Christian.
Despierto con una jodida resaca, siento que la cabeza me reventará en cualquier momento. Anoche pensé que el alcohol haría su trabajo ayudando a olvidar en vez de eso mis pensamientos se dirigieron a Anastasia, en todo sobre ella y lo ocurrido, no llegue a ninguna conclusión respecto a todo este asunto.
Me desplomo de la cama y emprendo el camino hacia el baño, espero que el agua fría calme mis pensamientos.
Son más de las diez de la mañana, no me apetece aparecer por la empresa con el estado de ánimo que tengo en este momento. Por lo pronto trabajaré desde aquí, sumergirme en el trabajo me mantendrá apartado de cualquier pensamiento sobre Ana.
He pasado las últimas ocho horas trabajando desde el estudio, fue un tanto terapéutico. La concentración depositada en alcanzar mis objetivos sobre la empresa, y no compadeciéndome buscando una solución a mi relación con Anastasia. ·¿Cuál relación, Grey?·
Ahora que pienso en ella me doy cuenta que no tuvo la decencia de venir a verme, y si es así veo que no le importa su padre en absoluto.
Un pequeño golpe se escucha detrás de la puerta seguido por un dulce rostro que se asoma con precaución. Hablando de la reina de Roma. Tan sólo quiero tomarla en mis brazos.
Sus ojos se muestras tenebrosos al entrar, camina con paso decidido hasta situarse delante del escritorio.
—No dije que entrarás, Anastasia—Sé que mi mirada dispara dardos a matar y ella lo sabe, se le ve avergonzada.
—Discúlpame, Christian, sólo quiero obtener esta conversación lo más rápido que pueda—Toma asiento y no aparta la vista de mi.
—¿Cuál es la prisa, nena? ¿Piensas que sólo vendrías, hablaríamos y te irías como si nada?—Se le endurece la mirada.
—No me iré. Vine con mis pertenencias— ¿Qué diablos? ¿Sus pertenencias? Me sorprende su declaración.
—¿Tus pertenencias?—Sonríe triunfal.
—Dijiste que me querías en tu cama día y noche, una dama como yo no puede llegar a altas horas de la noche a su casa— Se ruboriza un poco y muerde su labio.
—Así que consideraste mi forma pago—Mi voz sale un poco ronca. Quiero poseerla. Ahora
—No tenía opción,dinero no tengo, y si en mis manos esta evitar que mi padre se enteré de todo esto, lo aprovecharé— Esta mujer es exquisita, Grey. Lástima que no te quiere. —Sólo quiero que continúes con la pequeña mentira que le dije para que viniera a vivir contigo.
—¿Más mentiras? A estas alturas ya no me sorprende— Hace una mueca de desaprobación.
—Le dije que estaba perdidamente enamorada y no podía estar más tiempo alejada de ti, claro, tu y yo sabemos que no te quiero— Empuño las manos y tenso la mandíbula ¡Golpe bajo! No era necesario recordarlo.
—¡Vaya cinismo! ¿Dónde dejaste a la dama de sociedad? Sólo demuestras lo bajo que has caído— ¡Toma esa, Steele! Yo también puedo jugar. Esta furiosa.
—Como sea, quiero dejar las cosas claras: no puedes decirle a Ray sobre esto, te lo he dicho y te lo recuerdo; No me quedaré aquí todo el día, tengo que continuar con mi vida; No tenemos una relación novio/novia; Puedo irme cuando considere que te he pagado lo suficiente y no dormiremos en la misma cama juntos—¿Qué? Son tus reglas, Grey. Ella no esta en posición de exigir. En su comportamiento de mandona se ve caliente. Reprimo las ganas de tomarla encima del escritorio y hacer que se quede callada por un rato. ¿Mantenerla callada? Que grite tu nombre y se vuelva deseosa de ti.
Rio.
Rio alto y fuerte.
—Oh, Señorita Steele, no estas en posición de exigir nada. ¿Has comido?— Se ve pálida, quizá no ha comido nada.
—No tengo hambre, gracias— No aceptarás un no por respuesta.
—Vamos Anastasia, no te mataré de hambre. Tu padre confío en mi desde el primer momento y no voy a decepcionarlo independientemente de nuestros problemas— Me levanto del asiento y rodeo la mesa, extiendo mi mano para que la tome. Vacila un poco y la toma.
Nos dirigimos a la puerta. Huele, Grey ¿Hueles ese delicioso olor? Vainilla con toques de canela. Es Anastasia. Le doy la vuelta y la clavo con mi cadera en la puerta. Recorro con la mirada el camino de sus ojos a su boca. Esa boca, esos labios están más rojos que nunca. Tomo su rostro y la beso, me pierdo. Su manera sensual de besar lentamente y de forma inesperada se vuelve frenética, dura, exigente. Se aparta, respirando con dificultad.
Podríamos estar felices juntos, compartiendo mi casa como una pareja de verdad y no como obligación para ella. —Dame una oportunidad Anastasia— No mendigues amor.
—Vayamos a comer, Christian— Da la vuelta y sale.
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La cena transcurrió incómoda. No hablamos sólo cenamos.
Anastasia subió a ocupar la habitación de arriba No dormiran juntos ¿Qué te pasa? Son tus reglas ¿Qué eres? Un adolescente tonto y enamorado que lo perdona todo. Subo rápidamente las escaleras y me voy a la habitación que ocupa Ana, no llamo antes de entrar ·Es mi casa·
Esta inclinada sobre la cama dejando su increíble trasero cubierto de encaje al aire. Mis pantalones son molestos en este momento, quiero tomarla así, desde atrás. Su lindo cuerpo está envuelto por una diminuta pijama de satén. Me acerco a donde esta ella y la tomo por las caderas atreyendola hacia mi erección ·Perfecto· justo dónde quiero estar. Se incorpora de golpe, no hace esfuerzo por apartarse; respira con dificultad.
Reparto dulces besos desde su hombro, subiendo por su cuello hasta su mandíbula. Me detengo por más tiempo en el lóbulo de su oreja.
—Quiero que empieces a pagarme esta noche— Pongo mis manos en el dobladillo de su pijama y empiezo a subirlo de forma extremadamente lenta para mi gusto, tratando de tocar su piel sedosa.
—No Christian, hoy no por favor—Si, hoy si.
—Por qué no, Anastasia? Te deseo, te he deseado desde siempre y aunque no quieras tu cuerpo me pertenece—Susurro en la parte sensible de su oreja.
—No, por favor— Detengo mis manos justo en su cintura, le doy la vuelta y la empujo suavemente a la cama.
Subo encima de ella cubriendo su cuerpo. Nuestros labios sólo a centímetros. Con una mano exploro su cuerpo, llegando a uno de sus senos. Lo oprimo y con mi pulgar masajeo su pezón. Tan bien formado y se ajusta a mi mano, mi erección duele, quiero explotar dentro de ella. Escucho su sollozo.
Está llorando.
—Prometo que me entregaré a ti, Christian. Te ruego que esta noche no— Apenas y puede hablar entre lágrimas.
¿Qué estoy haciendo? No soy un violador. No merece que me preocupe por ella, pero, es desgarrador verla llorando por mi culpa.
La deseo y la necesito a mi lado, no quiero que tenga miedo de mi.
Reprimo la necedad de quedarme a su lado y consolarla y salgo de su habitación. ¿Te das cuenta? Un adolescente tonto y enamorado que perdona a la mujer que lo utilizó.
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En algún momento habrá un capítulo de sexo y he escrito uno y es un poco no lo sé ¿explícito? No es taan explícito, sólo que no encuentro la palabra correcta para describirlo Y tal vez no a todos les guste eso, así que hago la pregunta: ¿Cómo les gustaría leerlo? ¿Cómo salé de mi imaginación ó leve?
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Yo te amaré
Fiksi PenggemarAnastasia Steele deberá tomar una decisión acerca de lo que quiere y lo que le conviene con tal de proteger a las personas que ama.
