Capítulo 31

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Me paseé por la casa con un donut en la mano y otro en una servilleta, me importaba una mierda lo que dijera mi madre sobre las calorías y sobre que estaba gorda, yo estaba perfecta.

De hecho pesaba menos de lo que debía por mí altura, no llegaba a los cincuenta kilos a veces y medía 1,72m.

En mi paseo por la mansión busqué a mis padres, ya que si empezaba a buscar, no quería toparmelos de sorpresa.

La habitación de mis padres estaba vacía, lo malo es que ahora los guardias habían aumentado. Suspiré y acabé mi segundo donut. Fui dando saltitos hasta la cocina, dónde en teoría no se podía ir, pero me traía recuerdos bonitos.

Como bien había supuesto, la cocina estaba exactamente igual que la de las Bahamas. Sonreí y me senté en la isla mientras las personas iban de un lado a otro.

Un chico con una redecilla en su pelo rizado y oscuro apoyó su codo en la isla para hablarme.

- ¿Necesita algo señorita?

- No, gracias.

- ¿Se ha perdido?

- No.

- ¿Es usted Atenea, verdad?

- Prefiero que me llamen Samantha.

- Vale, pues Samantha ¿necesita que la guíe?

Obviamente estaba intentando ligar conmigo, así que fruncí el ceño y me acerque un poco más a él.

- ¿Qué te hace pensar que necesito que me guíes en mi propia casa?

- El echo de que estás en la cocina.

- Me trae bonitos recuerdos estar aquí. - dije encogiendome de hombros.

- A mi ahora también.

Me reí de su falta de vergüenza.

- Bien, puede que sí seas capaz de ayudarme en algo.

- Lo que necesites.

El chico sonrío de manera angelical y se acercó un poco más a mí, yo, en cambio, me alejé.

- ¿Sabes dónde están mis padres?

- Según sé, su madre está comiendo en el hotel D-Star con unas amigas, tengo amigos trabajando allí, y su padre está en una reunión de negocios en el casino.

- ¿Tienes gente trabajando allí?

- Amigos, sí.

- Entonces sabrás qué está haciendo de verdad.

Su cara cambió de expresión, si antes estaba sonriendo coqueto, ahora me miraba con perspicacia.

- No se te escapa ni una, eh.

- No suele pasar, contesta, por favor.

El abrió la boca para hablar, pero uno de los cocineros nos interrumpió.

- ¡Jesse! ¡O vuelves al trabajo o recoge tus cosas!

- ¡Un momento! Tenemos aquí a un ratoncito curioso.

- Contéstame.

- Yo sólo sé que tiene una habitación allí y la paga en metálico y amigas allí no lleva a ninguna.

Se giró y volvió a su trabajo, yo me quedé procesando la información unos segundos hasta que me levanté y salí de allí.

Caminé hasta la entrada y cuando me disponía a salir, alguien me cogió del brazo y me frenó en seco. Miré quién me agarraba: Walter.

20cm InolvidablesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora