CAPITULO 20

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Vicky.

— quédate quieta—insinúa refregándose— si no te dejas será a la fuerza, hazme caso.

Mis ojos se llenan de lagrimas, mi cuerpo tiembla y las ganas de gritar aparecen rápidamente.

— calla, pequeña puta—dice entre risas mientras me ata las manos a la cama.

— no por favor—digo en un susurro.

— calla—me penetra con fuerza haciendo que mi vientre bajo arda, duela y siento como todo dentro de mi se rompe.

Rompo en llanto.

— nunca te olvidaras de mi, pequeña—me habla con una sonrisa perversa...

¡ahh!—gritó cuando vi que el sueño iba a seguir y iba a volverme a mostrar lo que no quiero volver a ver.

La puerta se abre desesperadamente.

— ¡¿qué pasa, bebé?!—dice Max sentándose enfrente de mi.

Me quede sin aire, el aliento se fue de mi garganta y esta se secó. No puedo hablar.

— dime, ¿volviste a tener pesadillas?—frunce el Seño.

Asiento.

— bien...¿hace cuanto las tienes? ¿No habían cesado?

— s-si...solo que ahora volvieron—me limpio las lagrimas de mis mejillas.

— ¿quieres los medicamentos?—pregunta sosteniendo mi cara entre sus manos, suaves y cremosas.

— no, no las quiero Max. Déjame levantarme.

— no, espera a que te traiga una sopa, un poco de agua y luego te tomas la medicación. Espera aquí.

Se va por la puerta dejándome ahí, en la cama. Me saco la manta que cubre mis piernas y me levanto, voy hasta el baño para hacer mis necesidades.

Cuando termino lavo mi cara, dientes y ojos, los tenía pegados gracias a las lagrimas. Joder, ¿quien fue el hijo de puta que hizo que mi destino sea este? O más bien ¿por que mi vida es tan dura?

Hay cosas que quizá se pudieron a ver evitado...

No ayudas.

Pero es la verdad. Créeme.

No, no lo es. Si eso estaba destinado a pasar...ya lo estaba, ni aunque lo hubiera intentado evitar, iba a pasar de igual manera.

Salgo del baño y voy hasta mi armario. No me apetece como la mayor parte de los días vestirme bien, solo estar cómoda.

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No eh visto a Julián desde ayer, no responde mis llamadas y mensajes.

Decido dejarlo así y salgo. Vine a trabajar hace unas horas, necesitaba relajarme e pensar en otra cosa. Tengo estas pesadillas muy seguido, desde que tuve que...ya saben...empece con pesadillas peores, desmayos. Mi vida parecía estar matándome.

Subo a mi BMW serie 8 que me regaló Max para mi cumpleaños número 21, repito la rutina para encender el motor y arranco.

Siempre que manejo mis pensamientos se hacen presentes, pienso en mi familia, los chicos, mi hija, vida amorosa, social, sexual, pesadillas, secuestros, acoso y problemas.

Aunque hayan pasado 5 años ya, mi mente y cuerpo se niega a olvidarlo. Es imposible.

Cuando la estructura de mi edificio se hace presente en mi vista estaciono el BMW en frente, agarro mi cartera, lentes, llaves, monedas y billetera.

Deseos prohibidos (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora