Del amor nadie puede escapar.
—El amor también es una jaula sin salida.—comentó el taxista, muy de acuerdo conmigo, dejándome más que sorprendida.
Ahora debía enfrentar a Nelson, no había vuelta atrás.
Y pensé que la vida es un laberinto.
Un chiste de mal gusto; donde quieres jugar y la vida te enseña a como jugar, pues ella sí que sabe mover bien sus fichas y ganar la partida. Siempre gana, ella sabe el destino y nos usa como espectadores que siempre apuestan al que gana.
Y ahí estaba Nelson, a la espera en las escaleras que llevaban al segundo nivel de su nuevo apartamento, había hecho ya su propia casa, la medicina le había generado más de lo que pensó alguna vez y sentía un inmenso orgullo por el, aunque nostalgia por mi, que sólo había terminado el instituto. Vestía unos jean corto muy pegado y una camiseta roja que le hacía ver extremadamente sexi.
—Hola guapo.— dije guiñándole un ojo.
El me brindó su perfecta sonrisa y sentí palidecer y luego mi cuerpo se sentía ardiente, algo que era raro.
—Hola preciosa, por cierto hoy lo estás más que nunca.— comentó y me envolvió en un cálido abrazo.
Parecíamos parejas de toda la vida, como si nos hubiéramos comprometido, el ambiente era así; como si hubiera algo que nos uniera y Nelson no se había molestado en buscar a alguien, algo que me hizo sentir más que especial, pues en aquella ciudad habían miles de chicas mucho más guapa y ejemplares que yo, de su tipo y gusto, ¿era suficiente para el? Ni siquiera tenía cómo llenar su expectativa.
—Ya cállate y bésame.— respondí entre carcajadas.
Me observó unos instantes, y la risa poco a poco desapareció de nuestros rostros.
Cerré los ojos y sentí sus brazos rodeándome con fuerza mientras que sus labios se posaron en los míos con extrema gentileza, con miedo. Correspondí intentando desaparecer el gran temor a enamorar y darme una oportunidad, como había dijo Ashley, aunque recordé también lo que había murmurado el taxista y temí a estar así; prisionera sin salida alguna, ¿aunque de lo bueno quien quiere librarse? Nadie.
En ese beso logró transmitirme todo lo que sentía, no solo sus sentimientos sino también su alma entera; miedos y alegría, secretos y dudas. Todo.
Al notar mi aceptación, poco a poco se intensificó el contacto.
Nuestras bocas se movieron, coordinadas por un lapso de tiempo que me pareció eterno y dulce. Aunque al mismo tiempo tan intimo y profundo como la más especial noche de bodas. Lo aparté y desesperadamente desabroche su camiseta, acaricie su pecho suavemente y deje uno que otros besos provocando suspiros de su parte.
Me cargó en sus brazos y me llevó a su habitación, como en esas bodas, esas escenas que solo en película creía que siempre vería pero hoy viví una experiencia diferente; comenzaba a conocer el amor y me había dado buena bienvenida.
Quise argumentar pero me silencio posando sus dedos sobre mis labios, —No hay nada de que hablar, ya sabemos lo que queremos.—
Me dejó en su cama, allí tenía preparada unas copas de vino, se sentó a mi lado y compartimos un poco de nuestras vidas, detalles que habíamos saltados pero nos habíamos puesto al día.
Me sentí como en años no me habían hecho sentir; completa.
La vida me había abofeteado fuertemente, pues juzgue a Nelson y le taché como nerd, pero jamás imaginé que pasar una semana con el, podría haberme llevado a tal nivel.
Nelson llevó sus manos a mis mejillas y las acarició, haciéndome estremecer al contacto.
—Hagámoslo despacio esta vez.— murmuró muy cerca de mi rostros.
—Como si fuera el final de nuestras vidas.
Llevé mis manos a su cuello y lo empujé hacia mi, estampando mis labios sobre los suyos, y sintiendo lo suaves que estaban, lo profundicé más, deseando nunca apartarme de ellos. Caímos suavemente sobre la acorchada cama y debajo de las sábanas hicimos la rara cosa que todos llaman "Amor".
Sabía perfectamente que mi vida había dado un giro inesperado y que también yo, me había dispuesto a permitirlo.
Nos quedamos en silencio luego de tener sexo, yo posé mi cabeza sobre su pecho, él me acariciaba y con cada una de sus caricias me hacía entender y saber que estaba realmente refugiada y una nostalgia me atrapó, consiguiendo que una lágrima rodara por mi mejilla.
—¿Por qué lloras, a caso hice algo mal?— preguntó un tanto preocupado, mirándome de una forma distinta a las demás ocasiones en las que habíamos tenido sexo.
—Mal hice yo todo este tiempo.— murmuré.
—No es así, te equivocas.
—No me había detenido a pensar que, el sexo no es primordial ni lo más importante, —hice una pausa y sequé mis lagrimas— las noches de cine si lo son, una relación amorosa que sepa comunicarse lo es, sí que lo es.—
Nelson dejó escapar un suspiro y habló.
—Necesitamos alguien que haga un poco más especial nuestras vidas, que nos complete y eso no es dependencia emocional.
No me atreví a decir algo más. Besé sus labios solamente, muy a gusto con su sabor.
—Feliz noche princesa.—dijo.
Y en muchísimas noches, conseguí dormir con inmensa tranquilidad.
Nota del autor:
Como que mucho amor ¿cierto? Ahahaha esto es romance también, así que es válido.
Muchas gracias por leer. Y no, no es el final de la historia, aún falta más y te invito a quedarte, a ti querido lector. Besos.♥️
—Julio Martínez.
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Una semana con el Nerd {+18}
RomanceAlgo pasa cuando dos personas de sexos opuestos se encuentran a solas, encerrados en una casa y, en cierto tiempo, cosas grandes tienden a suceder. Uno de los dos debe disponerse y hay casos en el que el hombre no es quien siempre toma la iniciativa...