"Lo dificil de decidir"

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Carla caminaba de un lado a otro, mientras las palabras de Teo seguían repitiéndose una y otra vez en su cabeza. Erick estaba siguiéndola con la mirada sin saber en que momento exacto intervenir o cómo ayudarla.

La había convencido a que subiera con él a su piso, pero con motivos totalmente diferentes por los que se lo había propuesto al comienzo. Su idea en ese instante era simplemente darle un lugar seguro para lo que fuera que le sucedía, ya que aún no sabía que era lo que había hablado con su padre al teléfono. Lo único que tenia claro era que la había dejado conmocionada así que sospechaba que no podía ser una buena noticia.

Luego de varias idas y venidas, de pronto Carla se detuvo y se quedó contemplando la vista que tenía desde esa ventana y se quedó sorprendida, pues era literalmente algo espectacular. Se podían ver todos los edificios iluminados de ese lado de la ciudad, sobre ellos los cubría el cielo negro con la luna menguante difuminada por una pequeña nube que justo en ese momento la atravesaba. A lo lejos se podía ver la bahía y a un costado el borde del río Yarra encendido por las pequeñas luces del alumbrado. Era una imagen perfecta, un lugar donde podía perderse, pero el eco de las ultimas palabras de Teo eran demasiado fuertes para acallarlas.

"Los médicos no saben si sobrevivirá.... debes estar aquí".

Era su madre, de la mujer que le había dado la vida, la que estaba al borde de muerte, o eso era lo que le había dicho su padre. En esos momentos comenzó a odiar aún más el no poder confiar en él, pues la duda de que si aquellas palabras eran tan reales como parecían, la hacían sentirse peor.

-¿Qué clase de hija duda que su madre está mal?- se preguntaba sin cesar.

-La que fue usada como un objeto de cambio- se respondió con pesar.

Se abrazó a sí misma, mientras intentaba desmarañar sus ideas y emociones que se agolpaban una tras otras. El miedo, el dolor, la angustia, las dudas, la rabia, junto a las preguntas sobre qué debía hacer, qué decisión debía tomar,  y así todo se mezclaba de manera confusa, una y otra vez.

-¿Un café?- ofreció Erick con cautela acercándole una pequeña taza de aquella bebida negra recién hecha que podría ayudarle.

Carla al escuchar esa pregunta sintió como su mente aterrizaba a su cuerpo y se hacía presente en la realidad en la que estaba, comprendiendo finalmente donde se encontraba. Miró a su alrededor, estaba en un piso demasiado pulcro, brillante y perfecto, que combinaba bastante bien con la sonrisa de él, aunque en ese momento Erick no la tenía en su rostro, y se preguntó por qué y en qué momento había aceptado subir.

Al verlo con esa mirada preocupada y comprensiva hacia ella, Carla comenzó a recriminarse el haber dejado que él la viera así. No quería y no necesitaba que Erick la conociera en esa faceta.

Se recompuso tanto como pudo, irguió su espalda, levantó el mentón y sus ojos se volvieron fríos como el hielo. Su coraza estaba levantada y Erick lo pudo detectar.

-No, gracias, creo que es mejor que me vaya- le respondió tratando de buscar su bolso. Ni siquiera recordaba habérselo quitado.

-Déjame por lo menos ir a dejarte- pidió él al ver la determinación de la rubia por salir de ahí.

-No es necesario, puedo pedir un coche- le respondió intentando desbloquear su móvil.

-Conduzco bien, por favor, sólo así me quedaré tranquilo- volvió a insistir y Carla se rindió.

En ese momento no tenía energías para discutir sobre eso. Le valía lo mismo que condujera un extraño o él, sólo quería llegar a su casa y pensar en lo mejor que podría hacer.

El hilo rojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora