El trastorno de identidad disociativo comúnmente llamado personalidad múltiple es como si varias personas conviviesen dentro de un mismo cuerpo.
Aquí narro mi día a día en este cuerpo relatado en historias cortas. Demostramos que no somos lo que el...
Los días pasaban y ya llevábamos casi dos meses juntos conviviendo en esta aventura que llamábamos vida. La creación de nuestra sala había sido un éxito y ahora nos veíamos a menudo para hablar y para que Óscar me ofreciese los mimos que hasta entonces no había obtenido de ningún modo. En el trabajo las cosas nos iban bien dentro de todos los problemas que se nos proponían cada día y prácticamente pasaba yo todo el tiempo al control del cuerpo ya que parecía que él no estaba demasiado cómodo en este cuerpo.
Un día sin esperarlo ocurrió algo que me dejaría muy contrariado. Perdimos ambos el control mientras estábamos en aquella fábrica, retomando la conciencia en mitad de la calle fuera de aquel lugar que nos encerraba y sin dudarlo traté de preguntarle:
-No lo sé, pensé que nos habías traído tú y te iba a preguntar lo mismo.
-Yo no he venido hasta aquí en ningún momento, pensaba que habías sido tú.
-Yo no he sido...
-Entonces... ¿Qué ha pasado? ¿Ambos hemos perdido el control?
-No lo sé, de verdad... me temo que se nos ha ido de las manos y no hemos controlado lo que hacíamos quizá.
Yo sabía que aquella situación era atípica y no era posible que alguno de los dos se hubiese movido a aquel lugar sin darnos cuenta. Tampoco sabíamos como habíamos llegado hasta ese lugar y con dificultad siquiera podíamos recordar que es lo que nos había llevado hasta ahí.
El día laboral transcurrió con normalidad hasta ese momento y continuaría haciéndolo hasta más tarde, camino ha hacer la compra donde algo extraño volvería a ocurrir.
Mirábamos unos chicos con un extraño sentimiento de deseo sexual, atracción por lo que hasta entonces no nos había producido ningún deseo, estábamos mirando un grupo de chicos camino a la compra que paseaban riendo.
-¿Por qué los miramos así?
-Tampoco lo sé, hasta ahora solo había tenido deseos similares con el sexo femenino pero esto me está dejando desconcertado.
-¿Acaso... acaso ahora hemos despertado un deseo homosexual hasta ahora desconocido?
Seguíamos mirándolos con lujuria y excitación pero sin previo aviso de repente dejamos de sentirlo y volvimos a mirarlos con indignación por el espectáculo que estaban ofreciendo de insultos entre ellos y risas desenfrenadas.
Nos sentíamos contrariados y no encontrábamos explicación a aquello que nos acababa de ocurrir igual que cuando aparecimos en mitad de la carretera. Era un sentimiento extraño y por mas que buscábamos dar algún sentido nos dábamos cuenta de que cada vez se estaba volviendo mas difícil encontrarlo. Nos sentíamos solos ante un cambio que no podíamos argumentar de ningún modo.
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¿Y qué si habíamos sentido atracción sexual por unos instantes? ¿Era tan malo haber pensado en esas acciones lujuriosas con una persona de nuestro mismo sexo? ¿Acaso no teníamos claro lo que nos atraía y lo que no?
Sin más proseguimos en nuestro viaje y al llegar al supermercado volvería a ocurrir algo igual de extraño.
Estábamos haciendo la compra tranquilamente cuando de repente notamos una necesidad irrefrenable de comprar chocolate, simplemente no podíamos evitarlo y sin pensarlo dos veces compramos una de esas pastillas grandes que tanto nos estaba atrayendo comprar.
-Nunca había sentido tantas ganas de comer chocolate -me dijo un poco contrariado.
-Yo tampoco, es como que lo necesitamos como si de una droga se tratase.
-Supongo que no es más que un antojo pasajero, compraremos y nos lo comeremos para calmarnos.
Pero aquella pastilla estaría allí varios días sin tocarla y cada vez que la veíamos nos acordaríamos de aquel momento. Yo no dejaba de pensar que es lo que había ocurrido aquel día pero no tardaría en tener una idea conceptual de lo que estaba ocurriendo, una idea que me llevaría a dar un paso adelante para tratar de forzar una situación que nos cambiaría la vida del todo a partir de aquel momento.