Patillas no había ocupado de nada más allá de su carisma para introducirse en el día a día de Saúl y Mark. Se volvieron cercanos con tanta facilidad que los había comenzado a incluir en sus actividades cotidianas.
Ese día tocaba comprar ropa en rebaja, y sus dos amigos aceptaron acompañarlo de inmediato.
—Se pasan de buenos, la verdad —les dijo Epifanio, tratando de encontrar algo de su talla entre un bulto de ropa que estaba al cincuenta porciento de descuento.
—Cuando quieras, Patillas, para eso estamos los friends —sonrió Saúl, mirando la lista con las tallas de ropa de las hermanas de Epifanio, pues también debían buscar ropa para ellas.
—Si ven algún calzón de mi talla, me lo traen —les pidió Patillas, sin dejar de buscar.
Mark no hacía más que meter las manos en el enorme bulto de ropa y sacar lo primero que tuviera textura suave. Con esa técnica ya había encontrado tres blusas para las hermanas menores de Patillas.
La tienda de ropa estaba llena de personas, en su mayoría mujeres y los hijos de éstas, que no paraban que gritar y correr de un lado a otro.
Saúl solo había podido conseguir un par de calcetines, dos faldas y una camisa. En un momento tuvo bajo su poder un pantalón, pero una mujer se la arrebato sin más.
Comprar ropa no era algo sencillo, y de no haber acompañado a Epifanio, nunca se habría dado cuenta de eso, pues Saúl no podía recordar la última vez que se compro ropa.
Claro que no ocupó de nada para imaginar escenarios en los que era millonario y sin problemas se compraba la tienda entera por pura diversión.
Fueron a pagar cuando la cantidad de mujeres aumentaron y una de ellas intento quitarle un par de blusas a Mark, siendo éste quien le dió una sonora palmada en la espalda a la señora para que lo dejara en paz.
Mark tampoco conocía lo desgastante que podía ser comprar ropa en rebajas, pero, al contrario de Saúl, él no lo sabía porque nunca compraba su ropa en rebajas.
—Creo que un niño me mordió el tobillo —comentó Saúl, cuando iban saliendo de la tienda—. No alcance a verlo, así que no puedo descartar que halla sido una señora.
—A mi una mujer me pellizco el brazo —añadió Mark, mostrando las pruebas. Tenía una gran marca roja arriba del codo.
—Y eso que no han venido a las rebajas de diciembre —dijo Patillas, con una sonrisa—. Hay veces en las que tienen que llegar los de seguridad porque las personas se agarran a golpes.
—Al menos llevamos lo necesario, ¿no? —preguntó Saúl, mirando las bolsas llenas de ropa que llevaba cargando Patillas.
—Pues sí —asintió Epifanio—, ahora solo queda evitar que mis hermanas se maten por ver quién se queda con las blusas de princesas.
—¿Que tan difícil puede ser? Solo diles que se quedarán con la ropa que es de su talla —apuntó Mark.
—Creo que no entiendes, Mark. A mis hermanas les da igual si algo les queda gigante o apretado, con tal de que éste bonito —explicó Patillas, encaminándose a una banca que estaba al lado de otra tienda de ropa.
Los tres tomaron asiento, sin prestarle atención a una pelea a golpes que se estaba llevando acabo dentro de la tienda que tenían al lado.
Todavía faltaba una semana para que empezará diciembre, pero ya se podía sentir el espíritu navideño. Todo el centro comercial estaba adornado con esferas y carteles que hacían alusión a la fecha, incluso había un enorme pino de navidad en la entrada y un pequeño espacio dedicado para que las personas se tomarán fotos usando gorros navideños y orejas de elfos. El frío también ayudaba al ambiente navideño.
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Dums in love!
Novela JuvenilHay ocasiones en las que el trabajo no te permite desarrollarte en algunas áreas de tu vida y, en el caso de Saúl, su trabajo es ser amo de casa. Cuidar de su sobrino de apenas tres años, preparar la comida y mantener su hogar impecable son algunas...