Capítulo 6

10 2 0
                                    


Al acercarme a dónde estaba la multitud estaba teniendo arrepentimiento de la decisión que había tomado, justo cuando estaba por regresar el obeso Jey me dió un pequeño empujón para que prosiguiera.

Vi cómo se ponía de pie aquel hombre con su traje blanco y la fatal mancha de café. No conseguía donde colocarme para que las personas no notarán mi presencia.

Allí estaba una mujer que parecía apartada de todos los demás. "Excelente lugar" pensé.

Me coloque junto aquella mujer y el obeso Jey me siguió. La mujer no se inspeccionó con la mirada de arriba abajo. Esa mirada desorbitada me recordaba aquella mujer que se había sentado días anteriores a mi lado en el restaurante.
Ella estaba a punto de decirnos algo, Pero aquel hombre atrajo la atención de todos diciendo;

- Crecí con un hermano que quería parecerse a mi, quería ser como yo, quería seguir mis pasos, pero, si, siempre hay un pero, trate por todos los medios que se descubriera el mismo, que fuese el mismo. Pensé que se avergonzaría en un futuro por ser quien soy, pero no fue así - limpió lágrimas que rodaban por sus mejillas...

- Me acepto entendiendo y haciéndome entender que mi diferencia me hacia único. Mis pequeños sobrinos me brindaron lo mejor de ellos, haciéndome sentir importante, haciéndome sentir lo que se siente al ser padre, compartían conmigo de una manera única como solo ellos sabían hacer, ellos dos se hicieron tan fuertes el uno al otro que nadie podría destruirlos - aquel hombre estaba verdaderamente destrozado y lloraba desconsoladamente.

Alzo su mirada hacia nosotros y dijo - Pero Susan, tu... Tu fuiste parte importante en mi vida también y no te culpo por lo que paso, al fin de cuentas se que fue un accidente, un terrible accidente - se refería la mujer que teníamos al lado, quería que la tierra se abriera y me tragase...  Supuse junto a  mi entender, que ella era la causante de tal tragedia.

El hombre continuó diciendo - Ellos te amaban, Yeinz siempre le hablaba de ti a los niños antes de dormir, decía que volverían a estar juntos y que todo esto pasaría, que aunque estuviera herido su amor por ti seguía tan fuerte como cuando te conoció -

Aquel hombre se acercó a nosotros y abriéndose pasó entre el obeso Jay y yo, abrazó a aquella mujer diciéndole - Tus ángeles no murieron, los ángeles duermen - 

Me parecía que ya había tenido suficiente y que no debería estar en aquel lugar, éramos dos intrusos en un lugar donde había mucho dolor, eso me recordaba inéditamente a mí Nathaniel.

Bajé la mirada y comencé a caminar para salir de aquel lugar en el cual era obviamente que no estaba cómodo, estaba presenciando un dolor que no era mío, pero que las palabras de aquel hombre me hicieron sentirlo como si fuese mío.

Caminaba pensando en qué hubiese dicho aquellas pocas personas que conocíamos, en honor a Nathaniel. Pero una frase de aquel hombre con la mancha de café se me había quedado estampada en mi memoria;

"Tu fuiste parte importante en mi vida también y no te culpo por lo que paso, al fin de cuentas se que fue un accidente, un terrible accidente"

Había estado encerrado en mi propio dolor, y jamás me pregunté ¿Qué hubiese sentido Gloria?, la frase de aquel hombre fue una revelación para mi vida.

Yo sabía que todo había sido un accidente, en el cual Gloria no pudo hacer nada al respecto, para proteger a Nathaniel.

- ¿Qué hacen ustedes dos en este lugar? - preguntó aquella voz de mujer que tanta paz me traía.

El obeso Jey sólo se despidió rápidamente y desapareció muy cómicamente tratando de correr, fue algo muy gracioso de ver, se veía tan patético que sentí lástima por el, haciendo que mis ojos se humedecieran un poco.

- Creo que usted va a tener que responder a mi pregunta - dijo la doctora Melany tratando de elevar la voz para que yo la escuchará.

Seque algunas lágrimas que estaban por asomarse, respire profundo y dije - sólo caminábamos por el lugar y tropezamos con... - y si un silencio y me pregunté porque le daba explicaciones a la doctora, no tenía porque hacerlo.

- ¿tropezaron con? - preguntó intrigada la doctora.

- ¿Qué hace usted acá? - le respondí con otra pregunta.

- Los vi haciéndole compañía a Susan Hoffman, no sabía que se conocían -

- ¿Se refiere usted aquella mujer desolada?, No no la conozco sólo buscaba alguien y al verme entre tantas personas, traté de colocarme en un lugar donde no me vieran, pero creo que el destino me jugó sucio -

La doctora sólo me miraba tratando de descifrar sí decía la verdad.

Mire a ambos lados, ya que había un silencio muy incómodo y comencé a dar pasos hacia atrás, diciéndole adiós con mi mano y alejándome poco a poco.

Caminaba por la ciudad sin rumbo, como solía hacerlo desde que estaba solo, mis pies comenzaron a doler y decidí parar y tomar asiento.

Había un café en una esquina con mesas fuera del establecimiento, sólo tomé una mesa y ordene un capuchino (Soy un adicto al café).
Aquel lugar era mágico, podías ver cómo adultos y jóvenes disfrutaban de cualquier tipo de café, una amena charla o la lectura.

Trataba de concentrarme en disfrutar mi deliciosa bebida caliente, pero el llanto de un bebé me torturaba.

Comencé a buscar un lugar de donde proviniera el llanto de aquel bebé, ninguna de las personas presentes parecían darle importancia.
Me aterraba de que fuese mi mente jugándome una mala broma.

A tres mesas de distancia pude observar una carreola, allí había una mujer que luchaba con un pequeño bolso. Al parecer trataba de buscar el biberón de aquel bebé.

No pude evitar recordar cuando pasaba esa etapa, Nathaniel tenía meses de nacido y decidí sacarlo al parque. El día era maravilloso, estaba despejado y los colores se podían observar con una nitidez increíble.
Luego de estar un tiempo con él, comenzó a llorar desesperadamente, trataba de calmarlo pero no lo logré. una joven que pasaba por mi lado me recomendó darle de comer, y vaya, cuánta razón tenía.

Salí de mis recuerdos porque todos comenzaban a murmurar algo. Las personas parecían ver horrorizadas un acontecimiento.

Las personas simplemente se levantaban de sus sillas y algunos sacaban los celulares para grabar la calle del frente.

Buscaba aquello que llamó la atención de todos, me asombré al ver un joven que estaba de pie en la cima de un edificio de tres niveles.

Algo en mí cambio completamente y mis sentidos se agudizaron.
Me levanté corriendo de aquel lugar, crucé la calle sin mirar a los lados y comencé a subir desesperadamente al último nivel.

La puerta de aquel apartamento estaba abierta, todo estaba desorganizado, como si un huracán hubiese pasado solamente en ese apartamento.
Al mirar pude notar aquel joven de pie a punto de lanzarse al vacío, tenía una soga amarrada a su cuello y el otro extremo a la lámpara de techo.

Corrí hacia el brincando por encima de un mueble que estaba en medio de la sala boca arriba, y lo sujete por su franela, jalandolo hacia mí.

Caímos los dos al suelo, lo abracé con muchas fuerzas y él sólo forcejeaba conmigo para tratar de zafarse.

- Tranquilo, está todo bien, deja de luchar - le decía para calmarlo un poco.

Él sólo gritaba que lo soltará, y de un momento a otro dejó de forcejear para simplemente llorar amargamente.

Ángel CaídoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora