Después de esa presentación entre la chica que durante mucho tiempo había sido mi eterno tormento y mi actual novia, Serena guardó un completo silencio. Solo se limitó a saludar con un semblante de sorpresa y de inquietud que no podía pasar desapercibido, pero si ese momento ya había sido un poco incómodo, lo que vendría a continuación sería todavía peor.
Seiya hacia su aparición en los funerales de mi padre, como siempre, al ver a Serena cerca de mi él corrió al acecho, sin siquiera notar la presencia de Michiru.
—Darien, ¡que bueno que has vuelto! Es una verdadera lástima que el motivo que te hizo regresar haya sido el deceso de papá— no se si fue mi imaginación o esas palabras llevaban un elevado toque de ironía.
—¿Tu qué haces aquí con el? Deberías estar acompañando a mi madre— Seiya le lanzó esas palabras cargadas de autoridad a Serena muy disimuladamente en medio de un susurro que se acompañó por un ligero apretón en el brazo.
—Bueno Seiya, en realidad yo no estaba con él, no a solas— Serena de repente se había llenado de unos inmensos nervios, y su mirada denotaba algo de temor.
—Es verdad Seiya, no estamos solos— mi primera reacción fue librar a Serena de la actitud negativa de mi hermano —Ella es Michiru, mi novia— en ese momento, Seiya por fin notó a mi hermosa y refinada acompañante, pero como era de esperarse, de inmediato salió a flote su lado casanova, y así, sin importarle la presencia de Serena comenzó a ser un poco sugerente con Michiru. Afortunadamente ella conocía por mis relatos algunas actitudes de mi hermano y supo presisamente cómo actuar.
—¡Hola hermosa! ¿Que hace alguien tan bella como tú a lado de alguien tan deprimente como mi Darien?— esa misma pregunta le había hecho Seiya a Serena hace años. No sé de que me sorprendía si después de todo esa era su táctica de conquista.
—¿Deprimente? Deprimente es ver a un joven atacando a su hermano, eso sí que es triste— Michiru dentro de su característica elocuencia con esa frase había logrado darle un golpe bajo al crecido ego de mi hermano —por otro lado, yo no encuentro a Darién deprimente, para mí es un hombre respetable, respetuoso, seguro de si mismo y de lo que desea en la vida, y por supuesto, un gran médico. Así que deprimente o no, para mí es el hombre perfecto, lo amo con sus virtudes y defectos— Michiru había defendido mi persona con una gran confianza en si misma y con esa inmensa tranquilidad que la caracterizaba, sin lugar a dudas mi hermano estaba boquiabierto. No podía creer que yo tuviera a una mujer así a mi lado, pero para mí sorpresa no era el único sorprendido, pues Serena se encontraba en la misma situación, impactada ante aquella hermosa e inteligente mujer que se había vuelto la compañera de mi vida.
Algunos días pasaron desde la despedida de mi padre, y tanto Michiru como yo decidimos pasar los días de licencia que nos quedaban en casa de mi madre, aunque para ser sinceros no quería regresar a Londres. Mi hermano era un completo insensible y no quería que mi madre se sintiera sola u olvidada, y si lo pensaba bien, estaba seguro de que el solo hecho de pensar en mi regreso la pondría aún más triste de lo que ya estaba.
—¿En qué piensas amor?— estaba recostado sobre la cama y tan concentrado en mis pensamientos que ni siquiera noté que Michiru ya se encontraba sentada y de rodillas sobre mi pelvis. Estaba envuelta en un traslúcido baby solo en un tono azul aquamarino que la hacía lucir su perfecta figura.
—Dime ¿En qué estás pensando?— mi piel se erizó por completo cuando ella susurró muy seductoramente esa frase en mi oído y suavemente mordisqueaba uno de mis lóbulos. Estaba duro, realmente siempre lo estaba para ella, era imposible no reaccionar ante la escultural mujer con la que había iniciado mi vida sexual. Cada beso, cada caricia, cada palabra suya provocaban en mi una y mil sensaciones, y es que después de algunos años de relación y viviendo juntos era lógico que hubiéramos tenido no uno, sino incontables encuentros íntimos, pero ninguno igual. En cada ocasión había algo nuevo, algún juego, alguna fantasía que cumplir, y es que ella me complementaba perfectamente en el ámbito del placer. Si no hubiera sido por Michiru jamás me hubiera imaginado que esté lado pasional existía en mi ser. Definitivamente era toda una diosa en las cuestiones carnales.
—¿Me vas a decir en que piensas?— esa forma tan sensual de hablarme mientras sus suaves y delicadas manos recorrían mi torso descubierto unido a su respiración entrecortada me excitaba aún más, así que me dejé llevar por lo que mi cuerpo exigía.
—En nada, solo en ti— le respondí mientras una guerra de besos, caricias y pasión comenzaba en nuestra cama, en esa cama que me cobijó durante mi adolescencia y que ahora era testigo de todo lo que Michiru y yo compartíamos en cuerpo y alma.
No había nada que me importará en este momento, ni nada que me preocupara, de hecho, ni siquiera el riesgo de que Michiru quedará embarazada era algo en lo que yo pensara. Cuando comenzamos nuestra vida de pareja formal ambos decidimos que sería buena idea esperar un poco, ambos somos jóvenes, con futuros prometedores, y el tener un hijo no nos hecharia a perder la vida, de hecho la idea me agrada, es solo que ambos queremos estar seguros y sobretodo preparados física, psicológica y económicamente para cuándo el momento llegue.
De pronto, Michiru colocó sus manos sobre mi pecho para apoyarse y arqueó su cuerpo hacia atrás, se nota que estaba disfrutando, y yo desde luego que me sentía en la nubes, era exquisita. En ese momento comprendi que ninguno de los dos podía resistirse más, así que con mis brazos la rodeé fuerte y protectoramente a la vez para dar paso al final de nuestro delicioso encuentro. Ella sujeto fuerte mi espalda y muy ligeramente enterraba sus afiladas uñas en mi espalda para dar un último gemido en el que ambos habíamos experimentado la más placentera sensación. Después de eso, ambos quedamos recostados sobre la cama, fatigados pero contentos, platicando de algunas cosas sin sentido hasta que Michiru sujetó mi brazo y se acurrucó en él con una mirada tierna —¿Me abrazas Darién? ¿Si?
No sabia que estaba pasando, pero al dirigir mi mirada hacia el rostro de Michiru no fue presisamente a ella a quien vi, sino a Serena, y es que esa misma actitud la había visto en ella tantas veces, pero desde luego dirigida hacia Seiya.
—Darien. Darién. ¿Estás ahí?— nuevamente Michiru habló pero esta vez para sacarme de mi extraño y absurdo pensamiento..
—¡Claro que te abrazo!— y la recargue sobre mi pecho de forma tierna y protectora. Sinceramente no sé que fue eso ¿Acabo de hacerle el amor a la mujer más sensual del mundo y de repente Serena está en mi mente? Por un momento me pregunté dentro de mi mente —¿Seiya y ella ya habrán estado juntos en la intimidad?— Aunque sabia la respuesta. Llevaban bastante tiempo de relación, así que lo más lógico es que entre ellos hubiera pasado algo —¿Que diablos estoy pensando?
—¿Escuchaste eso amor? Creo que fue en la cocina— las palabras de Michiru y el sonido de un cristal rompiéndose me hicieron regresar a la realidad una vez más.
—Por supuesto que lo escuché, iré a revisar, ya es tarde y está oscuro, mi madre pudo haber sufrido un accidente— tome mi bata, me cubrí y me dispuse a salir. Cual sería mi sorpresa cuando al llegar a la cocina me encontré con Serena que recogía los pedazos rotos de un vaso.
—Serena ¿Que estás haciendo aquí?— era la mitad de la madrugada, no era lógico ver a Serena en esta casa y a esa hora.
—Bueno... Yo... Vivo aquí desde hace seis meses. Vine a vivir con Seiya, es solo que desde que tú regresaste no salgo de la habitación— ¿Que era lo que había dicho? ¿Vivía con mi hermano? Eso realmente me sorprendió, pero lo que en ese momento me preocupó fue su actitud. Estaba un tanto nerviosa y sus ojos parecían haber llorado.
—Serena ¿Está todo bien?— le dije mientras sujetaba su brazo queriendo captar su atención.
—¡Ay!— ella soltó un ligero quejido gracias al que de inmediato la solté. Estaba oscuro, pero la ligera luz de una lámpara nocturna me dejó ver qué en su brazo había algunos moretones.
—¿Que te pasó Serena?— le cuestioné preocupado por lo que había visto.
—Nada, solo fue un pequeño accidente— sin proponermelo yo acababa de ser testigo de el primero de los muchos de los "accidentes" que le sucederían en un futuro.
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La novia de mi hermano
Fanfiction¿Triunfará la lealtad entre hermanos o el amor verdadero? Acompáñenme a averiguarlo...
