Afloja las esposas

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— Oye oye oye oye... — el rubio no dijo nada por unos segundos — oye

— ¿QUE QUIERES? — grito el guardia que vigilaba las celdas. El "rubio idiota", (como le decía el) no cerraba la boca ni un solo segundo y ya lo tenía hostigado.

— Ya te dije, quiero que aflojes las esposas. Así de apretadas no puedo follar bien a mi Ei-chan

— Si, justo por eso te las apretamos. Ustedes dos son muy ruidosos y me hacen sentir que mi vida sexual apesta

— Si quieres puedes unirte — miro a Eiji que estaba sentado en la parte superior de la litera con cara de perrito pidiendo un dulce y este solo todo los ojos. Ash lo hacía por molestar al pelinegro, porque en realidad odiaba los tríos. Cuando por su cabeza pasaban las veces que alguien más puso las manos sobre su adorado novio, una enormes ganas de asesinar invadían su ser.

— Soy hetero

— Típico de Capricornio

Habían pasado ya cuatro años y en unos meses ambos serían liberados por buen comportamiento.

Al principio ambos fueron puestos en celdas diferentes, pero hicieron una petición de ser puestos en la misma, aunque estuvieran con otras personas.
El director del reclusorio no le vio ningún problema a esto. El verdadero problema empezó cuando juntaron a estos dos y por las noches no dejaban dormir a nadie con sus sonidos lascivos, excesivamente ruidosos. Por esta razón los volvieron a separar pero fue una peor idea, ya que se gritaban entre si palabras sucias mientras se masturbaban.

Llegaron a ser muy odiados por los demás, pero nadie se atrevía a enfrentar a Ash y quiénes lo intentaban acababan con una buena fractura. A Eiji no le hacían nada porque después de todo es alguien agradable cuando no está de ruidoso con Ash.

Al final decidieron volver a juntarlos porque era mejor escuchar el constante aplauso de partes íntimas que escuchar como el rubio le gritaba al pelinegro el como iba a poner su culo en la mañana que todos iban a las duchas. Eso explicaba el porque siempre salían de último.

El cabello de Eiji había crecido tanto que ahora tenía que atarlo en una coleta, cosa que le encantaba a Ash porque en todo el tiempo que tenían libres, el rubio hacía trenzas en su cabello y practicaba diferentes peinados.
Ash termino de desarrollarse corporalmente y ahora se miraba más fornido y no todo escuálido como en la adolescencia.

El tiempo en la cárcel no fue malo, estuvieron mucho tiempo juntos sin ninguna preocupación, pero el día que serían puestos en libertad llegó.

Blanca fue a el encuentro y los recibió con un fuerte abrazo.

Los tres se subieron al auto. Se dirigían hacia el apartamento de Blanca, ya que el de ellos se perdió en aquel terremoto y apenas lo estaban terminando de reconstruir.

Blanca vio a través del retrovisor como ambos iban viendo hacia fuera, pues en 4 años la ciudad puede cambiar mucho, pero necesitaba romper el silencio — Oigan, hay algo que quiero decirles pero quiero que se lo tomen con calma

— Claro, dilo — dijo Eiji aún viendo la ventana.

— Pudieron haber derrotado al demonio con solo haber ido a la iglesia y ser bendecidos por un sacerdote

Afloja El Hoyo [TERMINADA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora