En Carolina del Sur todo es soleado y los vecinos son amigables, sin embargo, Nia siempre se ha visto atrapada en sus recuerdos dolorosos de la infancia con su padre que no le permiten avanzar y que suele olvidar abusando de sustancias tóxicas hasta...
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Nia Relish
Mi madre me ha traído como loca todo el día. Está nerviosa y quiere que limpiemos absolutamente toda la casa. Ayer en la noche nos comentó a Oliver y a mí que su buen amigo Evan vendría a cenar con nosotros y justo por eso me pidió que horneara un pastel para comer después del guisado que Evan traería.
—Oliver Dylan Relish, te pedí que recogieras tu habitación desde hace media hora. Parece nido de ratas. Ponle pausa a tu juego y ven a limpiar.
—Es un juego en línea, mamá, no se puede poner pausa.
—Obedece a mamá Erie, Oliver —bromeé y mi madre nos dedicó una mirada asesina a mi hermano y a mí.
—Hornea el pastel. —ordenó mi madre y yo imité a los soldados cuando reciben una orden de su teniente.
Son las siete y media de la noche, Evan y sus hijos llegan a las ocho. Esa media hora que quedaba, mi madre la aprovechó para bañarse y arreglarse. Esto ya se tornaba extraño y no solo para mí, sino también para Oliver.
—Jamás es así. Ni siquiera cuando vienen mis tías de visita.
—Ya sé —respondí—. Ahora regreso.
Subí a mi habitación y me acosté en la cama, tomé mi celular y me di cuenta que tenía un mensaje de Lucas.
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El timbre de mi casa sonó y mi madre fue a sacarme de mi habitación. La seguí y la escuché hablar entre dientes mientras arreglaba su cabello y nos preguntaba a Oliver y a mí si teníamos platos limpios para comer.
—Tranquilízate, Erie. Solo es una cena.
Mi madre abrió la puerta y Evan se encontraba del otro lado con una gran sonrisa en su rostro. Sus ojos no dejaban de estar atentos a mi madre y los ojos de mi madre no quitaban la vista de los ojos de Evan. Sin dejar de mirarse, mi madre los invitó a pasar. Alli y Oliver se saludaron y fueron de inmediato a jugar juntos videojuegos. Mi madre y Evan se dirigieron a la cocina mientras que Lucas y yo nos quedamos solos en la sala de estar.