Capítulo 19.

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Anastasia.


Termino de prepararle la cena a Christian, y me voy a su oficina, debe estar hambriento. Ciertamente dormimos mucho y después de nuestro primer encuentro me he quedado hambrienta. He tenido sexo. ¡Caramba! Aún no me lo creo. Tengo un poco de dolor ahí, quiero suponer que con un poco más de práctica desaparecerá. -Y tú que tenías miedo del sexo, ahora quieres repetirlo-. Me ruborizo un poco, ¿está mal que quiera repetirlo? No, ó ¿Sí? Ha sido una gran experiencia, como de un momento a otro puedes perderte y sentirte plena, feliz, relajada.


Entro en la oficina de Christian y está recostado en su silla: con una enorme sonrisa; se ve lindo con su cabello alborotado, mostrando sus impresionantes músculos. Parece perdido en sus pensamientos porqué ni siquiera se da cuenta de mi presencia.


Le planto un pequeño beso en la nariz, responde dando una tímida sonrisa. -¡Dios santo! Nunca le había visto esa sonrisa... es encantadora-. ¿De dónde ha salido ese pensamiento? Es Christian. No puedo pensar en él de esa forma.


-La cena esta lista, Sr. Grey-. Le digo con una sonrisa y sujeto su mano para tratar de hacer que se levante, como era de esperarse fallo -¡Oh! Vamos Christian, me muero de hambre-.


Después de una reprimenda de su parte, de darme cuenta que es un enojón y otro beso en su nariz se decide en darme la razón e ir a cenar.


Me levanto de su regazo, y Christian va por detrás de mí.


Siento un palmazo en el trasero, sale un pequeño grito de mis labios.


Volteo a ver a Christian -Eso dolió- Trato de reprenderlo y golpeo su pecho. Se ríe secamente y me toma entre sus brazos, chillo por su osadía. Nunca lo había hecho, ni siquiera cuando éramos novios. -¡Bájame!-. Intento poner mala cara pero mi risa comienza a emerger de mi garganta.


Es increíble.


Comienza a reírse conmigo, vamos a la cocina dando vueltas y los gestos que hace Christian provocan que no pare de reír. Me coloca sobre un taburete; me observa por un momento que es como si fuera una eternidad por la intensidad que despliega en su mirada. Es cautivadora.


Y viene de Christian. ¡Demonios, no!


Trata de besarme y aparto mi rostro haciendo que sus labios toquen en mi mejilla. No puedo aceptarlo, lo tengo claro. Fue sexo, es sexo y será siempre el sexo lo único que nos una.


-Puedes empezar a cenar, yo cenaré en mi habitación-. Tengo que recordarle que no somos nada. Tomo el plato y camino a la habitación de arriba.


La expresión que tiene en su encantador rostro hace que me sienta cruel, es mejor así.


Cuando llego a la habitación oigo el débil sonido de mi celular. Me había olvidado de el por completo. Es mi madre, ¡Ahí viene una regaño que no hace falta!


-Carla-. Digo con desdén.


-¡Anastasia Rose Steele! ¿Pensaste que no me daría cuenta de tu ausencia? Ni siquiera me informaste sobre tu decisión de irte y a tu padre sí, me tienes muy decepcionada Ana, pensé que te importaba un poco-. Que dramática es mi madre.

Yo te amaréHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora