Capítulo 25

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Nia Relish

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Nia Relish

Luego de salir de la casa de mi padre, me fue bastante complicado dejar que otras personas me pusieran un dedo encima. Incluso me sentía rara cuando mi mamá intentaba darme un abrazo. Cuando llegué a la pubertad y algunas chicas de mi salón hablbaban sobre su primer beso o la primera vez que tuvieron sexo, yo siempre me preguntaba por qué lo hacían y lo decían con tanta facilidad. Una vez quisieron preguntarme a mí al respecto, pero la chica que me molestaba en ese entonces solamente se burló de mí y dijo que no era atractiva ni para las asquerosas moscas. Hasta cierto punto me sentí aliviada por que aquella niña respondiera por mí. El tema de acostarme con alguien me atormentó bastante tiempo hasta que apagué ese pensamiento con el montón de drogas que consumía. En realidad no había pensado en eso hasta esta noche. No puedo creer que quiera hacerlo. Lucas me da mucha confianza y me siento a salvo con él, pero jamás pensé que llegaría a tal grado. ¿En serio me gustaba tanto? No, no creo que sea un simple gusto por él. Más bien estoy enamorada.

Entré a mi hogar con demasiada cautela procurando que ni Oliver ni mi mamá me escucharan. Le dije a Lucas que entrara por la ventana de mi cuarto usando la escalera de metal que siempre estaba ahí escondida en los arbustos. Cerré mi puerta con seguro y abrí la ventana para que Lucas pudiera entrar. Trepó la escalera y se deslizó por el marco de mi ventana, pero se cayó de espaldas.

Traté de ahogar mi risa por su caída.

—Ya me parezco a ti —dijo—. ¿Cómo habías dicho esa noche? ¡Ah, sí! Soldado caído, soldado caído.

—Qué vergüenza.

—Te veías muy graciosa.

Cerré mi ventana y lo ayudé a levantarse del suelo. Una vez que estuvo, me dio un beso en la nariz. Lucas no paró de preguntarme si estaba segura de lo que quería y este instante no era la excepción.

—¿Estás segura de que quieres hacer esto? Sabes que podemos pararlo cuando quieras.

—¿Tú quieres hacerlo?

—Me muero de ganas desde hace mucho tiempo, pero depende de ti. No quiero lastimarte y tampoco quiero que te sientas insegura.

Respiré profundo, aclaré mi mente y decidí dar el primer paso. Me acerqué lentamente a su cara, lo tomé de la mejilla derecha y pegué mis labios con los suyos. Nuestros movimientos eran dulces, tiernos y suaves. Lucas comenzó a buscar el cierre de mi vestido para quitármelo y cuando lo encontró, lo bajó lentamente teniendo cuidado de no lastimarme. Me estremecí, pero aun así no me detuve. Sin separarnos, nos dirigimos a la cama. La intención era sentarnos, pero uno de mis tenis en el suelo se hizo presente detrás mío, así que cuando di un paso hacia atrás me caí de espaldas en mi cama jalando a Lucas encima de mí. Intentamos controlar nuestras risas porque no queríamos que mi mamá u Oliver nos encontraran haciendo tal cosa.

—Dejé un desastre antes de ir al baile.

—Sí. Ya me di cuenta.

Rio y quitó un mechón de cabello que estaba tapando la mitad de mi cara. Lucas se deshizo del broche de mariposa que me había regalado y lo dejó con cuidado en el mueble de al lado. La luz de la luna atravesaba la cortina de mi habitación, así que los rizos de Lucas y su piel bronceada estaban bañadas de esa luz blanca y pura. Volvió a besarme y mientras lo hacía, continuó bajando el vestido negro de mi cuerpo. Ayudé a que se quitara el saco negro y la camisa blanca que llevaba. Estábamos piel con piel. Volvió a envolverme en sus brazos y comenzó a jugar con el broche de mi sostén. Lo abrochaba y lo desabrochaba con una sola mano. Depositó un tierno beso en mi hombro desnudo, siguió con uno en mi cuello, luego al lóbulo de mi oreja y al final en mi mejilla. Sentí una gran carga eléctrica en todo mi cuerpo. Me había convertido en un imán. Quería estar con él, pero había una fuerza extraña que lo repelaba. Algo dentro de mí decía que aún no era tiempo. Aún no estaba lista.

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