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Dazai se considera una persona inteligente. De las que piensan antes de hablar y consiguen lo que quieren si se lo proponen, siempre. Incluso la vez que logró escaparse de casa para una cita, todo gracias por su buena labia. Bueno, esa inteligencia pareció irse cuando se paró de su silla para recibir a Chuuya, y dijo lo primero que se le vino a la cabeza.
—¿... Disculpa?
Tragó saliva. ¿Llevaban menos de dos minutos de verse y ya la había cagado? Sí. Pero Chuuya no le dio un puñetazo como esperaba, sino que tuvo la paciencia de decirle "¿Disculpa?", lo cual significaba que le estaba dando una segunda oportunidad. Excelente Osamu, buen inicio para esta cita. ¿Por qué no mejor le preguntas su estatura? Seguro que con eso, te estampa una silla en toda la cara.
—Quise decir que te ves genial —era probablemente demasiado tarde para componer lo que dijo, pero no pudo evitarlo. ¡¿Ya lo vieron?! ¡No creció prácticamente nada en todos esos cinco años! Dios, quería reírse pero sabía que si lo hacía, Chuuya iba a-
—No te rompo un vaso en la cabeza, porque eso llamaría la atención y eso es lo que menos quiero ahorita —no supo en qué momento el pelirrojo le agarró del cuello de la camisa y bajó para susurrarle al oído, pero joder, Chuuya olía exquisito, no le importaba que le estuviera amenazando ahorita.
—Bien, entiendo —le devolvió el castaño, sonriéndole como niño inocente que no dijo ni hizo nada, quería empezar de cero y eso se proponía a hacer.
Chuuya le miró amenazante una última vez antes de soltarle y sentarse, cosa que imitó Dazai a los segundos.
Pronto fueron atendidos, cada uno pidiendo una orden diferente de comida y bebida. Dazai no era muy fan del alcohol, así que pidió jugo pero Chuuya, al contrario de él, pidió un vino que el castaño sabía debía costar más que toda su cena junta.
—Chuuya, no tengo tanto-
—Lo sé, eso lo pago yo.
Dios, Dazai se sentía incómodo de la nada, lo cual era sorprendente, porque era un sinvergüenza la mayoría del tiempo. Tomó un poco del agua que les ofrecieron para ganar tiempo, sus ojos robando miradas a Chuuya de vez en cuando, quien hacía lo mismo de vez en cuando. Necesitaba preguntar algo ahora o la velada sería una mierda llena de silencios incómodos.
—Entonces... ¿Cómo te volviste modelo? —iniciaría con un tema de conversación que sabía que haría al pelirrojo relajarse, o al menso eso esperaba.
Vio a Chuuya sonreír, poniendo su codo sobre la mesa para reposar su cabeza en la mano.
—Te sorprenderías —le respondió, aún con esa sonrisa, solo que más coqueta.
Ok. Dazai recuerda a Chuuya como un adolescente algo gruñón que roncaba todas las noches y siempre alardeaba de lo alto que iba a ser... Pero ahora que lo veía acá, frente a él, enano y coqueto, no pudo evitar sentir como si su estómago diera un giro de ciento ochenta grados. Esa sonrisa solo era el inicio de todo y Dazai estaba dispuesto a aceptarlo, si jugarían así, entonces que así sea.
—Entonces sorpréndeme, Chuuya —su voz sonó justo como esperaba, retadora pero al mismo tiempo coqueta, ganando una mirada bastante seductora por parte del pelirrojo, ¿se puso caluroso el ambiente o era él?
Lamentablemente, el pelirrojo no volvió a coquetear con él los siguientes minutos, como si el juego se hubiera puesto en pausa. Le contó su historia técnicamente desde el principio, de cómo no creía que lo hubiese adoptado en la madrugada, que le estaba haciendo una broma de mal gusto, también se quejó de la nota estúpida que le dejó en vez de despertarle, de cómo se volvió en alguien aún más gruñón. Llegó a la parte en donde Frances, la hija de FitzGerald le vio y... bueno, eso cambió toda su vida.
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Colores Cálidos
FanfictionDazai nunca pensó que el niño grosero que conoció en el orfanato, significaría tanto para él. Dos huérfanos que, conforme pasaba el tiempo, más problemas atraían a sus vidas. Ninguno de los personajes me pertenece. Créditos a Asagiri Kafka y equipo...
