Al día siguiente todo fue tan rápido que casi me da algo.
La puerta de mi habitación se abrió de golpe y me incorporé asustada. Dos personas vestidas totalmente de negro y con pistolas hablaban entre ellos mientras me daban órdenes.
- Manos arriba, no te muevas. - dijo el de la derecha.
- La tenemos, es ella. - dijo el de la izquierda por un walkie-talkie.
- ¿Qué está pasando? - dije.
- ¿Eres Samantha Ferrari?
Asentí con la cabeza sin comprender nada, intenté mirar a través de ellos, por la puerta abierta, a ver si veía las habitaciones de mis compañeros. Ellos me taparon la vista y el de la derecha se puso delante de mí para que le mirase.
- Di quién eres.
Me acerco el walkie-talkie a la boca y pulsó el botón que había al lado.
- Soy Samantha Ferrari.
- Ahí lo tiene.
Segundos después una voz bastante profunda salió de ese aparato.
- Bien, traedla a ella y a los secuestradores, nos vamos, cambio y corto.
- Vamos.
Me cogieron del brazo con fuerza y me levantaron de la cama, iba descalza.
- Voy descalza.
Se pararon en seco en la puerta y miraron mis pies, después de mirarse entre ellos asintieron y me soltaron el brazo.
- Calzate, rápido.
Me senté de nuevo en la cama para coger los calcetines que había tirado al suelo la noche anterior y ponerme las bambas que había dejado los pies de mi cama, mientras mi mente buscaba alguna salida factible que no conllevase la muerte de mis amigos o la mía. No entendía demasiado bien qué estaba pasando, pero llegue a la conclusión de que mi padre nos había encontrado y que se pensaba que me habían secuestrado. Era la única explicación medio lógica que se me había ocurrido. Hasta que no sé demostrase lo contrario, yo era la víctima.
Mientras me ataba los cordones de los zapatos de gracias a mí pereza por no haberme quitado la ropa interior al ponerme el pijama. En un gesto disimulado, me quité el anillo de compromiso y lo guardé en el sujetador, era una prueba de que estaba de parte de Hades.
- ¿Ya?
- Sí.
- Vamos.
Ahora sí, todos salimos de la habitación y me llevaron hasta los ascensores, donde bajamos hasta abajo y en la recepción habían cinco agentes iguales, vestidos con mis amigos al lado, esposados. Yo no iba esposada, solo me cogían del brazo y me arrastraban junto a ellos.
Las miradas que todos nos echamos fueron de advertencia, yo intenté tener la mirada confundida y asustada, como si no supiera qué pasa.
- ¿Y ahora qué? ¿Otra vez me llevaréis a Roma? - dije medio lloriqueando.
Los guardias que me llevaban me condujeron hasta fuera, donde un coche negro blindado nos esperaba detrás de otro exactamente igual. No me dijeron nada ni respondieron a mis preguntas hasta que no estuvimos dentro de ese coche.
Me senté en los asientos de cuero y ellos se sentaron delante de mí, sacaron una tablet y me la mostraron mientras el coche iba en marcha.
Apareció una pantalla en negro con la típica rueda de cargando y esperé hasta que se me heló la sangre al ver la cara de mi padre en ella. Mi expresión debía de ser un poema abrir tanto los ojos que parecía que se me iban a saltar en el cualquier momento. La cara de mi padre parecía incluso de alivio, así que intente copiarle el gesto.
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20cm Inolvidables
Romance2a parte de 20cm de placer. Después de la trágica muerte de su novia, Hades Johnson sigue en la busca y captura del asesino de su familia y del amor de su vida. No va a dejar el pasado enterrado, sin embargo, después de casi un año de investigación...
