Capítulo 28

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Nia Relish

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Nia Relish

Mis brazos colgaban y se movían de un lado a otro como fideos delgados. Alguien me estaba cargando como si fuera un costal de cemento. Apenas podía abrir los ojos, pero podía apostar lo que fuera a que Lucas no era quien me llevaba en brazos. Me lanzaron a la cama de la habitación en la que habíamos entrado. Era vieja y los resortes rechinaban. Observé el techo café con manchas negras de goteras y húmedad antes de que me besaran el abdomen.

—Al fin serás mía, preciosa.

Jackson me tomó de la barbilla y me obligó a mirarlo a la cara. Apretó tanto mis mejillas que podía sentir cómo sus dedos se enterraban en mi piel. Yo no tenía control de mi cuerpo. Era como si me hubiesen atado al colchón percudido de suciedad con cadenas invisibles. La tensión me invadió los músculos cuando Jackson me tocó el interior de los muslos con su otra mano. Y justo después de quitarme los tenis, me besó.

Lucas Arnett

Fui a la cocina por una bolsita de malvaviscos para comer como botanas. Busqué en la barrita para ver si sobraban, pero lo único que encontré fueron malvaviscos blancos. Tomé la bolsita de malvaviscos blancos y salí de la cocina. Mi intención era ir directo con Nia, pero la voz de uno de mis compañeros llamándome para acercarme interrumpió mi camino.

—Lucas, Lucas, Lucas, qué bueno que te encuentro. ¿Sabes? Eres un maldito con mucha suerte.

Este tipo está muy pasado de copas.

—¿Por qué?

—Porque tooodas las chicas quieren estar entre tus piernas.

—¿Y por eso tengo suerte, Jean?

—¡Claro! Maya quería estar contigo. Lucas, ¿tienes idea de lo loco que es eso? Hablamos de Maya Liberman. Esa perra es un bombón y me imagino que sin ropa es todavía más hermosa. Al menos te hubieras acostado con ella antes de rechazarla, amigo.

—Primero que nada, no te refieras así de ella. Es una falta de respeto. Segundo, tengo una chica a mi lado que me hace más que feliz y no necesito a otra mujer para que la reemplace.

—¿Una chica? ¿Qué chica? ¿Nia?

—¿Quién te dijo su nombre?

—¡Entonces sí es Nia! —Gritó tan fuerte que casi me rompe el tímpano. Estoy seguro de que lo escucharon hasta el Polo Norte—. ¿Qué no es la suicida de la escuela rival?

No contesté.

—¡Sí! Su nombre es muy peculiar, por supuesto que es ella —Dio un trago a su cerveza—. ¡Oye, Hunter!

Un tipo alto y de tatuajes nos miró. Ya conocía a este tipo. Lo había visto en alguna parte, pero no recuerdo dónde. Su cara y sus tatuajes son familiares para mí.

—¡Este chico es el novio de Nia! ¿Puedes creerlo? Entre tanta mujer bella y estable a sus pies, eligió a la más loca.

Intenté ignorar el cólera que me recorría las venas. Hunter bufó y Jean sonrió de una manera tan boba que incluso a mí me dio lástima.

Corazones de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora