Capitulo 11

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Tan pronto como deposité a Seiya en su cama intenté regresar a la sala para evitar alguna situación mayor entre Serena y Michiru, pero por fortuna, esta última ya se encontraba en el segundo piso de la casa y a punto de entrar a nuestra habitación después de dirigirme una mirada penetrante y  un semblante muy molesto.

Sin prestarle más atención al berrinche de mi novia, me dirigí hacia la cocina con el pretexto de tomar un vaso de agua, pero en realidad solo deseaba saber cómo se encontraba la chica que aún sin ser completamente consciente, me causaba preocupaciones.

Rápidamente baje la escalera que me llevaba a la planta baja, y tratando de aparentar la mayor de las calmas me dirigí a mi destino, aunque muy disimuladamente dirigía mi mirada a todos los rincones para intentar localizar a Serena.

Para mi buena suerte ella se encontraba a un costado del refrigerador, intentando servirse un poco de leche fría. Por unos segundos la miré fijamente tratando de que no se percatara de mi presencia, pero no pude contenerme más cuando presté atención a su brazo. Tenía unas marcas rojas y un tanto amoratadas, estaba justo donde hace unos instantes Seiya le había aplicado su fuerza bruta; ahora sabía el origen real de esas lesiones, Serena no podía seguir fingiendo que habían sido accidentales.

—¿Desde cuándo te hace esto?— mi pregunta la tomó por sorpresa, tanto que producto del susto derramó la caja de leche que sostenía en sus manos.

—Darien ¿Que haces aquí? Pensé que ya estarías en tu habitación— como las últimas veces, ella hacia todo lo posible por cambiar el rumbo de está conversación.

—¡Respóndeme! ¿Por qué dejas que te haga esto?— le dije sujetando su brazo y señalando las agresiones.

—Darien, eso es algo que no te importa— ella intentaba darle un tono de molestia a su voz, pero su mirada cristalina dirigida hacia el suelo la delataba por completo.

—¡Desde luego que me importa!— ante mis palabras, ella cambió su semblante y unas lágrimas de desesperación inundaron sus rostro mientras un impulso la orilló a abalanzarse sobre mi suplicando un abrazo que la pudiera reconfortar, y que desde luego yo estaba deseoso de darle.

—Darien... No puedo... No puedo alejarme de Seiya— lo había logrado, por fin ella estaba expresando lo que guardaba muy en su interior —me tiene atrapada, si él muestra lo que tiene arruinara mi vida por completo— realmente pensé que no podía haber algo peor, pero ahora me estaba enterando de que además de violencia en su relación también había chantaje.

—¿De qué estás hablando? ¿Que es eso que Seiya tiene? Dime, puedes confiar en mí — le hablé cálidamente esperando su respuesta.

—Hace algún tiempo el y yo...— justo cuando estaba a punto de contarme se escuchó la voz de mi molesto hermano llamarla por su nombre.

—¡Serena! ¡Serena!— creo que el efecto de mi golpe no había durado mucho tiempo.

—¡Es Seiya!— decía Serena con un poco de sobresalto —será mejor que vaya a la habitación.

—¡No digas eso ni de broma! ¿Acaso no viste como estaba? Tenía una fuerte borrachera, no es conveniente que duermas con él— estaba seguro de que en el estado en el que Seiya se encontraba y con lo que había sucedido hace unos momentos Serena no estaría a salvo a lado de él.

—No te preocupes Darien, estaré bien— me dijo mientras se retiraba de mi lado y se limpiaba las lágrimas para atender el llamado del engreído de mi hermano.

—¡Espera!— interrumpí su camino sosteniéndola de la mano —solo esta noche Serena, solo por hoy, quédate en cualquier otra habitación— tenía un inmenso deseo de protegerla, pero si ella no pedía ayuda yo no podía actuar. Era ella quien debía dar el primer paso, hasta que no tocara fondo no aceptaría el auxilio de nadie, así que por lo pronto, mi misión era mantenerla a salvo mientras estuviera cerca de ella.

Por fortuna decidió aceptar mi sugerencia y ambos nos dirigimos a nuestras habitaciones correspondientes. Estaba más que seguro que dentro me encontraría a una Michiru estallando de furia, pero eso era lo de menos en este momento, para mí, lo más importante era el bienestar de Serena —¿Me haces un último favor?— le dije antes de verla entrar a su alcoba.

—Si, dime.

—¿Podrías poner el seguro de tu cerradura?— ante esa petición ella nuevamente se desconcertó un poco.

—No veo con que finalidad.

—¡Quiero dormir tranquilo!— le respondí con una sonrisa intentando que sonara como una broma, aunque era verdad lo que le decía, no podría conciliar el sueño pensando que Seiya iría a buscarla en cualquier momento.

—¡Gracias Darien!— nuevamente me abrazó —Duerme tranquilo, cerraré con seguro— me dijo para finalmente dirigirse a descansar.

Mi primer día de trabajo en el hospital había pasado sin novedades, pero en casa se había armado un gran lío, lo mejor era disponerme a descansar también, aunque antes tenía que lidiar con el arranque de celos de Michiru.

—¡Vaya! Pensé que nunca vendrías a dormir— Michiru me habló muy molesta en cuanto entré a la alcoba.

—¡Y yo pensé que confiabas en mi!— fue lo único que pude decirle.

—Confío en ti, pero no en ella. Esa mujercita con cara de tonta sufrida sólo se hace la víctima para llamar tu atención— vaya que estaba molesta, era la primera vez en todo el tiempo que llevábamos de relación que elevaba de esa forma su voz frente mí.

—¿Acaso estás celosa?— le dije acercándome un poco hacia ella esperando que el contacto físico entre ambos redujera su estado emocional.

—¿Celosa? ¡No seas ridículo!— por fin mi fierecilla estaba cediendo.

—Creí que no tenias motivos para desconfiar de mi ¿Que paso ahora?— le recordé las palabras que ella misma había expresado anteriormente.

—Darien, nunca tuve motivos para desconfiar de ti, pero ella siente algo por ti, de eso no hay duda— eso sí que me había dejado sorprendido.

—¿Cómo sabes eso?— le pregunté con gran curiosidad.

—Ella misma me lo dijo, y al verlos ahí, tan cerca uno del otro y en una situación un tanto comprometedora me llene de rabia— así que esa era la famosa plática que habían sostenido las dos mujeres jóvenes de esta casa.

—Michiru ¿Cómo pudiste pensar tantas tonterías?— en ese momento la barrera de la separación se rompió y la abracé para darle la tranquilidad que necesitaba.

—¡Lo siento Darien! Es solo que... Bueno... Ella fue tu amor de juventud, y prácticamente es el motivo por el que nos quedamos en esta ciudad, así que pensé que tal vez aún te sentías atraído por ella.

—Michiru, solo deseo ayudarla, tú misma viste como se comporta Seiya con ella. En cuanto todo esto se solucione regresaremos a Londres ¡Te lo prometo!— necesitaba que Michiru confiara en mí, así que le dije exactamente lo que ella quería escuchar, ya que no podía decirle lo que realmente sentía. De hecho, ni yo mismo sabía que era lo que sentía, definitivamente ers algo que ni a mí mismo me quedaba claro.

¿Que estaba pasando por mi mente? ¿Que era está extraña sensación que me hacía sentir incómodo?

Creo que estaba comenzando una lucha interna entre mi razón y mi corazón.

La novia de mi hermanoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora