Capítulo 14

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Christian.

—¡Anastasia!
Deseo tanto estar dentro de ella, realmente lo deseo. Esta noche no, por mucho que ella este tan dispuesta. Déjala con deseo de ti, llegará el día en el que ella te buscará y voluntariamente se entregará.
Masajeo sus pechos ¡Por Dios! Son tan bien formados y sus pezones se endurecen contra mis pulgares.

Está excitada, no puede ocultarlo; la dejaré frustrada, será cuestión de días para que ella me busque e implore por liberación. Me pongo de pie. Su respiración entrecortada, sus pechos suben y bajan de manera errática y las pequeñas siluetas de sus pezones se asoman a través de la fina tela de satén. Quiero abalanzarme sobre ella.

—Tienes que descansar—Le sorprenden mis palabras al igual que a mi.

—Si, buenas noches—Brama y sale corriendo al piso de arriba.

¡Joder! Resiste, Grey. Tengo que acabar con mi propia excitación, ¡genial! teniendo a una mujer aquí prefiero masturbarme.
Recorro el camino a mi habitación, bajo mis pantalones y me siento en el borde de la cama. Cierro los ojos y obtengo la visión de su increíble trasero al aire apenas cubierto de encaje, comienzo a tocar mi erección; arriba y abajo como si fuera Anastasia la que lo hace. Sus pechos. Presiono mi pene un poco más ·Arriba y abajo. Imagina a Anastasia de rodillas tomándote por sorpresa, esos labios carnosos sobre ti, llevándo tu pene por completo a su boca como si fueras la única cosa de la que ella quiere disfrutar y sus preciosos ojos azules viéndote a través de sus largas pestañas. Aumentando el ritmo, dentro fuera; deteniendo su exquisita boca en la cabeza de tu pene aplicando un suave beso y probando lo que sale de ti. Su cara lo dice todo, le encanta lo que ha probado y va por más; se concentra en la punta de tu erección, lamiendo y envolviendo su lengua, mientras sus manos suben y bajan. En un arrebato de deseo quitas sus manos de ti, sólo quieres su boca, esa boca de donde han salido muchas mentiras; hacerla pagar, obtener placer y no palabras. Tomas sus cabeza entre tus manos, tus dedos enlazados con los suaves hilos de su cabello; marcas tu ritmo, te estas follando su boca hasta la garganta, y plácidamente la recibe una y otra vez. Alcanzo el clímax.

_____
La idea de ir a trabajar me resulta aburrida, teniendo a Ana conmigo puedo quedarme en casa y disfrutar de su compañía; le tengo una sorpresa. No te ilusiones, Grey. Lo de esta madrugada sigue rondando mi cabeza, y da una pequeña esperanza a mi relación con ella. El sexo será mi medio, cedió un poco, aceptó mi toque, mis besos y lo mejor es que lo inició.

Tomo la ducha, visto mi típico y monótono traje que grita CEO en todo su esplendor, y salgo a la isla de la cocina.

Ahí esta de pie la dulce y necesitada Anastasia dando su espalda a mi y hablando animadamente con la Sra. Jones; lleva un corto vestido blanco que deja ver la fina curva de sus nalgas y marca su pequeña cintura con el cabello recogido, exponiendo su cuello largo. Quiero pasar mi lengua por el.
Beso su nuca e inmediatamente se queda callada, la Sra. Jones se vuelve, me da un asentamiento y sirve el desayuno retirándose.

Sigo detrás de Anastasia, no la toco, pero se que puede sentir el calor que emana mi cuerpo.

Da la vuelta encarandome y se recarga en el desayunador, su maquillaje tan sutil la hace ver preciosa, y ese jodido vestido acentúa sus pechos; es como si los ofreciera y no se da cuenta de ello.

—Buenos días, Anastasia— Quiero mantener la conversación de lo más normal —¿Cómo amaneciste?— Dime que loca de deseo por mi.
Tiene un pequeña sonrisa mordiendo su labio. Joder, su labio.

Tomo la parte de atrás de sus muslos y la subo a la tabla, moviendo el desayuno a un lado para darnos suficiente espacio. La obligo a abrir las piernas cuando me coloco entre ellas, su corto vestido se sube y estoy a nada de ver sus bragas. Jadea cuando la acerco a mi cuerpo, mis manos acaparan su espalda buscando el cierre del vestido; sus pupilas están dilatadas, el negro cubriendo el azul. Encuentro el cierre y lo bajo, tomando el vestido de sus hombros; recibiendo una pequeña vista de su sostén con encaje blanco ¡Encaje! Nada más erótico que una mujer en encaje. Puedo ver sus pezones ¡Mierda! Seré yo el que termine buscándola. Son de color rosa y con casi nada de toque ya están dispuestos esperando por mi, beso sus pechos por encima del sostén, subo por su cuello y llego a sus labios; envuelve sus piernas alrededor de mi y jala de mi corbata, gimo en su boca y mordisqueo su labio inferior.

—El desayuno se enfría— Digo con tranquilidad fingida. Coloco su vestido en su lugar y la ayudo a bajar, tiene el rostro ruborizado y creo ver un atisbo de vergüenza en sus ojos.

—Se me ha quitado el hambre— Susurra con voz temblorosa.

—Anastasia, no discutiremos sobre la comida—De mala gana se sube a un taburete y come en silencio fijando la vista en su plato.
La imito. —Tenía pensado que quizá te gustaría visitar una empresa que quiero adquirir.

—Oh no, Christian, no se nada sobre empresas y esas cosas— Tiene una expresión triste. ¿Qué mierda hago?

—Esta señorita Steele, le va encantar. Es una editorial—Su expresión vuelve a la vida y me regala una enorme sonrisa.

—No sé si sea correcto—Si que cambia de humor. Se encoje de hombros.

—¿Por qué no lo sería?

—Por nuestra 'relación'— Acentúa la palabra relación entre comillas con sus manos.

—Nuestra 'relación' no ha cambiado mucho Anastasia, y recuerdo que dijiste que siempre te interesó el mundo editorial. Quiero complacerte—De todas las maneras posibles. ·Tonto y cursi, Grey·

—Gracias—Toma mi mano y le da un pequeño apretón.

—Termina el desayuno y vamos a verla—Da pequeños aplausos, mantenimiento la sonrisa en sus labios.

El sexo puede esperar.
No mucho, pero puede esperar.

Yo te amaréHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora