En Carolina del Sur todo es soleado y los vecinos son amigables, sin embargo, Nia siempre se ha visto atrapada en sus recuerdos dolorosos de la infancia con su padre que no le permiten avanzar y que suele olvidar abusando de sustancias tóxicas hasta...
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Nia Relish
La casa de Maya era increíblemente grande. Con un patio enorme y una pequeña piscina en una de las esquinas. Cuando llegamos Maya, fue la primera en recibirnos y saludarnos diciendo lo feliz que le ponía nuestra presencia en su fiesta. Bruc también saludó, traía un sándwich en su mano izquierda y una cerveza oscura en la mano derecha. Una extraña y bastante asquerosa combinación para mi gusto. Lucas se alejó unos metros para saludar al resto de sus amigos y compañeros de la escuela. Yo me quedé junto a Bruc charlando.
—Un pajarito me dijo que tú y Nora dejaron de ser amigas.
—Ese pajarito es muy chismoso.
—¿Entonces lo niegas?
—Yo no dije eso.
Sonrió de oreja a oreja y ahogó una risa.
—Me alegra que hayas cortado esa amistad tan tóxica que tenías con ella. Honestamente, solo te usaba para su bien.
—Lo sé. No he hablado con ella desde ese día.
—Pues espero que no tengas que hablar con ella hoy porque esa chica está en la fiesta de mi dulce gemela.
—¿Le estás vendiendo suministros?
—Nah. Hoy es mi cumpleaños, es mi día libre —Bruc retiró su brazo de mis hombros—. Qué se divierta, mademoiselle.
Lucas oficialmente me presentó a todos sus amigos de la escuela como su novia, lo cual hizo que me sintiera como la persona más importante del mundo. Pensé que Dennis estaría en la fiesta debido a que asiste a la misma escuela que Maya y Bruc, pero al parecer él y Bruc no se llevan muy bien. Eso me decepcionó porque esperaba encontrarme con él y, con suerte, con mi pelirroja amiga.
Logré tener una conversación estable con el chico de la última vez, con el que fumé el Bong en la fiesta de Alan Martin, se llama Nathan Caddell y es de la misma edad que yo. Hablamos un poco y me dijo que se sentía apenado por el comportamiento que tomó en la fiesta, dijo que en realidad él no fuma ni nada por el estilo. El pretexto que tenía para hacerlo esa vez era porque su novia lo había terminado y estaba demasiado triste como para cuidar su atlético cuerpo. Cuando Nathan se fue a jugar billar, me quedé completamente sola en el sofá más largo de la sala de estar. Desde donde estaba tenía una vista clara de Lucas conversando y bromeando con un chico rubio que parecía contarle chistes a mi novio por la enorme sonrisa que iluminaba su rostro. Quise acercarme, pero estaba demasiado cómoda en el sofá. Además no quería encontrarme con Nora. Sé que se quedó con muchas cosas guardadas el día que la boté y no dudaba con que si me veía me haría algún tipo de reclamo.
—Tú debes ser la novia de Lucas.
Una chica delgada y de cabello negro se sentó frente a mí. Me sonrió amigablemente antes de retocarse el labial rojo brillante que bañaba sus delgados labios.
—¿Te digo algo? Estás en boca de todos esta noche. Incluso más que los mismos cumpleañeros —Bufó—. Mi nombre es Jaqueline.
—Nia.
—Lo sé —Cruzó las piernas y me observó de arriba a abajo—. Voy a ser muy honesta contigo, intenté salir con Lucas una vez, pero él jamás se interesó en mí por culpa de Maya. Esa chica vaya que es celosa. Me pregunto por qué te habla y te sonríe si le quitaste a su casi novio. Es extraño si lo piensas bien.
—Maya y yo somos amigas.
—Eso está peor.
Jaqueline me estaba sacando de quicio y al parecer Bruc se había dado cuenta de ello, ya que se acercó a mí y me dio una pequeña bolsa de malvaviscos rosas para comer como botana. Lucas apareció detrás de él y luego de darle una mirada confundida y rápida a Jaqueline, me besó la frente para después robarse mis malvaviscos uno por uno.
—¡Ey, no me robes! Estás viendo que son poquitos y me los quitas.
Soltó una carcajada.
—Iré por unos a la cocina. Ahora vuelvo, Cenicienta.
Lucas se perdió entre la multitud de adolescentes y Jaqueline volvió a mirarme.
—Tengo sed. ¿Tú no?
—Un poco.
—¿Quieres una cerveza?
—No, gracias. No...
—Un chocolate caliente, entonces —interrumpió—. Maya hizo chocolate para los que no quisieran tomar cerveza, ¿quieres? Te sirvo una taza.
Lo pensé por un segundo, pero al final acepté. Jaqueline regresó con una enorme taza blanca en la mano derecha y su cerveza en la mano izquierda. Una vez más tenía esa enorme sonrisa dibujada en el rostro. Era extraño. No paraba de sonreírme. No le di mucha importancia porque supuse que ella era de esas chicas que todo el tiempo están sonriendo para dar una buena impresión a la gente que los rodea. Jaqueline parecía una chica así.
—Bueno, Nia. Te dejo. Hay una enorme cantidad de personas y chicos bonitos aquí y no me voy a quedar sentada sin hacer nada. Nos vemos después.
Sacudí mi mano para despedirme debido a que estaba tomando una gran cantidad de mi chocolate. Miré mi celular en cuanto lo escuché sonar con el tono de un mensaje. Se trataba de mi madre, ya había llegado a casa y Evan había comprado pizza para cenar. Una foto de Alli y Oliver devorando su rebanada de pizza invadió la pantalla de mi celular y me hizo sonreír. Estaba a nada de contestarle, pero la voz de alguien gritando mi nombre hizo que alzara la vista de mi celular. No tengo idea de qué tan rápido alcé mi cabeza porque al instante sentí un mareo increíblemente fuerte. Mi cabeza comenzó a dar vueltas muy rápido y mi cuerpo comenzó a sentirse pesado al igual que mis ojos.
Me levanté del sillón para buscar a Lucas y decirle que me llevara de regreso a casa. Me resultó complicado mantenerme de pie porque sentía que el suelo se movía como si fuera líquido o un terremoto lo estuviera sacudiendo. Mis ojos me hacían una jugada de mirar doble a las personas que me impedía caminar con seguridad. Lucas dijo que iría a la cocina, así que debía estar ahí. Crucé en medio de la multitud que bailaba y sentí que el codo de algún idiota bailando me empujaba e hizo que soltara mi celular. Caí al suelo y no me di cuenta de dónde aterrizó mi celular, de todas formas no podía ver con claridad porque todo a mi alrededor se hacía cada vez más borroso. Ignoré el hecho de que había perdido mi celular y me levanté del suelo como pude. Solo debía encontrar a alguien de confianza para decirle el estado en el que me encontraba.
Maya, Bruc, incluso Nathan. Solo debía encontrarlos y decirles.
Llegué a la cocina y la luz blanca de ella me deslumbró los ojos. Cerré y abrí los ojos varias veces para adaptar mi vista a la luz blanca y me percaté de que no había nadie. Lucas no estaba. Solo había un montón de bolsas de malvaviscos y una fuente de chocolate en la barra. Me di cuenta de que había un garrafón de agua en una de las esquinas de la cocina, así que me acerqué enseguida para tomar un vaso. Bebí el agua como si hubiera estado en un desierto por una década. Me serví otro más hasta que mis manos se sintieron fatigadas. Mis labios seguían secos y los mareos y visión borrosa no se habían ido. Me sentí cansada y con mucho sueño. Esto no me sucedió cuando estaba conversando con Jaqueline. Mi mal estado comenzó justo después de que me diera esa taza de chocolate.
—Mierda.
El cansancio me invadía tan rápido que mis piernas flaquearon. Caí hacia atrás, pero los brazos corpulentos de una persona me atraparon. No sé y no tengo idea de quién era aquel que me atrapó porque ya no vi nada. Todo se oscureció.