Escucha desde afuera de su puerta, Othello alza la mirada y después la vuelve a pegar a su almohada. 

-- Adelante -- Contesta sin mucho afán. Por el sutil ruido que esos pasos producen y el ligero trastabillar de los mismos ya sabe de quién se trata -- Alan kun ¿Sucede algo? ¿Tu ojo te sigue dando molestias? 

-- ¿Eh? No para nada, mi ojo ya esta mucho mejor -- Le contestó con una pequeña risilla al final. 

-- Es cierto, después de verte con un parche por dos semanas ahora siento que te falta -- Le dijo Othello mientras se levantaba perezosamente de su cama -- Entonces ¿me necesitan con los heridos otra vez? 

-- No nada de eso, básicamente yo solo vine a entregarte esto -- Alan sacó del interior de su saco un sobre o más bien una carta, Othello estaba muy sorprendido ante esto ya que nadie le escribía. 

Por un minuto pensó que se habían equivocado de forense pero esta teoría se fue a la basura al ver el sello con el que estaba cerrado el sobre: Era la figura de un águila con dos guadañas tradicionales cruzadas de fondo, era el escudo representativo de los dioses de la muerte que solo era usado por los superiores. 

-- Spears san me dijo que era urgente que te lo diera -- Alan miraba al forense mientras este leía la carta que contenía el sobre -- Othello san, ¿se puede saber de que es esa carta? 

-- ¿Spears san no te lo dijo? -- Alan negó -- Debe ser porque ni él tiene idea de lo que esto significa... 

Guardó la carta en el sobre otra vez y salió corriendo del laboratorio, de nuevo paso tuvo que pasar por el abarrotado salón pero esta vez empujando con más firmeza a las personas que se metieran en su camino. Subió fácil más de seis pisos por las escaleras sin siquiera detenerse a descansar un poco hasta llegar al último piso de la cede, recuperó un poco de su aliento y se detuvo frente a la gran puerta de madera que lo separaba a él de "La corte de la muerte", los shinigamis más viejos y prácticamente los fundadores de las reglas que regían su mundo. Como si esto no fuera lo suficientemente intimidante y sus nervios no lo hicieran sentirse algo indefenso, el crujir que se escuchó cuando la puerta finalmente se abrió solo hizo que se pusiera más nervioso de lo que estaba. 

Diagnosis: False ParasiteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora