Dos pequeños revoltosos jugaban, llenos de gozo, en el jardín de una casa de aspecto descuidado pero hogareño. En el porche de aquella casa yacía sentado un anciano de cabellera rubia casi gris meciéndose mientras leía "Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia" por decimoquinta vez desde que lo había comprado. Los niños interrumpieron su lectura. Había algo que corroía la curiosidad de uno de los niños y, ya cansado de correr por el enorme jardín, decidió que era momento de preguntarle a su abuelo por la historia de tal reliquia.
— Abuelo. — El anciano Park levantó la vista de su libro y sonrió en grande cuando vio a sus dos nietos acercarse a él.
— ¿Qué ocurre, Sun Woo? — El mayor de los dos pequeños se sentó a pies de su abuelo.
— ¿De dónde salió ese anillo tan brillante y azul que tienes en tu habitación?
— ¿Anillo?
— ¡Sí! Ese que tiene una enorme gema azul que brilla tanto como un lapislázuli con escarcha. — Dijo el pequeño Sun Woo, haciendo gestos exagerados con sus manos emocionado por aquella piedra preciosa que parecía tener una historia detrás. Era aquella a la que más cuidado le daba su abuelo entre toda su colección de modestos accesorios.
— Ese anillo tiene una gran y larga historia, pequeño. — ¡Lo sabía! — ¿Estás seguro de que quieres escucharla? Niki podría aburrirse. — El niño de nueve años voltea a ver a su hermano menor, deseando que accediera a oír la historia de su abuelo. El menor, por suerte para Sun Woo, asintió eufóricamente y Sun Woo levantó las manos en señal de victoria.
— Oh, pequeños, eso pasó hace mucho. Fue hace 84 años.
>>Y aún puedo oler la pintura fresca. La vajilla no había sido usada. Nadie había dormido en las sábanas. El Titanic era llamado el barco de los sueños. Y lo era, en verdad lo era.<<
El día era soleado como cualquier otro. La muchedumbre estaba tan atareada, corriendo de un lado a otro, transportando equipaje y vehículos caros al enorme barco. De uno de ellos, salía un joven que se veía tan lujoso y llamativo como esos coches. De dieciocho años de edad, mirada feroz y hombros cansados, un muchacho se bajó del vehículo camino al acceso de primera clase, dejando atrás a la que ahora era su prometida: Kim Dahyun.
No lo malentiendan, a pesar de la vil mirada de aquel joven que denotaba enorme fastidio, por dentro quería gritar de emoción. Ese barco era asombroso a simple vista y no podía imaginar las maravillas que encontraría adentro. Si tan solo pudiera develar esas maravillas, pero la realidad era otra, aquel pelirrojo sabía lo que le esperaba en ese barco y de pensar en ellos solo quería gritar, salir corriendo y perderse entre las agitadas calles de aquel país y ser libre al fin.
— No veo por qué tanto alboroto, no se ve más grande que el Mauretania. — En el Mauretania no le esperaba un compromiso.
— No sea tan modesto, señorito Park. Mi esposo asegura que es treinta metros más grande que el Mauretania. — Una señora de su misma altura aparece ante él, abanicándose con gracia.
— Señora Kim, no la había visto en todo el viaje. ¿Posee un nuevo transporte del que no soy conocedor?
— Ojalá así fuera, vine con su madre. Su compañía suele ser más agradable que la del resto de personas que me rodean.
— Grandes y muy ciertas palabras, señora Kim. — Park ofreció su brazo a la señora Kim y juntos, entraron al Titanic.
Justo en frente del muelle, en un bar, cuatro hombres se enfrentaban en una partida de cartas donde apostaron todo lo que tenían en mano incluyendo pasajes para el Titanic.
Uno de ellos, de cabellera rubia, jugaba con maestría. Con semblante relajado se fumaba el que podría ser su último cigarrillo en aquel país. Había arrastrado a su amigo a ese juego y por Dios que ganaría.
— No puedo creer que hayas apostado todo nuestro dinero.
— Si no tienes nada, no tienes nada que perder. — Le dio una última calada a su cigarrillo. — De acuerdo, el momento de la verdad está a punto de cambiar la vida de alguien. ¿Hoseok? — El amigo del rubio mostró sus cartas. — Nada bueno ¿Namjoon? — El de cabellos cobrizos muestra sus cartas. — Nada ¿SeokJin? — Muestra sus cartas, analizando las miradas de los otros dos que estaban en la mesa. — Oh, oh, dos pares. Lo lamento, Hoseok.
— ¡¿Lo lamentas, YoonGi!? No me digas eso, ¡apostaste todo nuestro dinero!
— Lamento que no vas a ver a tu madre en un largo tiempo. — La cara de estupefacción de Hoseok era digna de esas fotografías. — Porque nos vamos a América. ¡Tengo full amigos! — El castaño se paró de la mesa y empezó a gritar con los boletos para el Titanic en la mano ¿Quién sería tan tonto como para apostar los boletos de barco? Pues Jin lo era y lo estaba lamentando mucho.
Namjoon agarró a YoonGi del cuello y dijo algo en su idioma natal, levantó el puño. YoonGi ya estaba esperando el golpe. No esperaba que cambiara de dirección y golpeara con fuerza a SeokJin, quien se cayó de su silla desprevenido. YoonGi abrazó a su amigo y entre saltos gritaron: — ¡Nos vamos a América!
— No estaría tan seguro. — El que parecía ser el dueño del bar detuvo su celebración para decir algo de vital importancia. — El Titanic zarpa en cinco minutos. — No esperaron a que siguiera hablando. Salieron del local a toda velocidad, no sin antes recoger el dinero que habían apostado con anterioridad. Todo mientras gritaban cosas sobre la riqueza, el destino, América y gritos de victoria.
— ¡Espere, espere! Pasajeros, somos pasajeros. — YoonGi reacomodó el saco con sus pertenencias sobre su hombro y le extendió los boletos al que vigilaba la entrada.
— ¿Ya pasaron por la fila de inspección?
— Claro y no tenemos piojos, somos americanos, ambos. — El de la puerta hizo una seña y ambos amigos entraron emocionados hasta la zona de tercera clase. — ¡Somos los más suertudos del mundo, amigo mío! — Corrieron hacia *popa* y el rubio empezó a despedirse de todos los que seguían en el muelle viendo cómo el barco se iba.
— ¿Conoces a alguien? — ¿Había alguien que supiera, aparte de él, quién era Min YoonGi?
— Claro que no, pero no importa. — Y siguió agitando su mano de un lado a otro. — ¡Adiós, adiós, hasta pronto, te extrañaré, adiós! — Hoseok no entendía, por qué debería despedirse de gente que no conoce y con quien no tiene relación, pero como bien dicen por ahí: Cuando estás en roma haz lo que hacen los romanos; Y la euforia de YoonGi era muy pegadiza, por eso, con una gran sonrisa empezó a despedirse.
— ¡Adiós, nunca voy a olvidarte!
La vista era espectacular, las aves volaban por encima del gran barco y mientras unos estaban emocionados y con sed de aventura, otros solo querían bajarse lo antes posible de ese infierno.
Popa: Es la parte trasera o posterior del barco. Es el final de la estructura donde va instalado el timón, las hélices, la escalera de baño, etc. También es mencionada como espejo de popa.
¡Empezamos! Esta es la primera historia larga que publico así que espero tengan paciencia con mis actualizaciones. Espero lo disfruten tanto como yo disfruto escribir esto 💛
— Nora
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𝑻𝑰𝑻𝑨𝑵𝑰𝑪 | 𝒀𝑴
FanfictionAtención. Silencio. Grabando. Verlo salir de la oscuridad como un barco fantasma aún me hace estremecer. Ver las tristes ruinas de un gran barco que yacen aquí. Donde terminó a las 2:30 de la mañana del 15 de abril de 1912, tras su larga caída desde...
