Chapter 8

2.9K 566 183
                                        

Yeonjun era fan de Paramore.

El tipo de fan intenso, como yo lo era con Madonna.

—Siempre que siento algo muy fuerte, una emoción, recurro a una de sus canciones, es como si ellos hubieran escrito todo lo que está por ocurrir en mi vida.

Eso fue lo que me dijo luego de enseñarme la letra de Last Hope, una canción hermosa y sumamente triste, una manera particular de tristeza.

Fue compatible con Yeonjun. Él no era emociones concretas, él era contradictorio, y en su simpleza estaba su encanto.

—Tienen una manera de interpretar muy especial —comentó después— parece que rugen; la guitarra, el bajo, la batería. Tienen un lenguaje propio, a veces dialogan con ironía. Hayley tiene una de esas voces que nacieron para ser escuchadas, para decir lo correcto.

"Nacer para decir lo correcto" repitió mi cabeza.

Yo merodeaba por la estación de metro —nuestra— pateando una piedra a cortas distancias mientras lo escuchaba hablar. Me preguntaba qué significaba eso.

Si habían voces que nacieron para ser escuchadas, otras nacieron para no serlo nunca. Como la mía.

Él no se refería a eso, yo lo sabía, pero me deprimí a pesar de la conciencia.

—Ella tiene tantas cosas para contar, y lo hace de la mejor manera. No da consejos sobre moralidad, no se victimiza, simplemente te cuenta algo, sin importar si es demasiado doloroso. No es para sacarte una lágrima fácil. Retrata el mundo.

Vaya que Yeonjun la adoraba. No podía evitar tenerle algo de envidia a Hayley Williams por ser tan talentosa, y por ser exactamente el tipo de persona que Yeonjun admiraba, el tipo de persona que yo no era.

Yo estaba ocupado siendo débil, y él preguntó—: ¿No quieres bailar hoy?

Dejé la piedra en paz, ya estaba empezando a patearla con más fuerza de la necesaria. Asentí, esperando que pusiera cualquier cosa.

Sonó una canción de Paramore que yo si conocía, que todo el mundo debería conocer: Misery Business.

—Te mentí, creo que no todas sus canciones son tan profundas —me sonrió, esperando.

Al principio no pude moverme, todo el primer verso sentí la melodía recorrer mi cuerpo de la planta de los pies hasta mi coronilla.

La batería se volvió adictiva, y mis pies tuvieron que seguirla, estallando con pisotones en el coro. Toqué mi guitarra imaginaria, fingiendo ser Hayley en su mejor momento, como si llevara un mullet naranja. Fui esa persona que obtenía lo que quería, ese personaje de la canción que se jactaba de tener algo que otra persona perdió.

Pero en el puente, cuando fue momento del «so good» más melódico, acorralé a Yeonjun en la banca usando mis brazos, interpretando junto a él el coro. Él cantaba, yo saltaba. Y antes de que la canción acabara, golpeé el espaldar del banco en el último bit.

La canción cambió a otra, pero no le presté atención porque Yeonjun tiró de mis caderas y me sentó sobre su regazo, robándome hasta el último aliento en un beso imprevisto, igual de placentero que los demás que nos dimos los últimos días.

La adrenalina de la canción todavía estaba en mi, y mi boca fue quien tomó el control, compensando mi poca experiencia con entusiasmo.

Me lo estaba comiendo prácticamente. Sus labios hechos con el propósito de ser besados.

—G-gyu... —trató de decir en medio de mi arrebato, acunando mis mejillas con sus manos para alejarme—. Vas a matarme de un ataque al corazón, espera.

Le dejé respirar. Para cuando estuvo del todo recuperado, yo estaba empezando a aclarar mi mente y a sentirme avergonzado de mis voraces acciones.

—Creo que no se necesita una voz para rugir —bromeó, apretando mis mejillas sonrojadas entre sus dedos—. Quien lo diría, solo hace falta poner la canción correcta para que tu mood cambie completamente.

En efecto, así es como yo funcionaba.

La razón por la que siempre estaba escuchando música, es que rellenaba los huecos que mi propia voz no podía. Lo descubrí justo antes de decidir callarme, y seguía funcionando siempre como un detonante para encender mi pasión.

La música era mi único motor, mi único lenguaje. Aunque yo no fuera un músico, un bailarín, o actor. Yo era yo, convirtiendo el recurso de otro en mis propias cartas, a mi manera.

Le estaba dando a Yeonjun un arma para controlarme. Pero eso no me preocupaba, porque si él conocía las canciones que yo podía interpretar, entonces también era, irónicamente, la única persona en la que podía confiar.

Amado silencio. | yeongyuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora