capítulo 19

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Mimi posicionada a horcajadas sobre las caderas de Miriam, quién tumbada reposaba su espalda sobre el colchón de la litera superior, observaba desde las alturas la mirada traviesa de la gallega, mostrando especial atención a su labio inferior atrapado sensualmente entre sus dientes.

— ¿Vas a hacer algo o te vas a quedar ahí mirando? —preguntó la gallega con sorna aunque halagada por la mirada de admiración que, como ya comenzaba a habituar, le estaba dedicando la mayor.

— No me parece un mal plan el quedarme toda la noche mirándote, la verdad. —susurró de forma suave— Pero... —habló sensualmente— Tal vez... Verte sin esto... —continuaba de forma sensual mientras paseaba su dedo índice sobre la tela que tapaba los pechos de la gallega— Me gustaría mucho más.

Miriam sonrió ruborizada notando como sus mejillas comenzaban a mostrar cierto color rosado.

— ¿Y ahora te pones roja? —preguntó la mayor con una ceja enarcada y una sonrisa chulesca en su rostro.

— Chica, es que te pones muy intensa. —dijo soltando una leve risita que hizo que Mimi perdiera el sentido por unos segundos.

— Miriam, si quieres que pare en cualquier momento dilo, por favor. —apuntó algo más seria—  Si no te sientes cómoda o prefieres que no haga algo dímelo, ¿vale?

— Vale. —terminó por responder Miriam a la vez que tiraba de la fina camiseta blanca de tirantes de la mayor para terminar de tumbarla sobre ella y posteriormente besarla.

Se enzarzaron en un húmedo beso lleno de pasión y ganas, el cual Mimi no tardó en cortar incorporándose de nuevo sobre la cadera de Miriam

— Mimi, ¿qué pasa? —preguntó la gallega preocupada al denotar cierta tensión en la actitud de la mayor.

, solo que... —suspiró frustrada— Es importante para mí que estés cómoda.

— Lo estuve la primera vez y lo estaré ahora. Si no es así, te lo diré ¿vale?

— Pero dilo. Da igual el punto en el que estemos, no te sientas culpable por querer pararlo, ¿vale? —Miriam asintió con ternura antes de volver a atraer a Mimi hacia su boca.

Mimi ya no se opuso al beso. Agarró a Miriam del cuello suavemente mientras apoyaba su otra mano sobre el colchón, al lado del hombro de la otra rubia, para mantenerse sobre ella sin terminar de caer sobre su cuerpo.

Notando como Mimi profundizaba aún más el beso Miriam suspiró sobre su boca, enredando una mano en el pelo lacio de la mayor y dejando la otra vagar sutilmente por su espalda.

Se separaron observando cómo las pupilas de ambas estaban mucho más expandidas que minutos antes, excitándose al saber que la dos estaban en el mismo punto.

Todavía sentada sobre las caderas de Miriam, Mimi acarició su nuca mientras la sentía suspirar cada vez que sus bocas se separaban, únicamente para coger aire, antes de volver a juntarse.

Ninguna de las dos parecía tener la intención de querer terminar con aquello, y para Mimi, notar a Miriam entregada y aparentemente cómoda, fue la confirmación no hablada que necesitaba para ir a más.

Mimi comenzó a descender sus manos por los costados de la rubia menor, sin perder la concentración en sus labios. Subía y bajaba notando como a cada caricia Miriam temblaba bajo su cuerpo.

Sabía que estaba nerviosa.

Lo que sorprendió a Mimi es que ella misma también lo estaba. Y es que, la energía que las rodeaba era muy distinta a la de la primera vez. Aquello ya no era algo rápido, aquello estaba empezando a ser serio.

100 días Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora