"Un hueco en el alma"

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Carla llevaba más de tres horas dándose vueltas en la cama. Luego de salir de la comisaría se había enfrentado al dilema sobre lo que debía hacer, y bajo la lluvia, sintiendo que finalmente una de las tantas rocas que llevaba consigo se había liberado, se detuvo a pensar en su siguiente paso. En primera instancia tuvo la idea de tomar un avión y retornar a Melbourne, cumpliendo así su plan original, sin embargo algo la detenía, aún no podía dejar Madrid. Una segunda opción que rondaba con fuerzas en su interior era ir a ver o llamar a Samuel, lo anhelaba intensamente, pero la llegada de Erick había sido un recordatorio de que no se lo merecía. Sentía que buscarlo en ese momento era dañarlo una vez más, y por más que lo necesitara, debía hacer lo que era mejor para él. Así que se había decantado por la idea de buscar un nuevo un hotel para quedarse ahí hasta decidir su siguiente movimiento.

Estaba lista para hacerlo, pero mientras se protegía de la lluvia que comenzaba a caer con más intensidad, la llamada de Lucrecia le modificó sus planes. Felipe ya había llegado a Madrid y la mexicana solo quería presentárselo, así que habían compartido una cena, junto con Charlie, en donde Carla había podido evaluar con sus propios ojos a quien se había ganado el corazón de su amiga y hasta el momento estaba más que complacida y feliz de que Lucrecia se hubiera encontrado con alguien que parecía mirarla con tanto amor y la cuidaba con devoción. Desde que se habían encontrado no había dejado de notar los pequeños detalles que compartían, miradas y sonrisas cómplices, él especialmente pendiente de que ella estuviera bien y cómoda, aunque sin parecer invasivo, sino todo lo contrario.

En esa cena no le había pasado desapercibido como sus tres acompañantes hacían su mejor esfuerzo por animarla, aunque ella no se mostraba afectada, y evitaban cualquier tema que pudiera ponerla incómoda. Hecho que les agradeció, aunque tan pronto como acabaron de comer indicó que necesitaba descansar, así que reservó una habitación en ese mismo hotel, para alivio de sus amigos, e intentó dormir, pero sus recuerdos y pensamientos la mantenían desvelada.

No dejaba de pensar en la carta de su madre que se mantenía en su bolso, en las pruebas contra su padre que le había entregado a la policía y la escritura de la casa. Tampoco podía dejar de lado el error que representaba la presencia de Erick en esa ciudad, y por último rememoraba el funeral que acrecentaba el vacío que sentía en su interior.

Todas esas ideas no le dejaban pegar un ojo, las sábanas estaban arrugadas sobre su cuerpo, y ya sentía un malestar general que la estaba alterando, así que se sentó frustrada en la cama y miró la oscuridad de la habitación.

Con la claridad de que podía ser una pésima idea, aún así decidió bajar al bar del hotel. Solo necesitaba  una trago que le permitiera dormir, se había prometido durante todo el camino que sería solo uno, quizás dos, y volvería a la cama, ya que su cuerpo clamaba por un descanso después de que había pasado la noche anterior en vela.

Al llegar a su destino se sentó en la parte más alejada y solitaria de la barra, pidió rápidamente lo que quería y observó de reojo a su alrededor, sólo habían unos cuantos clientes más, cada uno pendiente de sus asuntos. Cuando el barman le sirvió la bebida, Carla le dio el primer sorbo con calma, degustando su sabor y ese ardor tan característico. En todo ese proceso trató de mantener su mente en blanco, aunque le resultaba difícil, así que apuró el asunto y a los pocos minutos ya había acabado su contenido.

-Otro para la señorita y uno igual para mi- escuchó a su lado una voz que reconocía y se giró para asegurarse que su mente no estaba jugando con ella.

-¿Qué haces aquí?- preguntó contrariada mientras veía como Erick le sonreía.

-Me hospedo aquí- le respondió él mientras le acercaba la nueva copa que les habían traído.

El hilo rojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora