-¿Y ahora que querrá?.-pregunto con molestia una chica mientras caminaba.
De cabello rojo y corto hasta sus hombros, piel clara, y ojos azules, vistiendo un top vino tinto con cuello en "v" cruzado que deja a la vista su abdomen, un pantalón corto negro que apenas cubre sus muslos, y zapatos deportivos negros de suela blanca, además de tener un piercing en el ombligo. La chica de aparentemente 15 años caminaba mientras susurraba cosas para si misma, se le veía molesta, pero a pesar de eso movía sus caderas de forma sugestiva para que muchos hombres la vieran, eso la hacía sentir bien... Después de media hora de caminata llegó a su destino, una pequeña casa de paredes blancas y sencilla, nada del otro mundo, se dirigió a la puerta y tocó tres veces.
-Un momento.-contesto una voz con molestia y abrió la puerta.
Un chico más o menos de su misma edad, de cabellera negra peinada hacia un lado y al final levantada como un copete y piel pálida, apareció por la puerta, llevaba un suéter de un lado blanco y del otro fucsia oscuro, pantalón negro ajustado, zapatos deportivos negros, y unos lentes oscuros que no dejaban ver sus ojos.
-¿Para que me llamaste?.-pregunto con molestia la pelirroja.-amor.-añadió secamente.
-Ah, eres tú.-contesto el chico y esbozó una pequeña sonrisa.-Claro claro, ven, vamos a la cocina, prepare algo por nuestro aniversario.
La expresión molesta de la chica no desapareció, lo vio de arriba a abajo y luego solo soltó un suspiro, tan rápido como lo hizo mostró una sonrisa de felicidad... Falsa, se dirigió a plantar un beso en los labios del chico pero este le dio la espalda y camino a la cocina diciendo "se enfriara la comida". Después de unos segundos la chica lo siguió, se veía confundida por su actitud, pero aún así detrás de él iba murmurando cosas que el chico no oía.
-Aquí.-indico el chico sacando una silla para que se sentará.
-Gracias.-dijo a secas y se sentó.
Sin decirse más nada el chico acercó la comida, un solo tazón para ella repleto de estofado de carne en su jugo, también le sirvió un poco de agua y se sentó delante de ella.
-¿Y tu comida?.-pregunto viéndolo.
-Oh, yo no comeré, esto es solo para ti.-respondió el chico sonriendo.
La chica lo vio con una ceja alzada, su novio siempre le hacía cosas lindas solo para ella, pero esto era un poco triste. No le dio más vueltas, si no quería comer era problema suyo, así que empezó a comer el estofado... Estaba bueno, delicioso, pero algo estaba mal, vio el rostro del chico buscando rastros de una expresión distinta pero seguía ahí, sonriendo como si nada. Solo se dedicó a comer bocado tras bocado, la carne estaba suave, el caldo era bueno y las verduras igual.
-Sabes, tener los lentes puestos durante la comida es de mala educación.-le replicó la chica viéndolo y metió la cucharilla en su boca sin ver.
Tras masticar sintió como algo fue aplastado por sus dientes y un sabor amargo horrible invadió su boca, rápido escupió a la mesa y ahí cayeron restos de un gusano, de la impresión cayó de su silla y cayó al piso.
-¿Que demonios Abel?.-grito la chica consternada viéndolo.
El chico suspiro y se puso de pie, tomo la cucharilla que la chica había tirado y el tazón, revolvió el fondo mientras la chica lo veía molesta y esperando respuestas. Unos cuantos gusanos más se deslizaron por el tazón y cayeron al piso, vivos, la chica casi reprimió un grito de asco y vio de forma iracunda a Abel, pero antes de que pudiera gritarle saco algo del tazón que le helo la sangre, en la cucharilla yacía algo redondo, dejando el tazón en la mesa el chico lo agarro con sus dedos, un ojo humano de iris marrón claro. Lo puso delante de uno de los cristales de sus lentes oscuro y movió a los lados para que pareciera que la veía de arriba a abajo.
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Los Kustermen
Ficção Científica"La realidad innegable de la humanidad es que: por más avanzada que esté siempre serán peor que cualquier cataclismo, en una simple palabra, monstruos" Hace 50 años o más una parte de la humanidad cambio, evolucionaron y lo que antes eran sueños de...
