Capítulo 3

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Me apetecía estar en la piscina, el agua me relajaba y ahora mismo necesitaba relajarme. Parecía que me había bebido cuatro bebidas energeticas de golpe.

Levin me mandó al gimnasio mientras ellos investigaba de dónde venía ese pago, la verdad es que lo agradecí, pues estaba tan inquieto que me hubiera puesto a pegar saltos en el comedor. No estaba feliz ni nada, solo nervioso, muy nervioso, como cuando notas la adrenalina antes de tirarte des de un acantilado, esa sensación de vértigo. Tenía miedo de equivocarme, de que no fuera ella y de caer en picado y que no haya agua abajo.

Intenté sudar todos esos nervios durante tanto rato... Se me hizo eterna la espera, necesitaba respuestas, siempre ha sido mejor arrancar la tirita de golpe ¿porqué tardaban tanto?

Salí del gimnasio cabreado y me apoyé en la barandilla que daba a la parte de abajo.

— ¿Qué? ¿Cuanto tardáis? ¿Ya está? Decirme algo, coño.

Lydia fue la única que se giró a mirarme, me miró tranquila mientras bebía de su batido de chocolate.

— Estamos corroborando, duchate y cuando salgas a ver si lo tenemos.

Me fui de allí maldiciendo, necesitaba respuestas urgentemente, estaba que me subía por las paredes y no había nada que pudiera calmarme, mi mente evitaba pensar en Sam, aun que era algo tan inevitable como respirar.

Me duché con agua fría, conté hasta cien y me enjaboné el pelo sin prisa, pero con ansias. Daba saltitos en la ducha y no del agua fría. Lavé mi cuerpo con el jabón de Sam, otra vez pensando en ella ¿y si estaba viva? No, no pienses en ello, vamos Hades, céntrate, mente fría, no puedes volver a estar así de mal.

Salí de la ducha minutos después, me puse la toalla en la cadera y me miré al espejo. Me había hecho nuevos tatuajes, uno en el antebrazo y otro en las costillas, necesitaba más por la espalda. Joder, qué manera más estupida de distraerme ¡ahg! Odiaba esperar, las colas y toda esa mierda que se le parezca, no tengo paciencia, en serio. A la mierda.

Me pongo unos pantalones de chándal y una camiseta limpia y bajo descalzo las escaleras, están todos delante del portátil, mirando la pantalla como antes.

— No aguanto más, decirme algo.

Todos me miraron, Andy cerró la pantalla del portátil y yo esperé allí de pie a que alguien hablara, ese alguien resultó ser Lydia.

— Antes que nada, queremos que te relajes e inspires hondo ¿de acuerdo?

¿Eso era buena señal? No parecía serlo ¿lo era? Dios ¿porqué lo retrasaba tanto? Le hice caso para que me hablara ya, necesitaba respuestas.

— Bien, Hades, el pedido se hizo a través de un móvil, propiedad de un chico llamado Dawson, hemos investigado a este chico, está interno en el colegio St. Beatrice, en Roma, Italia ¿te suena de algo?

Ostia puta.

La madre que les parió.

¿Cómo no se me había ocurrido? La habían metido en el puto internado, Sam me había advertido de ello y yo no... Dios, mi amor estaba vivo.

Abracé a Lydia por la cintura y la levanté del suelo, dando una vuelta.

— ¡Eh! Me lo tomo como un sí.

— ¡Sí! Sam me dijo que sus padres la amenazaban con internarla allí ¡joder! ¡Está viva!

— Eso no lo sabes, Hades, calmate. — dijo Levin.

— ¿Que me calme?

Me iba a explotar el pecho, era el subidón de adrenalina más fuerte que había tenido nunca, por fin algo me sale bien, la había encontrado, sabía dónde estaba e iba a ir a por ella, costara lo que costara.

20cm InolvidablesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora