En Carolina del Sur todo es soleado y los vecinos son amigables, sin embargo, Nia siempre se ha visto atrapada en sus recuerdos dolorosos de la infancia con su padre que no le permiten avanzar y que suele olvidar abusando de sustancias tóxicas hasta...
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Lucas Arnett
—No sé si llevarme una blusa rosa pastel o morada. ¿Cuál crees que me quede mejor? —me preguntó Maya.
—La rosa pastel sin duda te quedaría mejor por tu tono de piel.
—¿Tú crees? Entonces me la llevaré.
Hora y media llevamos comprando ropa. Sé que a las chicas les gusta verse bien y las respeto, pero ¿por qué se tardan tanto en escoger algo tan sencillo como un pantalón o una blusa? Lo mismo es con el maquillaje. Tal vez porque soy chico no lo entiendo. Mi madre siempre me enseñó que no importa el aspecto de cualquier persona, jamás debo juzgar un libro por su portada.
Concéntrate más en conocer a la persona por lo que es por dentro, las caras bonitas no duran para siempre, los sentimientos sí.
Frase célebre de Maddie Arnett, mi madre.
—Sam y Bruc están afuera del centro comercial. Adelántate si quieres, me cambiaré de ropa.
Asentí y me dirigí a la salida del centro comercial. El auto de Bruc estaba frente de mí y una Samantha muy feliz me saludó con su mano desde lejos. Me acerqué y la saludé dándole un beso en la mejilla.
—¿Y Maya?
—Se está cambiando, dijo que no tardaba en alcanzarnos.
—Será mejor que vaya a ayudarle a esa mujer con lo que sea que se usará esta noche, llegaremos tarde al partido si no se apresura.
—¿Dónde está Bruc?
—Fue a repartir suministros, dijo que no tardaría.
Samantha se escapó de mi vista cuando ingresó al centro comercial y yo solo me quedé recargado en el cofre del auto de Bruc, esperando.
Nia Relish
—Necesito energía para aguantar esta noche.
—¿A dónde irás? —cuestionó Bruc mientras extendía su brazo para darme la pastillita de éxtasis que le pedí.
—Tengo que trabajar.
—¿No estarás en el partido de hoy?
—Claro que estaré. Pero no como espectadora, mi jefe quiere vender palomitas y ese tipo de cosas a los que sí estarán de espectadores. Así que tendré que cumplir las órdenes de un montón de adolescentes para que me paguen y así pueda pagarte a ti lo que te debo.
—Te deseo suerte, amiga. Yo seré parte de los espectadores junto con mis amigos —Me guiñó un ojo—. Te dejo que he dejado a mi bebé.
—¿Bebé?
—Mi auto, Nia. Por Dios, ubícate.
—Ya largo de aquí.
Sonreímos y Bruc chocó las manos conmigo. Abrí la botella de agua que tenía en mis manos e introduje a mi boca la pastillita que le había comprado a Bruc. Después di un gran sorbo de agua para tragarla. Sacudí mi cabeza para despabilarme, cerré mi botella de agua y me dirigí al instituto para poder ir a trabajar en el puesto ambulante y comenzar a vender lo que fuera que me ordenaran.
Ahora estaría más despierta que cualquier otra persona.
♥♥♥
—Dos hot-dogs, unas papas y un refresco grande de manzana. Son cinco dólares —anuncié al chico pelirrojo que estaba enfrente de mí.
—Gracias, Nia.
Seguido de él una chica de cabello negro y muy baja estatura me ordenó una rebanada de pizza de champiñones con todo.
—En un momento traigo tu pizza —Me dirigí a la parte trasera del puesto ambulante, corté la rebanada de champiñones, la coloqué en un plato desechable y comencé a ponerle todos los ingredientes. Mientras lo hacía, una voz chillona se anunció a un lado mío.
—Odio este trabajo —se quejó Nora recargándose en el mueble donde se encontraban los ingredientes para la pizza.
—¿Y por qué lo tomaste?
—Debo pagar el auto de mi padre, ¿recuerdas? Rayos, Nia, ¿por qué no me acompañaste a esa fiesta? Me hubieras cuidado de no ponerme ebria y chocar el auto de mi viejo.
—Te dije que no bebieras demasiado. Además, no soy tu niñera.
—Amiga, tus pupilas están muy dilatadas, al menos sé discreta. Toma agua para que se baje tantito el efecto.
Nora me dio una botella de agua que estaba en la nevera y la frialdad de lo helada que estaba recorrió mi garganta causándome escalofríos.
—Te dejo, Nia. Voy a entregarle estos nachos con queso al chico guapo rubio que los ordenó y que tal vez me dé su número telefónico, aunque lo dudo porque parezco Taylor Swift en tiempos de crisis. Aún así estaré con él esta noche.
Nora se fue y yo por fin terminé de preparar la pizza que me pidió la chica. Cuando la chica se fue, los siguientes en la fila eran dos adolescentes. Se trataba de Maya. Y estaba acompañada de un chico alto y castaño. Ambos reían y Maya tenía su brazo enganchado con el de él.
—Hola —saludó el chico—. Nos gustarían unas palomitas grandes y dos refrescos de naranja, por favor.
—¿Palomitas saladas o acarameladas? —pregunté.
—¿Cómo las quieres, Maya?
—Acarameladas estaría perfecto.
—En un momento traigo su orden —anuncié y me di la vuelta para servir las palomitas acarameladas.
Cuando intenté tomar uno de los baldes de cartón para servir las palomitas, este se resbaló de mis manos y cayó al suelo. Lo recogí y cuando me levanté para tirar el balde, un mareo horrible llegó a mi cabeza. Todo comenzó a darme vueltas, como si estuviera en alguna especie de ruleta rusa. Me tambaleé un poco y al parecer Maya y su acompañante se dieron cuenta, ya que me preguntaron si me encontraba bien.
—Sí, estoy bien —contesté luego de ignorar el mareo que había tenido y tomar otro balde de cartón para servir las palomitas.
Dejé el balde de palomitas en una de las charolas y fui a la fuente de sodas para servir los refrescos de naranja. Mientras servía los refrescos, mi cabeza comenzó a dolerme de la manera más horrible. Me punzaba y sentía que me explotaría. Mi vista comenzó a estar borrosa y empecé a sentir mi cuerpo pesado y cansado.
—Palomitas grandes acarameladas y dos refrescos de naranja. Cinco dólares con cincuenta centavos, por favor.
Mientras el chico castaño buscaba el dinero en su cartera, yo comencé a sentirme peor. Los mareos incrementaban y mi boca se sentía como el maldito desierto.
—¿Te sien...es b...en? Estás algo pal...da —No escuché con claridad lo que Maya me dijo, ya que escuché un agudo sonido dentro de mis oídos. Justo después mi vista comenzó a estar borrosa nuevamente y luego hubo oscuridad.
La oscuridad fue lo único que vi y nada más.
¿Casualidad? ¿Destino? No lo sé, pero te conocí por algo.