Capítulo 10

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-¡Por favor hija! Debes despertar- podía escuchar a mi madre como si se encontrara muy lejos de mí. Hablaba con la voz entrecortada y mi padre lloraba.

-Señores debemos hacerle unas pruebas más, les pedimos que se retiren.- ¿Pruebas? ¿De quién era aquella voz?

Mi cuerpo dolía como si me hubieran roto todos los huesos de mi cuerpo, mi garganta estaba extremadamente seca pero por algún motivo que desconocía no lograba que mi cuerpo respondiera a lo que mi cerebro le decía. ¿¡Qué es lo que me está pasando?! No quiero seguir durmiendo, pero también estoy sintiendo una paz que nunca había experimentado y eso no colabora a que yo pueda abrir mis ojos.

-Nena tienes que luchar por tu vida, tenéis que darnos una mano.- una voz femenina hablaba a mi oído. Mi madre no era pero mis ojos se sentían demasiado pesados para que pudiera abrirlos y lograr entender que rayos estaba ocurriendo

-Por favor Sam, no te mueras- la voz de Derek sonó fuerte y claro muy cerca de mí, se notaba como si hubiera estado llorando. Tomó mi mano y me besó la frente tan cálidamente que sentí que el alma me volvía al cuerpo.

-¡¿Qué carajos!?- me desperté sobresaltada y agitada en medio de la madrugada. El sueño era el mismo que la vez pasada, solo que no entendía por qué esta vez Derek estaba allí conmigo y por qué su beso me hizo sentir tan bien. Maldita seas Derek Sanders.

En ese momento mi celular vibró y leí que tenía mensajes en el grupo de mis amigos preguntando cómo estaba y que era lo que había ocurrido. Decidí responder con un simple <<estoy bien, un idiota me drogó pero Derek me llevó al hospital enseguida. Ya estoy mejor>> Pero luego vi que tenía otro mensaje. Era Derek y me lo había enviado hace pocos minutos.

No puedo dormir, te veo en 5. DS

Aun no entiendo por qué sigue poniendo sus iniciales si yo lo podía agendar pero ya que. ¿Verme en 5? ¿En dónde? Pero mi respuesta fue contestada, alguien tocaba a mi puerta por lo que pude suponer que era él. Pero igual abrí la puerta con precaución.

-¿Cómo has hecho para entrar sin que te vieran?- empujó la puerta y al entrar se sentó en mi cama.

-Dicen que hay seguridad pero se la pasan durmiendo asique es fácil.- mientras hablaba yo cerraba la puerta y me senté en la cama de al lado.-No muerdo.- me hizo señas para que me acercara a él.

-Prefiero quedarme aquí- contesté poniéndome cómoda.

-Como quieras.- revolvió su pelo y volvió a mirarme.

-¿A qué debo tu visita?- pregunté alzando una ceja.

-No podía dormir y por alguna extraña razón mis manos te enviaron ese mensaje asique ahí tienes tu respuesta.

-No te creo pero la aceptaré igual.- cuando me dispuse a acostarme y taparme, Derek se acercó a mí, me corrió y se acostó junto a mí.- ¿Qué es lo que haces?- Nuestros cuerpos estaban completamente pegados pues las camas habían sido diseñadas de forma diminuta, algo que en esos momentos me molestaba mucho. Yo estaba de espaldas a él por lo que podía sentir su respiración en mi cuello.

-Shh, solo quiero estar en silencio- susurró.

Su mano abrazaba mi cintura por debajo de mi blusa. Yo me encontraba dura como una roca, no sabía qué hacer o decir y la situación me estaba poniendo muy incómoda. Pero debo admitir que otra parte de mí lo disfrutaba, nunca me había sentido así antes.

Sin siquiera pensarlo, me di media vuelta y quedé frente a él. Tenía los ojos cerrados y por primera vez lo tuve más cerca que nunca. Podía ver la perfección e imperfección de su rostro. Mis ojos lo recorrieron con cariño pero también con curiosidad de saber cómo se sentiría su piel, sus labios. Tenía unas pestañas hermosísimas y algo envidiables. Sus labios eran del rosado perfecto. Mis manos se posaron sobre su cabello y lo acariciaron hasta llegar a su nuca. Dios, su pelo era perfecto. Él lo era.

Derek abrió lentamente sus ojos y ambos permanecimos en silencio por unos minutos. Nuestros ojos se miraban pero a la vez recorrían el rostro del otro. Su brazo izquierdo estaba debajo de su cabeza y con su mano derecha corrió un mechón de pelo que había caído sobre mis labios. Sentí la yema de sus dedos rosarlos para luego acariciar mi oreja. La tensión se cortaba con cuchillo y nuestras respiraciones empezaron a acelerarse poco a poco. Su mano volvió a posarse sobre mi cintura pero esta vez para acercarme más a él hasta que nuestros labios quedaron a centímetros de pegarse.

-No haré nada que tú no quieras- soltó.

Por un impulso, junté mis labios con los suyos hasta que el aire no pudiera pasar. Eran suaves como la piel de un bebé. Rápidamente él me siguió la corriente y nuestras respiraciones se aceleraron como nunca. Mordió mi labio inferior y un leve gemido salió de mi boca. Este chico me estaba consumiendo por completo, no podía permitirlo pero no quería que este momento terminara. Noté como me pegaba más a él y justo cuando se posó enteramente sobre mí hasta quedar yo por debajo de él, lo frené.

-Esto está mal- dije odiándome por hacerlo pero era lo correcto.- Lo siento, no puedo hacerle esto a Fernando.

-Como quieras.- Derek se separó y se puso de pie para volver a ponerse su camiseta y pantalones. Su voz se notaba enojada.

-¿Por qué te enojas?- yo me encontraba de brazos cruzados parada frente a él en mi camiseta de negra.

-Me enoja que le sigas creyendo sus mentiras.- gritó y se paró enojado y se dirigió con rapidez a la puerta.

-¿De qué carajos estás hablando?- que me haya gritado me había enfurecido muchísimo.

-¡Él te engaña Samanta!- se giró para verme y en sus ojos se podía ver toda la furia del mundo- Pero eres una tonta que sigue bajo sus malditos pies.

-¡A mí no me grites y menos me digas que soy una tonta!- me acerqué y le di una bofetada que retumbó en todo el dormitorio. Derek me agarró del brazo y me miró. Supe en ese momento que la había cagado. Sus ojos brotaban de una furia que se veía desde lejos.

-Y a mí no me pegas- dijo por lo bajo.

-Me estas lastimando- mi cara demostraba dolor. Me estaba apretando con fuerza el brazo. Por lo visto se dio cuenta rápido porque me soltó enseguida y luego se fue de allí. Cerró la puerta tan fuerte que di un salto del susto.

Maldito hijo de su madre, quién se cree para gritarme y lastimarme así. Mis amigos tenían razón, era un maldito idiota que sólo sabía lastimar a las personas que había en su vida. Jamás lo había visto tan enojado pero si sabía que esa situación no se volvería a repetir. No pensaba dirigirle ni la mirada, y más le valía dejar la clase de Arte contemporáneo porque si no sería yo quién la abandonaría.

Caí arrodillada al suelo y tapé mi rostro con mis manos. Sentía como las lágrimas recorrían mis mejillas y caían como gotas al suelo. Puse una comprensa fría en mi brazo para evitar hinchazón y un posible moretón en la mañana. El sol entraba por las rejillas de la persiana detrás de mí llenándome el cuerpo de calor. Lavé mi cara en el lavabo y me prometí a mí misma no dejar que ningún hombre me tratase así de nuevo. Lamentaba haberle lanzado aquella bofetada, sabía que eso había sido incorrecto, pero que criticara mi relación no era de su incumbencia.

Me duché y cambié mi ropa para prepararme para asistir a clase. De la mejor forma disimulé toda mi furia y ojos hinchados por primera vez con maquillaje y me dispuse a empezar mi día de la mejor manera posible. Ese maldito idiota no me jodería la vida.

Adicta a ti - En FísicoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora