En Carolina del Sur todo es soleado y los vecinos son amigables, sin embargo, Nia siempre se ha visto atrapada en sus recuerdos dolorosos de la infancia con su padre que no le permiten avanzar y que suele olvidar abusando de sustancias tóxicas hasta...
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Nia Relish
Hace una semana que Lucas está en el hospital. Cancelé mis citas con Odette porque quería estar con él en cada momento y todos los días. Después de que Evan y Alli lo vieran aquella tarde cuando despertó, me hablaron a mí. Verlo en tal estado me rompió el corazón. Estaba demasiado pálido, con una venda cubriéndole la cabeza, otra venda le cubría la parte donde sus costillas estaban rotas. Tenía el ojo izquierdo morado y su ceja tenía puntadas al igual que su labio inferior y había un suero conectado a su brazo. Apenas lograba abrir sus ojos por completo.
—¿Dónde demonios estabas, Cenicienta?
—Afuera. No dejaban entrar a nadie.
—Quería verte —Sonrió—. Lo primero que hice al despertar fue preguntar por ti. Tenía miedo de que Jackson te hubiera hecho algo. No sabía nada de ti y...
—Estoy bien, no te preocupes —interrumpí—. Mejor dime cómo te sientes.
—He estado peor. Soy aguantador —guiñó su ojo sano.
No dije nada.
—El doctor... él dijo que —Tragó saliva con dificultad—. Dijo que... el cáncer... Yo le pregunté y dijo que alcanzó la fase más alta. Los golpes lo empeoraron. Dijo que se redujo.
—¿Qué cosa se redujo? —susurré con lágrimas en los ojos.
—Mi tiempo de vida —Una lágrima recorrió mi mejilla—. Mi padre y Alli no lo saben todavía, no se los dije. Supongo que el doctor lo hará —Me sonrió sin una pizca de felicidad y rio—. Supongo que no podré llevarte a Michigan después de todo.
No pude decir absolutamente nada. Las palabras se quedaron estancadas en mi garganta junto con todos los sentimientos que me habían invadido. Los pedazos de mi corazón destrozado hacían que se me formara un nudo irrompible. Tomé aire y exhalé. Lucas me seguía sonriendo con tristeza y arrepentimiento. Estaba diez veces más dolido que yo. Movió su mano unos centímetros para alcanzar la mía. No me di cuenta de lo helada que estaba hasta que sentí el calor de sus dedos. En un movimiento rápido, lo abracé y me aferré tanto a él como pude.
—Ya no hueles a fresa con cigarrillo —dijo—. Solo fresa.
Evan sacó de la escuela a Alli para que lograra estar todo el tiempo necesario con su hermano. Oliver nunca la dejaba sola y mi madre pidió un descanso en su trabajo para apoyar a Evan en todo lo que pudiera. Ella hacía el desayuno, la comida y la cena para Alli y Evan. Llevaba cambios de ropa para los dos y traía cualquier objeto que Lucas o Alli le pedían para entretenerse.
En cuanto a Bruc, se mejoró bastante rápido y le dieron el alta cumplidos dos días. Los lunes de pijamadas en casa de los Liberman cambiaron a visitas en el hospital para ver a Lucas. Vanessa y Dennis también visitaban a Lucas al igual que Nathan y Sam.