El forense junto a tres médicos más, y algún que otro policía escoltándoles, procedieron al levantamiento del cadáver bajo un silencio atronador.
Las presas divisaban desde las diferentes plantas de la galería como ya tapado sacaban el cuerpo sin vida de aquel lugar.
No era la primera vez que algo así ocurría allí.
No era la primera vez que alguna mujer perdía la vida ahí dentro por un enfrentamiento.
Pero sí era la primera vez que quien perdía la vida era más que protagonista de aquel lugar.
Se escuchaban suspiros de alivio pero también algún que otro llanto difícil de interpretar.
Era difícil asimilar todo lo que había pasado allí tres días atrás.
3 Días Antes
— Hay que llamar a una ambulancia, ¡pero ya! —impuso Minerva, la nueva jefa de servicios médicos de la prisión, mientras preparaba con rapidez el desfibrilador para reanimar a la granadina.
— Chicas, no podéis estar aquí. —ordenaba Maya, una de las funcionarias, parando así a la entrada de enfermería a Laura, Mónica y Claudia, quiénes decididas iban dispuestas a acompañar a Mimi a donde sea que se la fuesen a llevar.
— No vamos a dejarla sola. —sentenció Laura seria y concisa.
— Se la llevan al hospital, sabéis que no podéis ir con ella.
— Maya, por favor, déjanos entrar hasta que se la lleven. —pidió Claudia suplicándole con la mirada a aquella funcionaria.
— A un lado, y dejad trabajar a Minerva. —accedió finalmente viendo cómo las tres amigas asentían a las condiciones puestas.
Los latidos del corazón de Mimi no hacían amago de aparecer. Jamás antes pidieron y rezaron tanto aquellas tres amigas como en ese momento para escuchar un pitido en aquel electrocardiograma, pero al parecer aquello no estaba sirviendo de nada.
Tenían el corazón en un puño, lágrimas humedeciendo sus mejillas sin parar y su respiración llevaba reprimida a causa de la tensión varios minutos, pero ni ellas eran conscientes de aquello. Las piernas les empezaban a temblar y las tres de la mano, casi de manera sincrónica cerraron con fuerza los ojos dejando de ver por unos segundos como Minerva trabajaba en la reanimación de la granadina. Y digo unos segundos, porque fue lo que tardaron en volverlos a abrir fervientemente tras escuchar los agudos e intermitentes pitidos de aquella máquina por primera vez.
Las tres amigas miraron con atención a la doctora tras visualizar a su amiga, pues ésta aún no había abierto los ojos.
— Chicas...
— ¿Qué pasa porque no se despierta? —preguntó desolada Laura acercándose a la camilla— ¿Está bien, no? Su corazón está latiendo.
— Ruiz, será mejor que esperéis fuera.
— No. ¿Qué le has hecho? —preguntaba de nuevo desesperada— ¿Está en coma?
Minerva miró a Claudia y Mónica con unos ojos que para nada denotaba buenas noticias. Las amigas lo entendieron al momento y simplemente le facilitaron el trabajo a la mujer.
— Venga Dama, vamos a salir un momento. —apuntaba delicadamente Mónica agarrando a la morena de los brazos a modo de consolación.
— No puedo dejarla así, Mónica. Mimi... —la llamaba con pena acercándose al rostro de la granadina— Aguántame un poco, por favor. No me hagas esto ahora.
