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Fue en la madrugada del 30 de abril.
Había sido un día perfecto a pesar de el regaño que les dieron luego de desaparecer por casi dos horas. No es como si les importara, además, Haruno no les regaño como tal, puesto que sabía que era por el cumpleaños del pelirrojo y... son adolescentes, es normal que se escapen de vez en cuando.
Prácticamente todos felicitaron a Chuuya, incluso recibió regalos que no pensó iba a recibir, para la cena le cantaron y comieron pastel... fue como siempre lo había soñado. Estar en un lugar en donde le consideraban importante, familia, que el día de su cumpleaños todo fuera divertido, le dieran regalos, pastel. Con sus papás, los cumpleaños eran aburridos, llenos de peleas más que de felicitaciones, gritos, malas noches, todo lo contrario y... Dazai lo sabía, por eso mismo se fueron a la cama contentos de que todo hubiera salido bien.
Como a las tres de la mañana, cuando el castaño por fin estaba dispuesto a cerrar sus ojos y apagar su mente, sintió el olor a lluvia, así que cerró todas las ventanas y se acostó, se envolvió en las sábanas puesto que el frío viento de la próxima lluvia había dejado helado el cuarto, cansado por el día tan agitado, pero satisfecho. No tardó en caer en un sueño ligero y perderse en su propio mundo.
Eran las cinco de la mañana cuando alguien le sacudió el hombro. Podía escuchar a lo lejos el ligero sonido de las ramas golpeando las ventanas, las gotas de lluvia chocando con las mismas, y relámpagos que parecían sacudir la casa entera. Abrió los ojos con clara molestia, lo normal para alguien que solo había dormido dos horas. Su enojo fue en aumento cuando vio que se trataba de Kunikida.
—¿Qué? —preguntó somnoliento, pero molesto. Como cuando te despiertan para ir a la escuela y sientes que no has dormido nada, algo así.
—Necesito que vengas conmigo.
Dazai ni siquiera tuvo la oportunidad de negarse, pues en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba siendo arrastrado por el mayor por todo el pasillo, llegando a la oficina de Haruno en cuestión de segundos.
El castaño aún andaba perdido, sentía que estaba soñando la extraña situación en la que estaba ahora, pero sabía que no podía ser así porque todo era muy real. El frío le estaba matando, su alergia pronto se hizo presente y ahora sentía las ganas de estar estornudando cada segundo que pasase. Las ganas de mandar a todos a volar y tirarse a dormir de repente se vieron como una opción viable. Era como si su cerebro aún estuviera dormido, no pensando del todo claro en la situación ni lo que podría significar la misma.
Haruno aún andaba en pijamas, sentada detrás de su escritorio, con los brazos sobre la mesa, como si eso fuera a prevenir que se durmiera en cualquier momento. Parecía un poco enojada también, pero lo ocultaba con una sonrisa cansada.
—¿Qué ocurre? —decidió preguntar Dazai, confundido de tan extraño escenario en el que estaba.
—Dazai. Te presento a Ougai Mori.
Fue hasta cuando mencionó el nombre de un tercero, que Dazai se dio cuenta que no andaban solos en la habitación. En una esquina, había un señor de estatura promedio, delgado, vistiendo una bata blanca que indicaba que el señor estaba claramente relacionado en el ámbito de medicina. Su rostro expresaba cansancio, las ojeras adornaban sus ojos, el cabello negro poco cuidado más los pocos pelos que adornaban su rostro a falta de rasurarse, le delataba el poco tacto hacia su persona, y su sonrisa cansada solo disgustaba más a Dazai.
Lo siguiente le cayó como un balde de agua helada.
—Él será tu nuevo padre. ¡Felicidades, has sido adoptado! —expresó una cansada Haruno, sonriendo con las pocas fuerzas que tenía.
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Colores Cálidos
FanfictionDazai nunca pensó que el niño grosero que conoció en el orfanato, significaría tanto para él. Dos huérfanos que, conforme pasaba el tiempo, más problemas atraían a sus vidas. Ninguno de los personajes me pertenece. Créditos a Asagiri Kafka y equipo...
