— Tío, vamos.
Unas palmadas en el brazo me despertaron agitado. Me incorporé y vi que Lydia y Andy ya llevaban sus mochilas en la espalda.
— Hemos llegado, tenemos que ir al aeropuerto. — dijo Levin.
Asentí y cogí mis cosas. Salimos al pasillo y recorrimos el mismo camino por el que habíamos entrado. Ya era de día, el sol estaba saliendo y la luz me hizo cerrar los ojos.
Salimos del barco todos juntos después de darle las gracias al hombre que nos había traído, solo nos faltaba llegar hasta el aeropuerto en taxi.
Nunca había estado en Cuba, una vez mi padre quiso traerme y me prometió que pasaríamos una semana de vacaciones aquí, pero nunca llegamos a hacerlo.
El muelle de Cuba no era muy diferente al de las Bahamas, pudimos coger un taxi justo enfrent, e habían bastantes esperando. Le indique la dirección al conductor y empezamos nuestra ruta. Yo me senté de copiloto.
— ¿Venís de vacaciones? — nos preguntó el conductor.
Era un hombre de mediana edad, con el pelo negro y una sonrisa demasiado amable para mi gusto. Miré a mis acompañantes por el retrovisor y sus caras decían lo mismo que la mía.
— Mas o menos, estamos de viaje mochilero ¿usted vive aquí?
La mejor forma de evadir un tema es preguntando otra cosa.
— Sí, toda mi vida, no me puedo quejar, la verdad es que llego a fin de mes y puedo dar de comer a mis hijos, así que.
Todos nos reímos con él y al parecer la conversación acabó allí. Quedaba bastante para llegar al aeropuerto, iba siguiendo el GPS para que no se desviará, creo que todos lo hacíamos.
En un momento de el viaje nos pilló una caravana. Era inmensa, todos los coches estaban parados y no sabíamos porqué.
— Esto es muy común en el camino del aeropuerto. — aseguró el conductor.
Todos nos miramos entre sí me está mandando el pánico, pero no quería hacerlo ver, íbamos a perder el avión como siguiesemos aquí.
— Bien, nosotros nos bajaremos ya, tenemos prisa e iremos más rápidos caminando. — dije mientras cogía la mochila del suelo.
— ¡Oh, no, no! Quédense, seguro que en seguida volvemos a estar en marcha.
— De verdad que tenemos prisa, pero muchas gracias le pago lo que...
— ¡No, no! Seguro que volvemos en seguida, paciencia.
Ese tío ya estaba empezando a cabrearme ¿de qué iba insistiendo tanto? lo único que queríamos era bajar de ese puto coche.
Saqué de mi cartera un billete de cien dólares y se lo puse delante. Era mucho más de lo que tenía que pagar por sus servicios.
— ¿Tiene algo que decirnos?
Y entonces lo vi, con esa pregunta vi todo lo que escondía el conductor, su cara se transformó en el compromiso de una mentira. Desbloquee la puerta del copiloto y salte fuera enseguida.
Mis compañeros hicieron lo mismo y escuchamos como el conductor nos chillaba desde dentro. Este salió del coche e intentó convencernos para que volviéramos a entrar.
— ¡Amigos, vamos!
— ¡Corred! — chillé.
Me hicieron caso y todos empezamos a correr entre los coches parados, que nos pitaban cuando nos veían. La caravana parecía interminable, pero por suerte solo nos quedaba esa carretera y llegaríamos al aeropuerto. En algún momento alguien disparó y todos nos agachamos.
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20cm Inolvidables
Romance2a parte de 20cm de placer. Después de la trágica muerte de su novia, Hades Johnson sigue en la busca y captura del asesino de su familia y del amor de su vida. No va a dejar el pasado enterrado, sin embargo, después de casi un año de investigación...
