Epílogo

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—Y así fue

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—Y así fue. Lo que intento transmitirles contándoles mi historia es que siempre habrá una persona a la cuál le importen demasiado. Tal vez no son sus padres, tal vez no son sus amigos, puede ser cualquier tipo de persona. La que menos crean. Si ustedes creen que no le importan a nadie, están totalmente equivocados porque a mí me importan. Y me importan porque sé que son como yo, a fin de cuentas son mi reflejo. Por mucho tiempo creí que yo no servía para nada, que no tenía un propósito en la vida, pero ahora que he llegado tan lejos y tengo lo que tengo, doy gracias a todos esos intentos de suicidio que jamás funcionaron. Me di cuenta de que sí tenía un propósito en la vida. Si yo no estuviera viva, este centro de rehabilitación que fundé jamás hubiera existido. Si yo no estuviera viva, no me hubiera vuelto a enamorar y mis hijos, Allison y Blake, no hubieran nacido. Todo el mundo tiene un por qué para estar en el mundo, todo el mundo tiene un propósito y una meta que cumplir. Por más mínima que sea, pero la tiene, y ustedes la tienen.

—Nia —dijo una de las chicas que estaban presentes.

—¿Si?

—¿Qué tenías planeado hacer con Lucas el día de la golpiza?

Sonreí y bufé por el recuerdo.

—Tenía dos boletos de avión para viajar a Washington DC.

—¿Te arrepientes de no habérselos dado antes? —preguntó un chico.

—Me arrepiento de no haber ahorrado antes y llevarlo.

—¿Qué hiciste con los boletos?

—Los guardé. Como un recuerdo de él.

Todos me miraron sin decir una palabra. Les conté acerca de Lucas Arnett. El amor de mi vida.

Hace catorce años Lucas se fue y se llevó consigo una gran parte de mi alma y corazón. Hace cinco años me casé y tuve a mi primera hija, Allison. Hace dos meses tuve a mi segundo hijo, Blake. Y soy la mujer más feliz en todo el maldito universo.

Debo admitir que cuando Lucas se fue me costó mucho trabajo superar su muerte y no solo a mí, sino también a su familia. Evan iba cada tarde de cada viernes a visitar la tumba de su hijo y Alli se refugiaba en el piano. Mientras tanto, mi relación con Thomas se fortaleció de una manera increíble. Se quedó en Carolina del Sur tres semanas y en esas tres semanas la pasamos juntos casi siempre. Hablar sobre los recuerdos que teníamos con Lucas hizo que nos acercáramos más. También me ayudó a seguir con la idea de ir a rehabilitación después de lo sucedido. Su presencia fue de máxima ayuda para mi vida. Después de que logré salir de rehabilitación y estar limpia, casi siempre estaba en contacto con Thomas. Pasaron dos años hasta que Thomas confesó todo lo que sentía por mí en una visita por las vacaciones de Navidad. La sensación de engaño y traición que sentía si estaba con otra persona no me gustaba para nada. Aún sentía que estaba engañando a Lucas de alguna forma. Thomas lo entendió y nunca me presionó, dejó que las cosas fluyeran a su tiempo.

Corazones de papelHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora