El trastorno de identidad disociativo comúnmente llamado personalidad múltiple es como si varias personas conviviesen dentro de un mismo cuerpo.
Aquí narro mi día a día en este cuerpo relatado en historias cortas. Demostramos que no somos lo que el...
¿Por qué esta rabia? Jamás me había sentido de ese modo.
Tras la vuelta de G todos estuvimos mas compenetrados que nunca pero sin embargo mi depresión no hacía más que aumentar, no me encontraba nunca bien y eso se veía reflejado en mi día a día. La que por entonces era nuestra pareja, una muchacha que vivía a miles de kilómetros de nosotros y que solo mantenía el contacto online nos había empezado a dejar un poco de lado y yo me volvía a sentir solo.
Levantarme cada día ya era una dura tarea y más aún mantener el buen humor pero lo conseguía gracias a la ayuda de Leaf y Orión que siempre estaban atentos a mí y me hacían sentir muy acompañado.
Llegó el día de la visita a nuestro psiquiatra, una cita a la que nunca faltaba y esta no iba a ser la primera vez. Llegué allí y como siempre nos preguntó como estábamos a lo que le contesté que estaba sumido en la oscuridad, adolorido pero sin heridas físicas y que no me encontraba con fuerzas para continuar mucho más tiempo.
Ella siempre nos trataba con mucha delicadeza y con tacto ya que no quería producirnos ningún mal estado pero ese día no era como el resto. Anteriormente ya nos había propuesto ingresar en el hospital como un interno para que pudiesen cuidar de nosotros pero nunca lo había tenido en cuenta sin embargo aquel día parecía más insistente que de costumbre, nos estaba casi forzando a entrar en aquel lugar que yo no deseaba ver como mi hogar.
La ansiedad pudo con nosotros aquel día, nublándome por completo y forzándome a recogerme en mi mismo sin querer mantener el contacto directo con mi exterior. Nos pusieron dos inyecciones cuyo contenido no recuerdo para que pudiésemos calmarnos y más tarde volver a dialogar con nosotros. Ciertamente algún efecto hizo cuando empecé a estar mas calmado pero algo no funcionaba como otras veces.
Escuchaba que me hablaban pero no entendía del todo lo que me decían, era como si de repente hubiese desaparecido en mí el don del habla, como si todo lo que sabía se hubiera esfumado
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Comencé a sentirme libre, libre como si no tuviese restricciones humanas, libre como se sentiría un autentico animal en zona abierta.
De pronto una voz conocida se acercó a mí, era mi psiquiatra que trataba de comunicarse conmigo y pude tomar la determinación de no atacarla como había estado haciendo con el resto de enfermeras que se acercaban a mí.
Lo siguiente que recuerdo fue tomar conciencia y notar como nos estaban introduciendo un bastoncillo largo por la nariz, muy desagradable y que dolía. Tras esto solo nos hicieron cambiar de ropa para ponernos un atuendo mas acorde al lugar al que estábamos a punto de ir e introducirnos en aquellas habitaciones.
No sabría que había pasado hasta llevar unos días allí y darme cuenta de todo lo ocurrido.