En Carolina del Sur todo es soleado y los vecinos son amigables, sin embargo, Nia siempre se ha visto atrapada en sus recuerdos dolorosos de la infancia con su padre que no le permiten avanzar y que suele olvidar abusando de sustancias tóxicas hasta...
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Nia Relish
¿Por qué tiene que aparecer este tipo justo hoy? ¿Por qué? Una vez que Lucas se alejó, el cabellos blancos quiso darme un abrazo, no obstante, mantuve una distancia de metro y medio entre nosotros. Otra vez llevaba esa sonrisa afilada de depredador que nunca era buena.
—¿Qué quieres, Jackson?
—Vengo a cobrar los ochenta dólares que me debes, preciosa.
«Preciosa» Cómo odio que me llame así.
—Yo no compré esa droga, y lo sabes, fue Nora. A ella deberías pedirle el dinero, no a mí.
—Lo sé, pero tu amiga dijo que tú serías quien pagaría. Así que te pido mis billetes, preciosa —Jackson extendió su mano y me guiñó el ojo.
—No tengo tanto dinero.
Bufó.
—Es por eso que tengo dos opciones para ti; me das mi dinero mañana en la mañana o vendes todo lo que tengo en esta mochila —Me mostró una pequeña mochila negra con montones de bolsillos—. Tú eliges, preciosa.
Apreciaba mucho a Nora, pero cómo deseaba que la atropellara un camión justo en este momento. Por culpa suya tenía una deuda de ochenta dólares por haber comprado droga que claramente yo no pedí. Varias veces le dije a Nora hasta el cansancio que Bruc era mil veces mejor dealer que Jackson, pero ¿alguna vez me escucha? Por supuesto que no. Siempre traté de evitar a Jackson todo lo posible, incluso cuando quería buscarme, pero justo ahora no podía hacerlo. Sé que al deberle dinero a Jackson, también le debía dinero a su jefe. Lo cual no es nada bueno para mí y tampoco para él. No quiero vender droga, pero creo que no tengo otra opción.
—Dame la maldita mochila —Jackson quitó la mochila de sus hombros para así entregármela. La tomé a regañadientes y él sonrió de manera victoriosa.
—Tienes veinticuatro horas para reemplazar la droga que está ahí por un montón de billetes.
—¿Qué? ¡Esto ni tú lo vendes en tan poco tiempo!
Jackson encendió su motocicleta, se colocó el casco negro y antes de bajar el lente protector, me dio una última mirada con esos ojos negros que más bien me amenazaban.
—Nos vemos mañana, preciosa.
Lo observé alejarse a toda velocidad montado en esa motocicleta tan blanca como su cabello teñido. No podía creer lo que acababa de suceder. Ahora me veía atrapada junto a esta mochila llena de narcóticos que desde luego debo esconder de mi pequeña familia. Sin mencionar que tengo a mis amables vecinos en mi casa.
—¿En que te acabas de meter, Nia? —me regañé a mí misma mientras colocaba la mochila en mis hombros.
Cuando al fin llegué a casa, mi propósito era ir directo a mi habitación a guardar la mochila, pero la voz de mi madre me interrumpió.