Era la tercera vez que me atacaban esas nauseas, las cuales regularmente eran matutinas, cada vez se prolongaban más y eran más intensas, tanto, que me hacían retorcerme delante del retrete. Y aunque en ese momento no me encontraba en mi mejor condición, las otras ocasiones nada había tenido que ver el alcohol ¡Maldición! Algo no estaba bien ¿Qué rayos me pasaba?
— ¿Segura que no quieres que vayamos al hospital? —Pregunto Ji mientras conducía, después de dejar el hotel. Le puse mala cara, desde luego que no consideraba que fuera tan grave como para tener que ir al hospital.
—Si. Ya te dije que fue por beber tanto anoche —Me miro como no del todo convencido.
—Te ves mal —Rodé los ojos. Claro que me veía mal, había vomitado por un buen rato ¿Que esperaba? ¿Qué me viera reluciente? Pues no.
—Tomaré algo cuando llegué a la casa —Me alegro un poco, ver que no insistió a pesar de no estar conforme con mi decisión.
—Te veo más tarde para irnos al bar —Dijo antes de que entrará a mi habitación. Creo que después de lo que había pasado entre los dos, no hacía falta decir en qué etapa estábamos.
—De acuerdo —Asentí y cerré la puerta.
Me sentía fatal, si sumaba la jaqueca con las nausea que aun tenia, no sabía cómo había logrado llegar hasta mi habitación, sin denotar mi malestar delante de Ji. Después de tomar algo para los malestares y darme un buen baño, me metí en la cama. Era domingo, por lo que la mayoría de los que vivían en la casa, estaban fuera, el par de hermanas se habían ido a la casa de sus padres desde el viernes, Cristian solía salir con sus amigos y llegar hasta tarde, mientras que Fran y Eva se habían ido al cine.
Cerca de las 3 de la tarde, alguien llamo a mi puerta. De momento creí soñarlo y me acomode de nuevo en la almohada, pero los ligeros golpecitos continuaban pausadamente escuchándose. Salí de cama y me alivio darme cuenta de que las náuseas habían desaparecido por completo. Me puse las pantuflas y abrí la puerta.
—Hola —Era Ji.
Quien a diferencia de mí, que acababa de salir de cama y que tenía el pelo hecho un nido de pájaros, lucia realmente radiante. Llevaba una playera que se ajustaba a su delgado cuerpo y unos pantalones deshilachados, algo tan propio de él. Después de examinar su atenuando me fije en sus manos, que sostenían una charola y que me miraba con timidez. Aún estaba un poco adormilada, en cualquier otro caso le hubiera dicho hasta de lo que se iba a morir, pues odiaba que me despertaran, pero creo que había llegado la hora de dejar de ser malvada con él.
— ¿Si?
—Te traje un té para el estómago —Vaya, eso sí que me sorprendía. Abrí la puerta por completo y me hice a un lado, dándole luz verde para entrar.
—Pasa —Entro y coloco la charola sobre el mueble.
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El peor y mejor error
Novela JuvenilTras varios sucesos, que darán un cambio radical a su vida. Febe tendrá que dejar a su mejor amiga, Hannia, para comenzar una nueva vida, sola en una ciudad donde solo conoce a Fran, quien es casi como un tío. Una chica dura y fuerte, así la cali...
