EPÍLOGO

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LA BODA

"- Estoy a punto de la taquicardia.

- Respira hondo y no te desmayes. - me dijo Lydia.

- ¿Cómo hago eso?

- Por la nariz y boca.

- No, lo de no desmayarme, estoy muy emocionada ¿porque hay tanta gente?

- Yo tampoco sé de dónde han salido tantas personas.

Alisé mi vestido blanco para relajarme y secar mis palmas. Me miré en el espejo una vez más y luego a Lydia a mi lado, que me sonreía con su vestido de satén color burdeos.

- Estás perfecta.

- No quiero caerme en mi boda ¿dónde está Levin?

- En el baño, ahora mismo viene.

- Ves a buscarle.

- Voy.

Mis manos temblaron y me miré una vez más en el espejo, admitía que mi vestido era impresionante, el escote en forma de corazón se apretaba a mí como un corsé y hacia que mis pechos destacasen, ayudaba también el echo de que estuviera en lactancia. Mi vestido tenía mangas con transparencias y diamantes por todos lados, brillaba una barbaridad, era voluptuoso por las capas de seda y brillos que llevaba, me sentía como... Una princesa.

La puerta de la habitación se abrió y Lydia apareció con el velo en la mano.

- ¿Levin?

- Ya está esperándote abajo, voy a ponerte esto.

Me agaché y ella me puso el velo blanco de tal forma que no se cayera. Me miré al espejo, madre mía estaba espectacular. Sonreí y Lydia me abrazó.

- Te vas a casar.

- Qué loco.

Picaron a la puerta y las dos nos giramos cuando entró Annie con el ramo en la mano, su pelo anaranjado estaba recogido de tal forma que se veían sus pendientes de brillantes, e iba a juego con Lydia en el vestido.

- Por dios, estás preciosa, una foto, corre, antes de que todos te aborden.

Aunque el fotógrafo ya estaba dentro se la habitación haciendo fotos en una esquina, Lydia nos hizo una foto a Annie y a mí, sus hermanas también estaban en mi boda, cinco cabezas pelirrojas sentadas en fila.

- Ya es la hora.

Todos bajamos entre fotos y flashes, Levin me esperaba en las puertas de cristal polarizado. Justo frente a nosotros una alfombra roja iba directamente al altar, que estaba subiendo dos pequeños escalones, con vistas al lago y las montañas.

- Salmonete, estás espectacular.

- Muchas gracias.

Mis ojos no paraban de mirar a los invitados, la pasarela, la luz, Hades y los árboles que nos rodeaban, todo era perfecto.

- ¿Estás preparada?

Miré a Levin, que me tendía su brazo, yo lo crucé con el mío sonriendo y asintiendo con la cabeza. Los flashes continuaron, pero ya me había acostumbrado. Mis preciosas damas de honor se pusieron por delante y abrieron las puertas, empezó la música y caminamos. Jack y la hija de una de las hermanas de Annie tiraron pétalos, encabezando la marcha.

Todos me sonreían y saludaban, yo no podía quitarme la sonrisa, pero cuando vi a Hades mirándome, sus lágrimas cayendo con una sonrisa en su cara, entonces tuve que apretar los labios para no ponerme a llorar también. Por fin estábamos aquí, donde queríamos estar, juntos.

20cm InolvidablesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora