El tiempo no había pasado en vano, cada año, cada década que Samuel había vivido ya se notaban en todo su cuerpo, no sólo su cabello castaño y frondoso se había transformado para dar paso a las canas y una leve calvicie, sino también su rostro surcado por las arrugas que resultaban ser una señal de todas las emociones que había vivido a lo largo de su vida. Porque si de algo podía estar seguro, era que siempre había estado en una montaña rusa, no había tenido una existencia plana, sino que había vivido con intensidad, con periodos tranquilos y otros completamente opuestos.
Luego de aquel incidente en el puente, Samuel retornó sostenido del brazo de su nieta que no dejaba de cantar con libertad y alegría por las calles, y aunque ella caminaba a un ritmo lento, él trataba de apurar el paso. Lamentablemente sus piernas ya no resultaban tan fuertes ni rápidas como antes, y por eso debía usar aquel bastón que le daba estabilidad a esa cadera rota que se había lastimado dos años atrás, cuando creyéndose joven aún, se había subido a unas escaleras para sacar unas cajas de decoración navideña de la azotea.
Cuando iban a medio camino, pasaron frente a un lugar que despertó un antiguo recuerdo en él, era aquella pastelería donde había comido el rollo de canela más delicioso de su vida, en su primer tour por esa ciudad, ese que nunca olvidaría a pesar del tiempo que había transcurrido. Sesenta años si su mente no lo traicionaba y se detuvo a pensar si estaba en lo correcto y a contemplar el sitio.
En su inspección pudo darse cuenta que la pastelería seguía conservando su misma fachada, incluso mantenía el mismo nombre y vendía los mismos dulces , por eso quiso cambiar el rumbo para cruzar la calle y volver a revivir lo que había sentido en ese entonces.
-Abuelo, si nos seguimos tardando mamá se asustará y nos regañará a ambos- le pidió la chica al ver que él no sólo había dejado de caminar sino que parecía con ganas de ir a algún lado.
-¿Y si nos compramos algo para comer?- preguntó Samuel mostrándole con la mirada hacia donde quería ir.
Ella miró la pastelería y sonrió, la conocía bastante bien ya que era un clásico de ese lugar, y si bien se tentó, sabía que ya se habían tomado demasiado tiempo con esa detención en el puente.
-No puedo comer dulces, recuerda que estoy a dieta- le respondió la joven aunque esa no era la razón principal para aquella negativa.
-¡Tonterías! si eres la chica más linda que he visto- replicó Samuel con sinceridad.
-Lo sé abuelo, siempre lo repites- le dijo ella con dulzura - aunque también sé que se lo dices a otras, así que no sé si tomármelo muy en serio- agregó rápidamente haciéndose la ofendida para molestarlo.
-Pero tú lo eres más- le dijo él en voz baja y cómplice mientras le guiñaba el ojo.
Aurora se lanzó a abrazarlo, y como siempre lo hacía, le dio un sonoro beso en cada mejilla, pues su abuelo era el hombre que ella más quería. Ningún chico, ni menos su padre ausente, podían suplantar el rol que aquel hombre había tenido en su vida. Desde el día en que había nacido, veinte años atrás, Samuel había estado presente en cada momento importante, cada cumpleaños, en su primer día de escuela, sus presentaciones, incluso cuando había tenido su primera desilusión amorosa había llorado con él, por eso lo cuidaba tanto como podía y estaba inmensamente feliz de que él estuviera ahí con ella en ese paso tan importante que estaba a punto de dar.
-Jo... mi madre ya está preguntando dónde estamos- comentó ella luego de que se separaron y comenzó a revisar los mensajes que no dejaban de aparecer en su pequeño móvil de muñeca.
-Ni que fuéramos un par de críos- masculló Samuel con algo de fastidio.
-Que dice que nos vayamos ya- se rió Aurora al leer el último mensaje y agrandó la letra para que su abuelo leyera.
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El hilo rojo
FanfictionCarla & Samuel se despidieron con un simple beso en la mejilla y dos corazones rotos. Pero cuenta una leyenda que un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar el tiempo, lugar o circunstancia. El hilo s...
