En Carolina del Sur todo es soleado y los vecinos son amigables, sin embargo, Nia siempre se ha visto atrapada en sus recuerdos dolorosos de la infancia con su padre que no le permiten avanzar y que suele olvidar abusando de sustancias tóxicas hasta...
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Nia Relish
Odette es la terapeuta más extraña y peculiar que he conocido. No hay duda.
El miércoles me tocaba ir a una cita con ella, entonces mi madre fue a recogerme a la escuela para que saliendo de ahí fuéramos directo a la cita. Creí que al llegar, ella me haría las típicas preguntas de: ¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? Lo típico. Pero para mi sorpresa no ocurrió nada de eso.
—¿Cómo te fue en la escuela, Nia?
—Igual que siempre, luchando contra los estereotipos y la ignorancia de los demás.
—Mira qué casualidad, yo también luché contra los estereotipos. La señora Casta es mi vecina, es una señora grande y criada en la época donde las mujeres no teníamos voz, y lo digo porque ayer la tubería de nuestra calle se averío, entonces varios vecinos nos reunimos para arreglarla. La señora Casta, por obviedad, no aceptó...
—Déjeme adivinar. No aceptó porque tiene la falsa idea de que eso es para hombres y no para mujeres —interrumpí con mis brazos cruzados.
—Exacto. Dijo que nuestro trabajo como mujeres, en ese momento, era servirles de comer a los que trabajaban. Como muestra de agradecimiento.
—¿Y qué hiciste, Odette?
—Fui por ropa cómoda, sujeté mi cabello y ayudé a arreglar la tubería.
—¿Y no le dijiste nada?
—No. Ella fue criada de esa manera, yo no. No voy a entrar en debate con una mujer de ochenta y cinco años de edad que siempre ha sido amable conmigo. Esa es su manera de pensar y la respeto. Sé que no es la correcta, pero así son las cosas, no puedes cambiar la forma de crianza de otras personas.
—Pero si su manera de pensar.
—Sería lo mejor para el universo que lograras cambiar la manera de pensar de los demás, pero pensar diferente no es un delito, Nia. Mientras tú sepas que tus acciones y tu manera de pensar es la correcta, que no te importe la manera errónea en la que piensan las demás personas.
Los consejos que daba Odette eran bastante buenos, eran profundos y con gran razón. Odette me agrada, y no solo por cómo me trata, sino que sus dinámicas son muy divertidas y no parece terapeuta, lo afirmo y lo reafirmo, Odette parece maestra de jardín de niños.
Se preguntaran qué pasó con Lucas y conmigo después de que me reuniera con el idiota de Jackson, pues no ocurrió nada más. Cuando llegamos, Maya lo estaba esperando sentada en las escaleras que están fuera de su casa, al parecer iban a ir al cine.
—¿No quieres ir con nosotros? —preguntó Lucas.
—No quiero ser el mal tercio. Te veré después. Y gracias... por todo.
Ese día se me dificultó enormemente conciliar el sueño. Cuando sentí los labios de Jackson besando mi cuello, los recuerdos inundaron mi cabeza. Esa sensación de impotencia e inseguridad volvieron a invadirme. Agradezco a Lucas por haber aparecido justo en el momento indicado, me salvó de un momento que ya había vivido más de una vez en toda mi niñez.
Evan Arnett
Mi cuello me duele y mi espalda me está matando. Esto de estar sentado todo el tiempo frente a una computadora me está acabando. El caso que llevo ha sido difícil, no hemos logrado llegar a un acuerdo todavía. Cómo espero con ansias que den las siete en punto, para poder salir de trabajar y encontrarme con Erie. En el trabajo es un poco difícil platicar con ella, ya que ambos tenemos labores que realizar. Yo como abogado y ella como recepcionista.
Seis con cincuenta y ocho.
Seis con cincuenta y nueve.
Siente en punto.
Adiós al trabajo, hola a conversar horas con Erie.
—Buenas noches, señorita Relish.
—Buenas noches, licenciado Arnett.
—Nada de licenciado, ya no estoy trabajando —reclamé—. Ven aquí —Abracé a Erie antes de darle un suave y corto beso en los labios—. ¿Vamos a cenar?
—De hecho, quiero hablar contigo sobre algo. No quiero esconderle nada a mis hijos y mucho menos a los tuyos. ¿No crees que ya es hora de decirles sobre nosotros?
—Yo también estaba pensando en eso. Nuestros hijos ya se conocen y al parecer se llevan bien. No creo que tengan problemas con lo que tenemos, ¿verdad?
—Quiero hacer una pequeña reunión en la que estemos todos.
—Me parece perfecto. ¿Te parece mañana después del trabajo?
—Cuanto más pronto mejor.
Contarles a mis hijos acerca de lo que Erie y yo sentíamos era algo un poco incómodo para mí. No me gusta hablarles a los demás sobre mis relaciones, pero si Erie prefiere decirles a estar escondiéndonos como si fuéramos adolescentes hormonales, está perfecto para mí. El único pendiente que tengo es Alli, no sé cómo tomará esto que está pasando entre la madre de su amigo Oliver y yo. No quiero que piense que estoy reemplazando a su madre, porque es lo opuesto a eso. Yo jamás remplazaría a Maddie. La amé con cada pedazo de mí ser y alma en su momento. La extraño demasiado y me duele pensar que ya no está conmigo. Sin embargo, el sentimiento de tristeza que sentía se borró poco a poco cuando conocí a Erie. Ella me contó que pasó por algo muy parecido hace unos años, tal vez el hecho de que nuestros amores de la vida fallecieran hizo que nos entendiéramos mejor y, siendo honesto, Erie me tiene hipnotizado por cada palabra, cada movimiento y cada sonrisa. Me hace sentir completo otra vez y eso es algo que no puedo ocultar.
La cena será mañana, Erie y yo quedamos en vernos en su casa, yo llevaría el guisado y ella cocinaría el postre.
—¡Lucas y Alli! ¡Bajen a cenar!
—¡Fue tu culpa, Lucas! ¡Por tu culpa la bruja mató a mi perrito!
—Ya te dije que lo siento. Además puedes conseguir otro.
—¿Por qué discuten?
—Lucas hizo que mataran a mi perrito de Minecraft —acusó mi pequeña hija señalando a su hermano—. Yo le dije que no saliera de noche, pero no me hizo caso y por su culpa ya no tengo mascota.
—Solo es un juego.
—La policía canina te meterá a la cárcel.
Mientras mis hijos seguían discutiendo por la muerte del perro en Minecraft, yo serví los hot cakes que había cocinado en un plato grande para que cada quien se sirviera a su gusto. Coloqué la miel maple, la mermelada y la mantequilla alrededor del plato. Alli tomó dos hot cakes y Lucas tomó tres. Cuando ellos preparaban su cena, yo les mencioné acerca de la cena que tenemos mañana en casa de Erie.
—Erie nos invitó a cenar mañana por la noche en su casa. Nosotros llevaremos el guisado.
—No podré ir, papá. Tengo un compromiso con los chicos —dijo Lucas.
—Perdón, pero tendrás que cancelarlo. No podemos quedar mal con ella y sus hijos.
—Cuenta conmigo, papi.
—Me invitaron a una fiesta. No puedo faltar.
—Después de la cena podrás ir a la fiesta, no te preocupes.
A Lucas no le agradó mucho la idea y resopló de enojo. Cuando terminó de cenar, subió a su habitación y cerró su puerta con fuerza. Este chico es cada vez más rebelde. De verdad espero que mi hija siga siendo igual de linda cuando sea una adolescente. Me haría un gran favor como padre.