-Bienvenida de nuevo a casa hija.
Cuando mi padre abrió la puerta los recuerdos rápidamente llegaron a mi mente. Una Sam de 5 años correteando por doquier. La rebelde y adolescente Sam, cocinando galletas con su madre por la tarde y drogándose en la sala de estar por la noche con sus amigos.
Volver traía sus recuerdos, pero a la vez, lo necesitaba. Extrañaba mi cuarto, el cual mis padres se dedicaron a mantenerlo tal y como lo recordaba. Extrañaba los olores. Pero lo que más extrañaba era tener a mis padres cerca con su café matutino y sus rutinas de yogas a la tarde.
-Hogar dulce hogar. –dije tirándome sobre mi vieja cama.
Minutos después mi madre se asomaba por el marco de la puerta.
-A partir de mañana deberás asistir todos los días sin falta a la iglesia del señor Ramón.
-¿Por?
-Tiene un grupo de rehabilitados, y accedió a que te unieras a ellos.
-Okey. ¿A qué hora?
-A las ocho de la mañana.
***
Tal y cómo fue anunciado por mi madre, a las siete y media ya me encontraba lista para asistir a mi primera reunión.
-Recuerda que paso por ti a las once cuando termina.
-Sí, mamá.
Ella me dejo sus clásicos besos en mi frente y me bajé del auto.
Al entrar, pude notar muchas personas con edades diferentes pero mismo propósito. Había cinco adolescentes, siete jóvenes adultos, entre los cuales entraba yo, y finalmente cuatro adultos. Me sentía como en las películas, en donde te sientas, te presentas y todos al unísono dicen << Hola Sam>>
Me senté sola, un tanto alejada del grupo hasta que Ramón dio inicio al acontecimiento.
-Buenos días a todos, hoy me gustaría presentarles a Samanta.
Saludé con mi mano desde mi posición.
-Hola Samanta- como me imaginé, todos dijeron eso al unísono.
-¿Por qué no pasas al frente y te presentas?
Ramón me señaló el lugar donde él se encontraba y con mi mejor cara me acerqué.
-Hola, mi nombre es Sam, tengo veinte años y tuve una recaída luego de cinco años sin consumir.
Todos pusieron su cara de lástima y yo volví a mi lugar algo avergonzada por haber tenido que presentarme.
-Esperamos que puedas rehabilitarte perfectamente aquí Sam.- anunció Ramón.
La sesión duró hasta las diez y media, ya que los treinta minutos restantes nos los dejaron para que podamos desayunar de la barra que habían preparado.
Había termos con café y chocolate caliente, galletas de todo tipo y tostadas. Yo solo me digne a tomar un poco de café debido a que mi madre ya me había obligado a comer antes de salir de casa, por lo que mi apetito no estaba muy latente.
Pero mientras disfrutaba de aquel café con un sabor un poco extraño, pude ver a un chico rezando en la primera fila de bancos. Sin hacer ruido para evitar molestar, me senté a su lado y esperé a que terminara sus plegarias.
-¿católico?- pregunté con la vista al frente.
-Algo así.
-Soy Sam, mucho gusto.
-Mason.
Ambos nos estrechamos las manos y mientras él revolvía su cabello, me quedé anonadada con tal belleza. Era bastante algo, y logré darme cuenta por el largo de sus piernas. Rubio de ojos celestes. Mandíbula bien definida, lo cual me generaba cierta fascinación visual. En su oreja izquierda, tenía un aro estilo argolla pequeña color plateado y ambas manos tatuadas con rosas en blanco y negro. Llevaba una camiseta negra de nirvana y unos jeans negros rotos en las rodillas. En los pies, usaba botas negras. Todo su ser daba una imagen contraria a un católico, pero no hay que juzgar a un libro por su portada ¿verdad?
-Y... ¿hace mucho tiempo que estás en el grupo?
-¿Cuál grupo?
-Creí que venias a rehabilitarte por drogas.
Metida de pata nivel Dios.
-¿Crees que luzco como un drogadicto?
-No, no quise decir eso solo que...
-Mira, debo irme, suerte con tu grupo.
¿Okey? Creo que mi metida de pata no fue para tanto pero allá él. Aunque me recordaba un poco a Derek.
Samanta olvídate de Derek.
Tratando de recomponerme, salí de la iglesia y vi a mi madre en estacionada en frente esperándome.
-¿Y? ¿Qué tal te ha ido?
-Bien.
-¿Sólo bien?
-Sí mamá, ¿Qué más quieres que diga?
-Está bien, tomaré ese bien como perfecto.
-Okey.
Ambas volvimos a nuestros pensamientos y permanecimos todo el viaje calladas.
No quería ser mala ni contestarle mal, pero qué esperaba como respuesta, no iba a un parque de diversiones, iba a una iglesia a contar mis desgracias.
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Adicta a ti - En Físico
Novela JuvenilSamanta Wills es una joven universitaria que ha llegado a San Francisco con la meta de obtener su título como Diseñadora. Sin embargo, su vida dará un giro inesperado tras conocer a Derek Sanders, el hombre del que todas sus amistades le aconsejan a...