Capítulo 18

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POV. HADES

Dolía como si me quemaran por dentro. La abracé con fuerza y ella se derrumbó en mí. Nos sentamos en el suelo, apoyé mi espalda en el armario y ella, entre mis piernas, sollozó sin control lo que me parecieron horas.

Acariciaba su pelo y retiraba el que se quedaba pegado en sus lágrimas. Vi cómo cogía su muñeca con la mano, allí donde James la había agarrado.

- Déjame ver. - le susurré, apartando su mano.

Tras insistir, al final desistió y dejó que viera su muñeca, estaba roja y los dedos de ese desgraciado le iban a dejar moretones. Recordé entonces lo que Levin me había puesto en la mochila.

La acerqué con el pie y rebusqué hasta encontrar esa crema lila para los moretones. Cómo Levin iba a ser padre, ya se estaba agenciando algunas cosas para niños, entre ellas, esta crema para los moretones.

La pasé por todas las marcas y sus llantos disminuyeron mientras me veía cómo curaba sus heridas.

- Con suerte no te dejará marcas.

- Gracias. - susurró.

¡Habla! Un alivio recorrió mi pecho, menos mal, empezaba a pensar lo peor.

- Me he asustado mucho, tú siempre has sido de las que no se quedan calladas.

- No... No sé qué ha pasado.

- Sabes defenderte y lo has hecho.

- Me sentía fuerte, tú me das fuerza, yo no hubiera podido hacer nada de no haber estado tú.

- Lo dudo mucho princesa, sé lo fuerte que eres.

- Pues yo no.

Su pecho volvió a contraerse para empezar a llorar de nuevo. La abracé y sollozó de nuevo. Esto me pintaba muy mal, mi mente estaba especulando muchas cosas, necesitaba que hablara conmigo, porque si no iba a matar a alguien y James tenía todas las papeletas.

- Sam, has de contarme qué pasa.

- Es un puto abusador Hades... Le odio, antes no lo veía, qué tonta.

Cogí el pañuelo de tela que compré para la fiesta en su casa de las Bahamas de la mochila y se lo tendí.

Está lavado, no os asustéis.

Se limpió la cara como pudo y quiso incorporarse, así que aflojé el abrazo y ella se quitó la sudadera. Se quedó en sujetador negro y me dio la espalda. Ahogue una exclamación al ver todos los moretones que tenía allí, también había quemaduras. Tenía la espalda amarillenta por algunos sitios, moretones de hace un tiempo, pero otros eran lilas y azulados...

- ¿Qué...?

- Cada vez que me negaba a acostarme con él... Me...

Volvió a sollozar y no pudo acabar la frase. Me atreví a acariciar su espalda dolorida y cuando paró de llorar volvió a hablar.

- A veces solo me empujaba para que me cayera al suelo, pero otras... Me obligaba a hacerle cosas y él me tocaba y...

Una arcada se le formó entonces. La cogí en brazos y la llevé corriendo al baño, donde vomitó todo el alcohol y la comida.

- Perdona, qué asco.

Tiró de la cadena y yo hurgué en mi neceser.

- No pasa nada.

Le tendí un cepillo de dientes y ella me miró interrogante.

- Es tu cepillo de dientes, nosotros vivíamos juntos.

20cm InolvidablesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora