Capítulo 3

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Anastasia.

—Señorita Steele—Me despierta una voz familiar.

—Buenos días, Susan.

—Buenos días, señorita.

—Eres como una segunda madre para mi y sigues siendo formal.

—Lo sé niña, pero a tu madre no le gusta que te tuteé.

—Sabes que estamos solas ahora, no tienes porque hacer formalidades.

—Esta bien Ana, tu desayuno ya está listo. Cuando estés aseada podemos irnos, tus padres no están.

—Perfecto, gracias. 

Susan es la única que sabe que mantengo una relación con José, me descubrió un día y decidió callarlo por el cariño que me tiene.

Termino el desayuno y me dirijo a la ducha. Al bajar Susan ya está esperando y nos dirigimos a un parque que esta lejos de mi casa, es más de una zona un tanto pobre. José ya está ahí esperándome con esa sonrisa que me enamora. Saluda y me da un tierno beso.

—Me haces tanta falta Ana, me moría por verte.

—Ah, ¿si?— Le lanzó mis brazos alrededor de su cuello—Bésame.

—Como usted diga señorita—Me besa de una forma tierna, pero sus besos nunca duran mucho. Al poco tiempo se separa.

—¿Qué hiciste en Portland?

—Ya sabes negocios, tengo que ganarme la vida—Siempre se niega a hablarme de esos negocios a pesar de mi insistencia.

—¿Seguirás sin decirme sobre tus negocios?

—Eres lo más valioso que tengo, ¿sabes? Y eso importa mucho más.

Pasamos un rato hablando sobre todo y nada  como dos personas enamoradas y despreocupadas. Pero, la realidad se interpone y yo tengo que regresar a mi casa.


Cuando llego a mi casa mis padres han llegado, subo corriendo a mi cuarto y me encuentro con mi madre, que por lo que veo lleva mucho esperando.

—¿Dónde estabas Ana?

Mierda.

—Oh, bueno ya sabes salí a tomar aire.

—¿En serio? ¿Tomar aire?

—Si mamá, sabes que siempre lo hago.

—Si, claro—Se pone de pie y se acerca lentamente a mi—¿Sabes? Grace y yo nos reunimos hoy porque se nos ocurrió que sería una buena idea ir personalmente a ver a las persona menos afortunadas.

—Eso es muy bueno mamá, me alegro que te interese ayudar a las personas.

—Por supuesto, pero justamente cuando estábamos saliendo creí haberte visto. Fue muy raro, ya que mi hija no acostumbra a tomar aire en lugares así— Creo que me he puesto pálida, mi madre no pudo habernos visto. Joder.

—Mamá, no s...

—Deja que termine de hablar, Anastasia, así que llame a casa preguntando por ti, me dijeron que hace poco habías salido. Me acerqué un poco más y vi a Susan, para mi grata sorpresa vi a un hombre muy corriente y vulgar besándote y abrazándote como si fueran novios.

—Mamá puedo explicarlo.

—No lo dudo Ana, eres buena mintiendo.

—Mamá, por favor deja que te diga que pasó.

—Lo único bueno fue que Grace no te vio, imagínate los Steele emparentados con gente así ¡Que horror!

—¿Es eso? ¿Es el maldito apellido lo que importa? Mamá, José es un buen hombre.

—¡Por dios Ana! Escúchate, nuestra familia tiene prestigio y ese prestigio no lo puedes tirar al carajo con tus estupideces por un hombre que probablemente no tiene en que caerse muerto.

—Escuchate tú, mamá.

—He vivido lo suficiente como para saber lo que es bueno y malo en la vida de mi única hija— Me da una mirada llena de furia y sale de mi habitación. Empiezo a llorar no se que hacer. José es lo que quiero y por el haré lo que sea.

Yo te amaréHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora