En Carolina del Sur todo es soleado y los vecinos son amigables, sin embargo, Nia siempre se ha visto atrapada en sus recuerdos dolorosos de la infancia con su padre que no le permiten avanzar y que suele olvidar abusando de sustancias tóxicas hasta...
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Nia Relish
Los tres días en la cabaña de la familia Arnett fueron de mucha ayuda para mí. Además de que fueron los días más felices que he tenido en mucho tiempo. El martes por la mañana volvimos a casa, Oliver y yo faltamos a clases, al igual que Lucas y Alli. Estábamos desvelados y cansados por el cuatro de julio. Hoy es jueves, Lucas regresará mañana de Michigan y en el tiempo que no estuvo aproveché para ponerme al corriente con Vanessa. Ambas estuvimos juntas todo el tiempo, creí que ya no la conocía porque dejamos de hablar bastante tiempo, pero al parecer su obsesión por Harry Potter sigue siendo la misma. Está empeñada en averiguar cuál es mi casa mágica. Ella es Ravenclaw y cree que yo podría ser Hufflepuff.
Honestamente no entiendo nada de Harry Potter porque creo que soy la única persona en todo el mundo que jamás vio o leyó Harry Potter.
Vanessa también me presentó a su pequeña hermana de cuatro años Vania. Ella es igual de pelirroja que Vane, pero se parece más a su padre que a ella. Fue bastante lindo volver a sentir esa conexión que tenía con ella después de tanto tiempo sin hablar. Volvimos a hacer esas pijamadas que solíamos hacer cuando teníamos siete u ocho años de edad y me enteré de que mi amiga ya tiene novio desde hace un mes. Estaba tan feliz y emocionada por ella que la abracé muy fuerte. Yo también le conté lo que había pasado con Lucas en la cabaña. Hablamos sobre la casita de sábanas y la canción de guitarra.
—¡Esa es la cosa más cursi y hermosa que jamás escuché! Mi bebé al fin está creciendo.
Me alegró mucho hablar con Vanessa y poder recuperarla. Que volviéramos a ser amigas como hace años. Regresé de la escuela temprano, quería hablar con Lucas y preguntarle cómo iba todo en Michigan.
—¿Dónde estás? Apenas logro verte.
—En la habitación de mi abuela. Debe ser el pésimo internet de aquí. En fin, ¿cómo estás? ¿Lista para mañana? —dijo Lucas a través de la pantalla de mi laptop.
—Sí, creo que conseguiré esa licencia.
—¿Quieres que te acompañe al examen?
—Me encantaría verte ahí.
—Ahí estaré entonces —me sonrió.
—¿Y tú? ¿Cómo estuvo el cumpleaños de tu abuela?
—Fantástico. Alli no recordaba la diabetes de mi abuela y le compró un mini pastel de chocolate, así que como soy un buen nieto, me sacrifiqué por ella y me lo comí.
—Un gran sacrificio.
—Casi muero en el intento.
Lucas se veía feliz, pero algo en él no me gustaba. Se notaba cansado y un poco pálido, tal vez era la imagen de la video llamada que no era muy clara.
—Te ves cansado. ¿No dormiste bien?
Se quedó callado un par de segundos.
—Estoy bien. Dormí a la perfección, no te preocupes.