Capítulo 4 . La boda

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Capítulo 4

Han pasado ocho meses desde la última vez que Jessica vio a Logan, esa vez que la dejó en frente de su casa. No se volvió a tomar con él en la facultad ni en el hospital. No tenía idea de que le había pasado. Claro, no era que le importara.

A Tom se lo topaba algunas veces y se saludaban solo al pasar, los dos estaban tan ocupados que no habían tenido tiempo de entablar una conversación decente. Aunque siempre que él podía se sentaba a comer con ella, pero ninguno de los dos hablaban porque el tiempo de comida lo utilizaban para hacer trabajos pendientes. El comer con Tom de vez en cuando Abigail y Lari se lo reprochaban mucho, ya que Tom era el segundo en su lista después de Logan.

Estaba a mitades del segundo semestre, y no podía sentirse más feliz con la carrera que había escogido. Definitivamente no se había equivocado. Aunque estar en segundo implicaba más responsabilidades, como tener que hacer guardias en el hospital. Claro, no hacían cosas difíciles, prácticamente eran enfermeros. Lo que alguien estudia en enfermería toda la carrera, un estudiante de medicina se lo tenía que aprender en el primer semestre. Por lo tanto sus guardias se basaban en esos conocimientos. Pero ella se sentía feliz de estar en el hospital por primera vez.

-Jóvenes- comenzó el maestro de anatomía- Les voy a repartir los huesos de un cadáver del anfiteatro. Son de más de veinte años, pero les servirán para hacer su investigación acerca de la estructura ósea del cuerpo. Cuídenlos mucho.

Como solo había tres estructuras, tendrían que compartir. A pesar de que una estructura tenía 206 huesos, sin contar los dientes, los más pequeños no podían ser sacados del anfiteatro. Solamente los grandes como las costillas, cráneo, fémur, tibia, tráquea, coxis, cadera, entre otros.

Jessica se quedó con el cráneo, por suerte, la tibia de las dos piernas, y un par de costillas. A juzgar por el largo de las tibias, debió de haber sido una persona alta, por lo que tuvo que buscar una caja y ahí poner todo para poder llevarlo a casa.

Al terminar las clases se dirigió a casa. Algunas personas en los semáforos se le quedaban viendo al asiento trasero, donde estaba la caja. Incluso un niño pequeño lloró después de verlo.

-¡He llegado familia!- gritó cuando llegó a casa. Batallando con la caja y la mochila mientras intentaba cerrar la puerta con llave.- ¡¿Alguien me puede echar una mano?!

-Ya voy cariño- dijo su mamá saliendo de la cocina.

-Gracias, sostén esto- le puso la caja en los brazos.

Su madre soltó un alarido y ella volteó para ver que ocurría.

-¡Quiero que saques esto de la casa!- le regresó la caja.- ¡Con eso no entras!

-Pero si solo son un unos huesos, no le veo el alboroto. Los necesito para mi investigación.

-¡No quiero cadáveres en la casa!

-Los pondré en mi cuarto y no saldrán de ahí.- le dio una palmada en el hombro a su mamá y subió las escaleras.

Su cuarto estaba lleno de cosas de la facultad: un poster enorme de la anatomía del cuerpo humano en una de las paredes, su librero estaba lleno de libros de medicina, donde había posters de sus artistas favoritos ahora había post-its con cosas pendientes que tenía que hacer, y fotos de cirugías que tenía que analizar. Tal vez por eso sus padres nunca querían entrar a su habitación, para alguien al que le daba asco esas cosas podía ser escalofriante. Y ahora sumándole el cadáver en el rincón, no podía ser peor.

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-Hija, ¿tienes planes para el viernes?- preguntó su madre quitando los platos de la mesa.

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