Capítulo 13

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Lucas Arnett

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Lucas Arnett

Hoy es el día. Hoy es cumpleaños de Nia y mi padre nos pidió ayudarle a Oliver y a Erie con la fiesta sorpresa que le tienen preparada. Debo admitir que estoy muy emocionado por lo que haremos. Alli le compró un collar con la inicial de su nombre y yo le compré una sudadera de su banda favorita. Al parecer Erie y mi padre le hornearon un pastel de chocolate blanco con chispas de chocolate negro el cual me muero por probar ya.

—¿Ya vamos a ir con Nia, papá? —preguntó mi hermana impaciente. Se despertó desde las siete de la mañana y no ha dejado de preguntar a qué hora iremos a casa de los Relish.

—Erie nos avisará cuando haya terminado de decorar. Tranquila, hija.

—Pero ya se tardaron mucho, ¿no?

—Alli, ya cálmate. La mamá de Nia nos dirá cuando sea hora de llegar a su casa. Cálmate porque me pones de nervios.

A los pocos segundos a mi padre le llegó un mensaje a su celular y supimos que esa era la señal que estábamos esperando. Alli tocó la puerta y Oliver la abrió de inmediato, seguido de ello nos indicó que guardáramos silencio, ya que Nia podía despertarse. Mi padre dejó el pastel en la mesa y Alli y yo colocamos los regalos en el sofá de la sala.

—Gracias por hacer esto, de verdad.

—Nia es nuestra amiga, señora Relish. No hay que agradecer nada —respondí y la madre de Nia me contestó con una sonrisa amigable.

—Iré a ver si ya está despierta —dijo Oliver antes de subir las escaleras.

No tardó mucho en bajar junto con la festejada, que por cierto estaba en pijama, un pijama con pantalón morado y una playera negra que llevaba el rostro de Marshmellow grabado en la tela. Al verla por completo, todos gritamos "Feliz cumpleaños". Su rostro de sorpresa e incomodidad no podía esconderse. Ella solo reía con nerviosismo y cubría su cara con las manos.

—¿Por qué no me dijeron que harían esto? Estoy en pijama y mi cara está hecha un asco.

—Luces perfecta, cariño —habló la señora Relish acercándose a su hija y entregando una caja roja envuelta en un listón azul. Al abrir la caja, se encontró con una carta escrita por la señora Relish junto con una cadena plateada y un dije del planeta Saturno—. Feliz cumpleaños, Nia.

Mi padre le dio una delgada pulsera dorada, Alli le obsequió el collar con su inicial y Oliver le dio un libro bastante ancho. Por el gesto que hizo Nia en su rostro, se notaba que le había gustado mucho. Yo fui el último en darle su regalo.

—Feliz cumpleaños, Cenicienta —bromeé.

—Es por el mensaje de la otra vez, ¿cierto?

—Obviamente.

Nia sacó de la bolsa de regalo la sudadera de Coldplay que compré para ella.

—¡Oh! ¡No es... ¿¡Santo Dios, es en serio!? —Sus ojos brillantes me miraron—. ¡Lucas, es perfecto! ¡Gracias! —exclamó y me abrazó con fuerza, yo le devolví el abrazo y todos los que estaban a nuestro alrededor rieron. A los pocos segundos Nia dejó de abrazarme y yo sentí unas altas ganas de que siguiera haciéndolo, su delgada complexión pegada a mi ancho cuerpo me hacía creer que yo era un campo de fuerza que la protegía de cualquier peligro. Mi mirada se centró en sus peculiares ojos grises y ella fijó la suya en los míos. Nos quedamos así por un buen rato hasta que la madre de Nia nos interrumpió.

Corazones de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora