Capítulo 2 - ¡¿Logan?!

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Entró a su auto y por el espejo retrovisor vio como el chico que ayudo pasaba por detrás en su auto. Dio vuelta a la llave del contacto y encendió el carro. Metió el freno para cambiar a reversa pero escuchó un ruido metálico que la hizo detenerse. Volvió a apagar el carro y bajó. En el suelo estaba tirado un pedazo de metal oxidado. La balata de su llanta izquierda.

-Mierda, con esto me quedo sin frenos. No puedo manejar así.

Dejó caer el pedazo de metal al suelo y sopeso sus opciones. Podía pedirle a alguien un aventón, pero todos sus amigos ya se habían ido. También podía irse en el subterráneo y tomar un camión a casa después de bajarse en la estación más próxima a su casa, pero no quería dejar el auto solo durante la noche. Su mamá a esa hora debía de estar recogiendo a su hermano menor de la secundaria. Su papá estaba en el trabajo. Sus abuelos estaban de vacaciones. No era un problema que pudiera arreglar ella misma, se necesitaba ayuda profesional.

¡Hiram! Se le prendió el foco a la chica. Hiram era un mecánico al que su familia le tenía mucha confianza, siempre que le pasaba algo a alguno de sus carros siempre se los llevaban a él. Tomó su celular y marcó el número.

-¿Aló?

-¡Hiram! Gracias a Dios que contestas. Soy Jessica, la hija de Gustavo Brewster.

-¡Oh sí! ¿Qué tal linda? ¿A qué debo tu llamada?

-A mi carro se le cayó la balata de la llanta izquierda justo antes de arrancar. ¿Crees poder venir a ayudarme?- preguntó la chica checando la hora en su reloj de muñeca. 3:30.

-Claro, dejaré a uno de mis compinches a cargo del taller. ¿Dónde estás?

-En la facultad de medicina de la universidad LNAU.

-¡Dios! ¡¿Hasta haya?! Me tomará un rato llegar.

- Lo sé. ¿Te parece bien si te dejo la llave del auto en las oficinas de informes. Ya sabes cuál es, el viejo Malibu de mi papá.

-Si claro, me parece bien. Llevaré remolque para llevarlo y después discutimos lo demás.

-De acuerdo, gracias Hiram.

Después de dejar las llaves en recepción e indicar que solo un hombre de mediana edad llamado Hiram Castañeda  podía recogerlas, salió del campus. Camino unas tres cuadras hasta la estación del subterráneo y subió a vagón. Cuando bajo camino una cuadra hasta llegar a la estación del autobús, pero el camión ya estaba arrancando y por más que corrió no logró alcanzarlo.

Nunca lograría llegar a la siguiente parada a tiempo, ni si quiera si corría. Miró a su alrededor para buscar otra forma de llegar a su casa. No tenía suficiente dinero para un taxi tampoco. Dio vueltas sobre sí misma buscando un atajo, hasta que lo encontró: una callejuela que daba directo a la siguiente estación, sin tener que cruzar calles ni dar muchas vueltas. Eso le haría ganar tiempo y si corría alcanzaría al autobús sin problemas.

Corrió entre la penumbra, no entraban los rayos del sol y la única iluminación era “la luz al final del túnel”. Iba más o menos a la mitad cuando escucho un sonido estruendoso: un balazo. Vio como un hombre le apuntaba a otro que estaba tirado en el suelo, inerte, con un charco de sangre a su alrededor. Comenzó a caminar hacia atrás lo más sigilosamente posible, pero era tarde, el asesino la había visto. Jessica salió corriendo por donde había llegado, pero el hombre era mucho más rápido y fuerte que ella. La tomó de un brazo y la acorraló contra una pared.

-Por favor no me haga daño- apretó los ojos. No quería ver a ese hombre que estaba dispuesto a matarla.- No diré nada, lo juro.- su voz era ahogada por el miedo.- Fingiré que no vi nada. Solo déjeme ir. Se lo suplico- una mano le tapó la boca para que dejara de hablar.

-¿Preciosa?- escuchó la voz del hombre. Una voz que podía reconocer muy bien. Abrió un ojo y después el otro.

-¡¿Logan?!

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