Las semanas fueron pasando y para Mimi parecía ser que lo único que iba bien era su especie de relación con Miriam. Sus encuentros fueron ocurriendo más a menudo y sus miradas comenzaban a entenderse mejor que nunca. Siempre pensó que lo que estaba experimentando con Miriam no era algo para ella. Lo que fuera que tenía con Miriam, esa necesidad tan intensa de verla y tocarla que aún no quería ni sabía definir, no era algo que viera para ella. Tal vez era su pasado lo que no le dejaba verlo o tal vez tenía que esperar a que llegase Miriam para que ésta se lo enseñase. El caso es que daba gracias por haber encontrado a la gallega, porque sino esas semanas atrás las hubiera vivido de una forma muy diferente, puesto que sus demás objetivos allí dentro no iban tan bien como su relación...
— ¡Esto lo va a retrasar tó, hay que hablar con la gente de fuera, mínimo nos retrasa dos meses más! —bufaba Mimi intranquila y mosqueada— Hay que hacerlo con sigilo, a estas alturas es mejor no arriesgarse, no podemos llamar la atención haciendo mucho ruido. —comentaba sobrepasada dando vueltas por la celda a la vez que nerviosamente retiraba su cabello hacia atrás, mientras sus cuatro amigas la observaban.
— Sólo queda eso. —informaba Saydi— Detrás de esa plancha de metal, ya están los pasillos de las escaleras de incendios de uso privado. Estaríamos fuera.
— Genial. —suspiraba la granadina algo más tranquila— Veré que puedo hacer y que consigo meter para agujerear el puto hierro, joder...
— ¿Se sabe algo de la gente de fuera? —preguntaba Laura intrigada por la parte crucial de la fuga que planeaban. Su actitud era algo arisca esa mañana.
— Tenemos el coche, tenemos la pasta y la documentación falsa casi lista. Nos falta el barco en el puerto de Cádiz. —informaba Mimi haciendo sobre la marcha un recuento mental en su cabeza.
— ¿Y las armas? —volvió a preguntar la morena.
— Están en ello también, pero Juan lleva días sin cogerme el teléfono. —contestó sin muchos preámbulos.
— Recordad que eran solo para uso imprescindiblemente necesario. —recordó Mónica algo preocupada por este tema.
— Sí, Moni.
— No quiero ni robos, ni accidentes que acaben con cadáveres de por medio, ni nada de eso. Nosotras no somos así. —volvió a apuntar seriamente.
— Solo se sacan si nos pillan y como fuego de cobertura. —confirmó Mimi mirando a la del flequillo con intención de asegurárselo.
— Oye, ¿por qué Juan no te coge el teléfono? —volvió a preguntar Laura de forma áspera.
— Pues no sé.
— A lo mejor es porque eres tú la que llevas toda la semana ausente. Por no decir el mes entero. —soltó retadora con fiereza reflejada en su rostro.
— ¿Qué quieres decir? —cuestionaba la granadina incrédula ante la actitud defensiva de Laura.
— Llevas varias semanas sin a penas salir de aquí. —decía refiriéndose a la celda de la granadina.
— Estoy haciendo mi trabajo. —aseguró calmada.
— ¿Qué trabajo? ¿Tocarte el coño o que te lo toquen?
— ¿Qué coño dices? —respondió la rubia totalmente alucinada— Si tocarme el coño es conseguir tó lo que necesitamos pá que podamos salir de aquí sin que se den cuenta y tener preparao fuera lo necesario pá no volver aquí con la sentencia doblada, pues entonces sí, me toco el coño de ocho a una y de seis hasta que me duermo.
— ¿Tanto tardas en acordar cuatro cosas?
— ¿Pero tú qué te crees? —preguntaba escandalizada y bastante molesta por la actitud que estaba teniendo su amiga con ella— ¿Qué lo que necesitamos está a mano? ¿Qué con una llamada está tó hecho? Me paso los días buscando e intentando conseguir contactos fiables sin llamar la atención tronca, y cuando tengo un rato libre bajo a ayudaros, no respiro ¿sabes? Vosotras después de la jornada os relajáis, os dormís u os coméis la boca entre vosotras, pero yo no, yo sigo a alerta, pendiente del móvil, de los mensajes de Juan... Ojalá pudiera pasarme todo el día tocándome el coño, o en la cama con Miriam, que supongo que este numerito es por ella, pero no es el caso, y si eso ha sío lo que te ha molestao, perdón por haberme cogío unas horas de relax estos días después de cinco putos años aquí.
