~JI~
Lo último que recordaba era a Febe tomándome por sorpresa y besándome afuera de su puerta. Cuando abrí los ojos esa mañana, sentí la tibieza su cuerpo desnudo sobre el mío. Sus pechos desnudos chocaban contra mi dorso, los contemple fascinado un par de minutos. Después con toda la delicadeza que pude, logre liberar mi brazo de su cabeza, que descansaba sobre este. Observar su cara mientras dormía era un espectáculo único e increíble. Mi chica dura y complicada, lucia como un ángel, ahí sobre las sabanas que se enredaban sobre algunas partes de su anatomía y su rostro iluminado por la tenue luz que se filtraba por la ventana. Mantenía una expresión tranquila y apacible, tan distinta a la que mostraba cuando sus ojos estaban abiertos. Recorrí cada parte de su rostro con la mirada, muriendo por tocarlo, pero eso significaba romper ese mágico instante, así que limite a observarla. Sus largas pestañas de ese color negro intenso, las cuales adornaban sus hermosos ojos. El perfil de su nariz y su boca, esos labios carnosos que me hacían perder el piso cada vez que los probaba. Desde la primera vez que la bese, supe que nada volvería a ser igual. Esa hermosa cabellera ondulada que enmarcaba su perfecto rostro, ese rostro que en ocasiones parecía emitir fuego, sobre todo cuando se enojaba. Y aunque pareciera una locura, amaba ver esa expresión furiosa, por eso me gustaba hacerla reñir. Amaba ver a mi chica molesta, pues eso significaba que me miraba.
Comenzó a moverse y entonces fiji dormir. Tal como lo había supuesto, en cuanto abrió sus ojos y se dio cuenta de la condición en la que ambos nos encontrábamos, me empujo, tirándome de la cama. El golpe fue duro, pero no tanto como sus palabras o su expresión furiosa. Aunque con ella nunca se sabía, que me hiciera salir de la habitación como Dios me trajo al mundo, había roto records. De momento me tomo por sorpresa, pero no podía culparla.
………………………….
Había decidido respetar la decisión de Febe y no insistir más, la dejaría ir, la dejaría ser libre. Sin embargo, enterarme que no solo salía con ese imbécil de Jun, sino que además había dormido con él, había que me hirviera la sangre.
—Dile la verdad Febe — ¿Qué rayos pretendía ese idiota? Esa era una charla entre Febe y yo.
—Este no es tu asunto —Le grite molesto.
—Te equivocas, lo es. Eres un idiota — ¿Qué yo era el idiota? ¿Quién rayos se creía?
—Mejor no te metas o te rompo la cara —Advertí, tratando de mantener la calma. Pues en estos momentos mi prioridad era Febe. A pesar de que había hecho con toda intensión, que me viera con esa chica, ver su dolor era algo que me desconcentraba. ¿No se suponía que no le importaba? ¿No estaba saliendo con Jun?
—Estúpido. Entre Febe y yo no ha pasado nada —Aseguro Jun.
—Deja de mentir —Si no había pasado nada ¿Por qué ella había salido de su casa? ¿Por qué en el bar todos decían que había algo entre ellos? ¿Por qué?
—No es mentira —La voz de Mel me tomo por sorpresa. Jun podría mentir, pero… mis pensamientos se vieron interrumpidos, cuando vi como Febe se tambaleaba.
— ¡Febe! —Grite, antes de sostenerla. Por fortuna estaba lo suficientemente cerca de ella y pude sostenerla antes de que se desplomara sobre el piso— ¡Febe! —Repetí tocando su rostro. Estaba blanca como papel y un sudor frio resbalaba por su frente.
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El peor y mejor error
Teen FictionTras varios sucesos, que darán un cambio radical a su vida. Febe tendrá que dejar a su mejor amiga, Hannia, para comenzar una nueva vida, sola en una ciudad donde solo conoce a Fran, quien es casi como un tío. Una chica dura y fuerte, así la cali...
