Extra #5

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Extra muy cortito para agradecerles por 1k de votos

nopuedeser nosaben lo felizqueestoy

muchísimas gracias por leerme


Miro a mi derecha, Jean frota mi dedo anular, sonríe cuando ve que he despertado. 

-Aún no puedo creer que lo compré más chico - entrelaza nuestros dedos -. Tienes los dedos gordos. 

Me zafo de su mano y le pego en la frente con mis dedos, se soba la marca roja de irritación mientras se acomoda en la cama. Me saco el collar de la camisa y dejo que el anillo cuelgue de mi cuello, Jean lo toma en sus dedos. 

Hace tres años había sido el ataque a Marley, por suerte se logró la paz con ellos. Hace un año y medio llegó Nadzeya, la chica galina que heredaría los titanes de Eren. Unos ocho o nueve meses después de ciertos eventos Nadzeya volvió a Marley con su familia, y otros nueve meses después di a luz a una niña. 

Andrómeda, como mi mamá. Pero Jean le dice Andy. 

No era una bastarda como yo y lo más seguro es que no le toque gobernar en un futuro. Han pasado cinco años desde mi coronación, mi hija tendrá cinco para cuando sean las siguientes elecciones del monarca de la Ciudad Subterránea. Como se había acordado para salvar mi vida, la familia Beltaine no se postularía, dejando el camino limpio a los Solar. Y diez años después, tal vez Cedrick se volvería a postular, para darle a su hijo la oportunidad de elegir de gobernar o no. 

Alguien llama gentilmente a la puerta, me siento y apoyo la espalda en el respaldo de la cama. La madre de Jean abre la puerta con mi bebé de dos meses, Martha entra después con la cena en una bandeja. 

Jean agarra a su hija y le besa la cabeza, pretendo que no me derrito y me concentro en la cena que Martha me trae. 

-Querrá comer en unas horas - me dice la madre de Jean.

-Gracias, Sophia - la mujer me besa la frente y se aleja después de despedirse de su hijo. 

Martha pone la bandeja en la cajonera de al lado y se sienta en la orilla de la cama. 

-Eres mi hija - bromea. 

-¿Cómo está mi reino? - niega con la cabeza -. Soy la reina. 

-Necesitas descansar. 

-Un descuido y me quitan la corona. 

-Es por eso que Cedrick tomó tu lugar por estos seis meses - resoplo -. Se pasarán volando. 

Suspiro y estiro el brazo por la taza de té, me acaricio el vientre. El embarazo también había sido demasiado rápido, ¿y si cuando vuelva a abrir los ojos Andrómeda ya será una adulta? Faltan años para que eso suceda, pero ojalá se quedará así siempre. 

Martha me acaricia el cabello y me besa la cabeza. Ella y Sophia habían venido a ayudarme en estos primeros meses, sobre todo para que Jean y yo pudiéramos dormir en las noches. Jean se está acostada con Andrómeda en su pecho mientras ceno, de vez en cuando le comparto una rodaja de manzana o un poco de pan con mantequilla. 

Aún recuerdo cuando le dije que estaba embarazada, me besó toda la cara de la emoción. Se enojó cuando Connie y yo apostamos sobre el sexo pero sé que él quería que su primer hijo fuera un varón, pero no por eso adora menos a Andrómeda. Sasha me traía comida desde el restaurante de Niccolo, cosas grasosas y con carne porque mi maravilloso esposo quería que comiera verduras y fruta, como si fuera una vaca. 

Mikasa me traía libros y me informaba de las reuniones, Armin me mostraba fotografías y dibujos de los distintos lugares que conocía. Nadzeya vino a visitarme un par de veces, Lara vino a verme junto con Galliard, quién se unió a la apuesta de que el bebé que llevaba adentro sería niño. 

Niko y Tadeo jugaban con Jean todo el tiempo, poco a poco se fueron acostumbrando a vivir con Cedrick y Martha, cuidaban de Cas como si fuera su hermano menor y aunque Cas sabía que eran adoptados, ignoraba esa brecha sanguínea. Niko adora andar a caballo y Tadeo adora escribir, de cumpleaños me regaló un pequeño cuento de cómo nos conocimos. Estaba embarazada así que no dejé de llorar toda la noche. 

Recuerdo que lo primero que pregunté después del tormentoso parto fue el sexo de mi hija, y lo primero que pedí de las visitas fue mi maldito dinero. Jean tenía la cabeza apoyada en la pared, como preguntándose como sería la vida de la niña con una madre como yo mientras que Connie y Galliard me pagaban la apuesta. 

Me sacudo las migajas de las manos y me limpio la boca, miro a mi derecha. La mejilla de Andrómeda está aplastada contra el pecho de Jean, suelta saliva por la comisura de su labio pero él no se queja. Pasa sus dedos gentilmente por los mechones que heredó de él, con eso logré calmarlo de la apuesta. Yo la llevé nueve meses adentro de mí y terminó pareciéndose a él, merecía una reposición por eso. 

Jean sonríe y besa a nuestra hija en la cabeza. Le murmura cosas que no alcanzó a escuchar. 

-No le digas que me maté en la noche cuando sea adolescente - levanto la mirada -. Ni muerta te quedas con mi dinero. 

-Solo le estaba diciendo lo increíble que es su mamá - entorno los ojos -. Y que me de la mitad de su herencia si mueres misteriosamente. 

-Oh en verdad has de desear eso, ¿no? - me pongo de pie y estiro los brazos. 

-Fuera de broma - lo miro sobre mi hombro -. Está en la vida que siempre quise. Gracias. 

-Bueno, no la hice yo sola, ¿sabes? - señalo a Andy con la cabeza.

-No - se ríe -. Fuimos tú y yo en uno de los jardines del palacio de Historia. 

-Jean. 

-Es una bebé, no va acordarse de esto - dice divertido. 

Niego con la cabeza y voy a la ventana, Sophia y Martha están recogiendo manzanas de los árboles. Me deshago los nudos del cabello con la mano mientras voy a los pies de la cama. 

Jean me sonríe sin dejar de acariciar la espalda de Andrómeda.

Vuelvo a subir a la cama, me recuesto a su lado. Subo mi mano a la de mi hija, cierra su manita en mi dedo meñique. Jean extiende su brazo izquierdo y me rodea, me acerca a ellos. Escucho la tranquila respiración de mi hija, abre sus ojos poco a poco, los mismos ojos dorados de Jean. 

-Hola, bebé - sonrío. 

-¿Por qué no llora?

-Porque no tiene hambre... aún - beso su manita. 

Subo hasta Jean, lo tomo de la barbilla y hago que me mire. Le acaricio el cabello ignorando la genuina confusión en su cara, rara vez me ponía a acariciarlo así.

-¿Vas a matarme? - niego en silencio -. ¿A envenenarme? - niego con la cabeza -. ¿Podrías hablar? Me das miedo - me río. 

Me acerco y le beso en los labios, Jean sonríe ligeramente. Toma el anillo que cuelga de mi cuello y me vuelve a acercar a él. Andrómeda empieza a llorar en su pecho, me separo entre risas y sobándome el oído por lo aturdido. 

-Que oportuna, Andy - dice Jean. 

Me siento en la cama, meto el brazo por la manga y me levanto la camisa sobre el hombro, Jean abre los ojos con interés y ladea la cabeza como un  perro lo hace cuando tiene un filete enfrente. Se acerca al oído de Andrómeda. 

-Llora todo lo que quieras - le jalo los vellos de la pierna y se ríe. 

Me pasa a la niña y la acerco a mi pecho para que empiece a comer. 

Jean se pone de pie y se limpia con un trapo la saliva que derramó Andrómeda en su pecho, se gira en mi dirección. 

-Voy por algo de cenar - asiento, Jean se inclina y me besa la mejilla -. Eres increíble. 

-Lo sé - me vuelve a besar la mejilla, giro la cabeza sonriendo y me besa los labios. 

Jean cierra la puerta detrás de él, me acomodo en el respaldo de la cama y bajo la mirada a mi hija. Le acaricio la mejilla con el dedo. 

-Tu papá es increíble, pero no le digas. 

Bastarda (JeanKirsteinxLectora)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora